Comercio Internacional
ART con EE.UU.: economistas analizan riesgos y oportunidades para Chile
Los economistas Antonio Espinoza y René Fernández analizan los alcances del eventual Acuerdo de Comercio Recíproco (ART) entre Chile y Estados Unidos, sus oportunidades para recuperar competitividad exportadora y los riesgos asociados a las condiciones que Washington podría exigir a cambio de mayores exenciones arancelarias.
La negociación comercial entre Chile y Estados Unidos plantea un desafío que va más allá de reducir los aranceles aplicados a los productos nacionales. El eventual Acuerdo de Comercio Recíproco (ART) debe evaluarse considerando tanto las oportunidades de acceso al mercado estadounidense como las obligaciones que podría asumir Chile a cambio de mejores condiciones comerciales. El alcance de ese intercambio es uno de los puntos centrales para determinar sus efectos de largo plazo.
El Gobierno chileno ha buscado ampliar la lista de productos excluidos del recargo arancelario estadounidense de 12,5%. Según los antecedentes divulgados por la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (SUBREI) en agosto, un 53,6% del valor de las exportaciones chilenas a ese mercado quedaba excluido de la sobretasa, mientras que un 40,3% estaba afectado. Entre los sectores expuestos figuran productos del mar, frutas, vinos y otros bienes agroalimentarios. En octubre, la subsecretaria Paula Estévez reiteró que las conversaciones apuntan a aumentar la proporción de productos exentos.
Para René Fernández, economista y académico de la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago, el punto de partida debe ser el Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente entre ambos países. “Chile cuenta con un TLC con Estados Unidos que constituye un activo estratégico de nuestra política comercial. El problema consiste en que las nuevas sobretasas estadounidenses están tensionando las condiciones de acceso que Chile había consolidado durante más de dos décadas. El desafío del ART es no debilitar la seguridad jurídica ni las preferencias comerciales con las que ya contamos”, sostuvo.
El especialista distingue entre la vigencia legal del tratado y sus resultados económicos, y explicó que “una distinción de relevancia debe hacerse entre la vigencia jurídica del TLC y su efectividad económica. En ese sentido, un tratado puede mantenerse formalmente vigente y, aun así, perder parte de su valor ante nuevas medidas arancelarias que encarecen las exportaciones”. El ART, por tanto, debe examinarse en relación con las condiciones comerciales existentes y no como si Chile comenzara desde cero su relación con Estados Unidos.
La sobretasa tiene consecuencias distintas según el producto y la capacidad de cada empresa para absorber mayores costos. Fernández advierte que “el resultado de la negociación tendrá un efecto directo sobre la competitividad-precio de nuestras exportaciones. Una sobretasa del 12,5% aunque puede parecer un porcentaje acotado, en sectores con márgenes estrechos puede determinar si un exportador mantiene su participación de mercado, reduce sus precios o pierde frente a competidores que enfrentan mejores condiciones arancelarias”.
Ampliar las exenciones podría aliviar esa presión sobre las empresas exportadoras. Fernández sostiene que “el beneficio no se limita al valor exportado, también puede proteger empleo, inversión y encadenamientos productivos en las regiones”. El salmón es uno de los sectores que destaca por su exposición al mercado estadounidense y según el economista, “Estados Unidos constituye un mercado fundamental para la industria chilena, lo que otorga al país argumentos económicos para negociar exenciones basadas en la importancia de su oferta para el propio mercado norteamericano”. La priorización de productos debería considerar dónde el recargo amenaza con destruir más valor agregado y empleo.
Sin embargo, el análisis del ART no puede limitarse al número de productos que consigan una exención. Fernández plantea que “el ART debe evaluarse tanto por los aranceles que logre reducir como por las obligaciones que Chile podría asumir”. A su juicio, una mejora inmediata en el acceso comercial puede implicar compromisos regulatorios con efectos posteriores ya que “toda concesión tiene un costo de oportunidad, el beneficio inmediato de acceder a un mercado puede venir acompañado de compromisos regulatorios que condicionen nuestras decisiones futuras”.
La asimetría entre ambos países también influye en el resultado potencial. Estados Unidos cuenta con un mercado de gran tamaño y una capacidad de negociación superior, por lo que Fernández advierte sobre el riesgo de aceptar compromisos desproporcionados en materias como inversiones, regulación, compras públicas o apertura comercial. Aunque un acuerdo podría favorecer nuevas inversiones y una mayor participación chilena en cadenas de suministro relevantes para la economía estadounidense, su evaluación debe incluir los costos y las restricciones que eventualmente establezca.
La delicada variable del trabajo forzoso
Antonio Espinoza, investigador del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC UDP), explica que “el Acuerdo de Comercio Recíproco no reemplaza el Tratado de Libre Comercio vigente entre ambos países. Es más bien un acuerdo paralelo no convencional, con el cual Estados Unidos busca que el comercio con Chile sea ‘recíproco’, donde el término recíproco se usa de forma amplia y puede significar varias cosas”. Esta distinción es relevante porque el nuevo instrumento podría incorporar materias que excedan las rebajas arancelarias.
Los acuerdos alcanzados por Estados Unidos con Argentina, El Salvador y Ecuador permiten observar ese alcance. Según Espinoza, los compromisos han combinado preferencias arancelarias con medidas relacionadas con apertura comercial, comercio digital, propiedad intelectual y seguridad económica. En el caso argentino, por ejemplo, las ventajas de acceso para determinados productos se vincularon con compromisos adicionales. Estos antecedentes muestran que el ART no necesariamente consiste en un intercambio limitado a reducir los gravámenes de cada parte, aunque las condiciones de cada país son diferentes.
Para Espinoza, Chile enfrenta una posición distinta de la de esos países y sostuvo que nuestro país “ya es abierto al comercio internacional y que cumple con altos estándares de seguridad en ese sentido, por lo que el espacio para demandas por parte de EE.UU. puede ser más acotado”. Esa condición podría limitar el margen para ofrecer nuevas concesiones en áreas donde la economía chilena ya cuenta con una amplia apertura. La cuestión es qué solicitará Washington y si las ventajas ofrecidas justificarán los compromisos que finalmente se negocien.
Uno de los posibles puntos de discusión son las restricciones a la importación de bienes elaborados con trabajo forzoso. Espinoza considera esperable que Estados Unidos plantee medidas de ese tipo, que podrían afectar productos como algodón, aluminio, artículos electrónicos y baterías de litio. El investigador advierte que una exigencia de esa naturaleza podría reducir las opciones de abastecimiento desde China y obligar a buscar proveedores alternativos, posiblemente más caros. Se trata de un escenario posible que dependerá de las condiciones que se acuerden; no corresponde presentarlo como una obligación ya aceptada por Chile.
Para las cadenas logísticas, cualquier cambio de esa naturaleza podría trasladarse a las decisiones de compra, la selección de proveedores, los contratos y la planificación de los embarques. Sustituir un origen de abastecimiento puede modificar precios, plazos de entrega y necesidades de inventario, además de exigir ajustes en la coordinación del transporte internacional. Por eso, el análisis del ART también debe considerar sus efectos sobre los importadores y las operaciones que conectan a Chile con sus principales socios comerciales, no solo el beneficio potencial para los exportadores.
La negociación tendrá que equilibrar las ventajas de recuperar competitividad en Estados Unidos con la protección de los intereses comerciales de largo plazo. Fernández resume ese criterio al señalar que “la mejor negociación no es la que consigue más exenciones hoy, sino la que mejora el acceso al mercado estadounidense sin comprometer innecesariamente la autonomía económica de Chile mañana”. Mientras no se conozcan las condiciones definitivas, el alcance del ART debe analizarse como una negociación en desarrollo y no como un acuerdo cerrado.
"Se debe negociar con pragmatismo, pero también con visión estratégica. El objetivo no puede ser únicamente reducir una sobretasa sino que debe buscar preservar las ventajas del TLC, recuperar la competitividad exportadora y generar condiciones estables para la inversión y el empleo. En comercio internacional, no basta con abrir mercados, es necesario asegurar que las condiciones de acceso sean previsibles, sostenibles y económicamente convenientes para el país", concluyó Fernández.