Logística y Distribución
Corredores bioceánicos: coordinación y resiliencia definen su viabilidad
La integración de infraestructura, demanda y coordinación entre los diferentes países aparece como un factor determinante para que los corredores bioceánicos logren consolidarse como reales alternativas logísticas.
La consolidación de corredores bioceánicos en América Latina enfrenta un desafío que va mucho más allá de la construcción de carreteras, puertos o pasos fronterizos. La existencia de infraestructura es solo uno de los componentes de estas rutas, que requieren coordinación entre países, demanda suficiente en ambos sentidos y capacidad para responder ante interrupciones que puedan afectar la continuidad de las cadenas logísticas.
En este escenario, el profesor Ricardo Palma, académico de la Universidad de Cuyo en Mendoza y vinculado a la formación de posgrado en logística y especialista en gestión de catástrofes, planteó que uno de los principales obstáculos para materializar estas iniciativas es la dificultad de coordinar los intereses de los distintos territorios involucrados.
Durante una exposición centrada en los desafíos de los corredores logísticos, Palma destacó la necesidad de reemplazar una mirada individual por una lógica de cooperación entre los actores que forman parte de una misma cadena. “Creo que la forma de enfrentar los desafíos climáticos, geopolíticos, sociales y ambientales que vivimos es hacerlo todos juntos”, señaló.
El académico utilizó el concepto de “yo” versus “nosotros” para explicar las dificultades que históricamente han enfrentado este tipo de iniciativas en América Latina. Según relató, estudios realizados por el profesor peruano Alberto Triubal Jandavaca identifican más de 20 razones que explicarían por qué distintos corredores de la región no han logrado operar plenamente.
“Hay más de 20 motivos que él argumenta y que han sido la causa de que no estén operativos, esto ha sido justamente el hecho de utilizar el yo antes que el nosotros”, afirmó Palma. A su juicio, las disputas entre territorios pueden terminar debilitando proyectos cuya lógica requiere precisamente integración. “Cuando hablas con cualquier alcalde de Argentina, va a decir el corredor bioceánico pasa por mi pueblo y no por el de al lado”, comentó.
El especialista también abordó la competencia entre terminales portuarios y su impacto sobre la configuración de corredores internacionales. En particular, planteó que las discusiones entre San Antonio y Valparaíso representan una expresión de una problemática que puede dificultar una visión integrada de la infraestructura logística.
Frente a este escenario, el académico destacó que no todos los corredores presentan las mismas condiciones de demanda. A su juicio, una de las ventajas del corredor que conecta la zona de los Andes con Mendoza y Argentina es la existencia de flujos en ambos sentidos, lo que permitiría compensar costos y mejorar las condiciones para su operación.
“La principal razón por la que este corredor prevalece sobre otros es porque hay flujos de ida y flujos de vuelta. Se compensan los costos al existir demanda y oferta de ambos lados del corredor”, explicó.
Métricas e indicadores en función de los corredores
La evaluación de estas alternativas requiere además establecer métricas que permitan comparar corredores considerando variables que van más allá del volumen de carga. Entre ellas mencionó productividad, velocidad de los procesos, capacidad de respuesta frente a interrupciones y resiliencia de los sistemas logísticos.
En su exposición, explicó que los indicadores vinculados al tiempo pueden entregar una lectura particularmente relevante para la logística. “La logística siempre ha tratado de construir indicadores que trabajan con el concepto de flujos. Un flujo es una cantidad dividida el tiempo”, indicó.
El tiempo adquiere todavía mayor relevancia cuando se analizan escenarios de interrupción. Palma sostuvo que la capacidad de recuperación de una cadena frente a eventos disruptivos debe incorporarse en la evaluación de los corredores, especialmente considerando un escenario internacional marcado por conflictos geopolíticos, eventos climáticos y alteraciones en las cadenas de suministro.
“En realidad lo que se contempla ahí es el tiempo que tarda en volver el sistema a su operación normal”, explicó al referirse al indicador de resiliencia. A esto agregó que la preparación previa constituye uno de los elementos que más contribuyen a la flexibilidad de los sistemas logísticos.
En este punto, el académico destacó el valor de los ejercicios de preparación, simulaciones y mecanismos que permitan anticipar escenarios de interrupción. “Todas las actividades que nosotros hagamos de simulacros, actividades en las que uno confronte a las personas en un ámbito donde sin exponerlos al riesgo los hace vivir la sensación de estar pasando por una situación imprevista, es un potenciador de la flexibilidad”, sostuvo.
La infraestructura crítica también ocupó un lugar relevante en la exposición. Palma planteó que los corredores bioceánicos deben analizarse considerando la vulnerabilidad de los distintos componentes que permiten su funcionamiento, desde pasos fronterizos y puentes hasta sistemas de comunicaciones y otros servicios esenciales.
Finalmente, el académico vinculó el desarrollo de estos corredores con los cambios que están experimentando las cadenas globales de suministro. El avance del nearshoring, la búsqueda de mayor resiliencia y la necesidad de reducir vulnerabilidades abren oportunidades para América Latina, pero también exigen que los países de la región desarrollen una estrategia coordinada para aprovecharlas.
En ese escenario, Palma planteó que la construcción de infraestructura no debe evaluarse únicamente por su costo inicial, sino por el impacto que puede generar sobre la productividad de los territorios conectados. “Y este es el factor tal vez más importante que decide la vida o la muerte de un corredor bioceánico”, concluyó al referirse a la capacidad de generar actividad y recuperar posteriormente la inversión realizada.