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Columna de Opinión

Chile tiene una oportunidad logística que no puede dejar pasar

Felipe Manterola, cofundador de Wherex.

Felipe Manterola, cofundador de Wherex y director ejecutivo de Procure Latam, quien analiza el potencial de Chile para consolidarse como un hub logístico estratégico y los desafíos para aprovechar las oportunidades que ofrece el Corredor Bioceánico, la infraestructura y la digitalización.

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En un escenario internacional donde las empresas buscan cadenas de suministro más resilientes, diversificadas y eficientes, Chile tiene una oportunidad que va mucho más allá de su ubicación geográfica. El reciente análisis de Verisk Maplecroft, que posiciona a nuestro país como una de las alternativas de menor riesgo en la costa pacífica de América Latina, confirma las fortalezas que debemos saber aprovechar: estabilidad regulatoria, apertura comercial y una conexión privilegiada con el Asia-Pacífico.

Estas condiciones nos entregan una base sólida para atraer nuevas inversiones logísticas e industriales. Sin embargo, el desafío ahora es transformar esa ventaja en mayor competitividad, para lo cual, debemos entender la logística como un ecosistema en el que infraestructura, tecnología, proveedores y empresas deben avanzar de manera coordinada.

Esta oportunidad cobra especial relevancia con el desarrollo del Corredor Bioceánico, que permitirá conectar Brasil, Paraguay y Argentina con los puertos del norte de Chile. Los nuevos flujos de carga pueden beneficiar no solo a la minería, sino también a sectores como la agroindustria, la salmonicultura, la vitivinicultura y la actividad forestal. Para capturar ese potencial necesitamos prepararnos desde ahora.

Esto implica abordar brechas concretas. La saturación portuaria y los extensos procesos de permisología pueden transformarse en cuellos de botella si no actuamos oportunamente. Acelerar las licitaciones y las inversiones en infraestructura, entregar claridad sobre las futuras capacidades portuarias y simplificar la tramitación de nuevos proyectos, manteniendo los estándares ambientales, son medidas que pueden marcar una diferencia.

Pero la competitividad logística no depende únicamente de cuántos contenedores podemos mover. Igualmente, depende de qué tan eficientemente somos capaces de gestionar aquello que ocurre antes y después de que una carga llegue al puerto. En este ámbito, la tecnología tiene un rol fundamental. Digitalizar los procesos de compra y abastecimiento permite ampliar el acceso a proveedores, generar mayor transparencia, contar con información para tomar mejores decisiones y responder con mayor agilidad ante cambios en la demanda.

Por otro lado, esta transformación puede abrir nuevas oportunidades para las pequeñas y medianas empresas, integrándolas a cadenas de suministro más grandes y competitivas. Una cadena resiliente requiere infraestructura, además de información, colaboración y mercados donde compradores y proveedores conecten de manera eficiente.

Chile, por tanto, no debiera conformarse con ser un punto estratégico de entrada y salida de mercancías. Tenemos las condiciones para aspirar a algo más: consolidarnos como un hub logístico inteligente, capaz de combinar nuestra posición frente al Pacífico con infraestructura moderna, tecnología y un ecosistema de abastecimiento cada vez más eficiente.