Logística y Distribución
Salmón, fruta y madera: la apuesta del Biobío para ganar competitividad
La región busca integrar las cadenas exportadoras agrícolas, forestales y salmoneras mediante una mayor coordinación logística, más frecuencia de servicios marítimos y un mejor aprovechamiento de la infraestructura portuaria y ferroviaria.
El desafío logístico del Biobío no se limita a responder solamente a los requerimientos de una industria como la salmonicultura. La región también concentra una parte importante de las exportaciones forestales chilenas y mantiene importantes vínculos con cadenas agrícolas que necesitan conexiones eficientes entre las zonas productivas, los terminales portuarios y los mercados internacionales.
Las estadísticas señalan que, durante el año 2026, el Biobío concentró el 53,9% del volumen total exportado de salmón, según las cifras sectoriales consideradas para este período. La participación regional pone de relieve la importancia de los servicios marítimos, la infraestructura portuaria y el transporte terrestre para una industria que debe mantener la continuidad de sus despachos y, especialmente en los productos frescos, preservar la cadena de frío.
La fruticultura también aporta lo suyo. De acuerdo con la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), Chile exportó US$9.300 millones FOB en fruta durante la temporada 2025/26, entre septiembre de 2025 y julio de 2026, un aumento de 4,5% respecto del período comparable anterior. La fruta fresca representó US$6.350 millones, aunque su valor cayó 1,8% y el volumen retrocedió 0,9%. En contraste, los frutos secos sumaron US$1.160 millones, con alzas de 49,1% en valor y 39% en volumen.
La evolución por categoría muestra que las necesidades logísticas no son uniformes. La fruta fresca requiere coordinación entre cosecha, embalaje, transporte y embarque, mientras los frutos secos, congelados y procesados responden a condiciones diferentes de conservación y almacenamiento. Para la cadena exportadora, la disponibilidad de contenedores y la frecuencia de las conexiones marítimas inciden en la planificación de los despachos y el acceso a los destinos comerciales. Las cifras de ODEPA corresponden al conjunto nacional y no deben interpretarse como volúmenes movilizados por los puertos del Biobío.
En tanto, en el sector forestal los registros del Instituto Forestal (INFOR) sitúan las exportaciones chilenas en US$3.696,6 millones FOB entre enero y agosto de 2026. El indicador comprende distintos productos como celulosa, madera aserrada, tableros y molduras. La diversidad de cargas obliga a considerar requerimientos específicos de transporte, almacenamiento y manipulación.
Por otra parte, el Biobío tiene una participación relevante en varios de estos rubros ya que durante 2025 la región registró exportaciones silvoagropecuarias por US$3.045,9 millones, de las cuales US$1.430,1 millones correspondieron a celulosa, US$679,3 millones a maderas elaboradas y US$524,4 millones a maderas aserradas, según antecedentes regionales de ODEPA.
La concentración de estas actividades explica el interés por coordinar inversiones y servicios entre los distintos sectores productivos. Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, planteó que el volumen de carga es determinante para ampliar la oferta de transporte marítimo desde la región.
“Lo más crítico es volumen y frecuencia de barcos. Si logramos concentrar una mayor cantidad de productos agrícolas en Biobío, podemos aumentar la frecuencia y mejorar nuestra competitividad para llegar a los mercados. Todo se está dando para que Biobío se consolide como el hub logístico de la agricultura chilena”, sostuvo.
Desde la industria forestal, Rodrigo O’Ryan, presidente de CORMA, puso el acento en la planificación de la infraestructura y su relación con las decisiones de inversión. “Hay que crear una hoja de ruta integral entre todos y de largo plazo. No podemos ir siempre detrás de las necesidades; tenemos que acompañar la inversión y la tecnología de acuerdo con lo que realmente se requiere”, señaló. Su planteamiento incorpora una dimensión de largo plazo: anticipar la demanda de transporte y capacidad portuaria antes de que el crecimiento de las actividades productivas genere nuevas restricciones operacionales.
La búsqueda de alternativas también incluye la combinación de modos de transporte. Este año, EFE impulsó un piloto que conectó Frutillar con San Vicente Terminal Internacional mediante una operación bimodal, con 15 contenedores refrigerados trasladados por tren y camión hasta el terminal portuario. La experiencia permitió probar una fórmula de coordinación entre productores, operadores logísticos y empresas de transporte.
Ignacio Véjar, Control & Performance Manager de Sodimac, agregó que la articulación entre importadores y exportadores puede contribuir a utilizar mejor los contenedores disponibles y reducir movimientos ineficientes: “Si logramos impulsar estas sinergias entre quienes necesitan exportar y quienes movilizamos carga de importación, podemos empujar de manera importante la eficiencia logística”.
Por esa razón, durante el Encuentro Biobío Hub Logístico, varias de las intervenciones de representantes de la salmonicultura, la agricultura, el sector forestal y la logística convergieron en la necesidad de mejorar la coordinación de la cadena. Los datos nacionales de fruta y productos forestales muestran la escala económica de ambas actividades, mientras las cifras regionales permiten identificar el peso de la celulosa y la madera en la estructura exportadora del Biobío.
El siguiente paso para dimensionar el potencial de la región consiste en establecer cuánto de esa carga se embarca efectivamente por sus terminales y qué capacidad existe para integrar nuevos volúmenes. La frecuencia naviera, la conectividad terrestre y la planificación de inversiones aparecen como variables centrales para evaluar el desarrollo del Biobío como plataforma logística del centro-sur de Chile.