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Comercio Internacional

El Niño: economistas lo definen como "una variable macroeconómica"

“El clima dejó de ser solo un tema ambiental y pasó a ser un tema de caja”.

Los economistas Víctor Silva, de la Universidad de Santiago, y Juan Ortiz, del OCEC UDP, analizan con Agenda Logística los riesgos del fenómeno para los precios internacionales, el transporte marítimo y las cadenas de suministro, además de sus posibles efectos en Chile durante 2026 y 2027.

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El pronóstico de un episodio de El Niño de intensidad histórica para 2026-2027 abre interrogantes sobre la producción de materias primas, los precios internacionales y la operación de rutas estratégicas para el comercio mundial. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó, en su actualización del 8 de octubre, una probabilidad de 83% de que el fenómeno alcance una intensidad histórica entre octubre y diciembre de 2026. La cifra corresponde a una proyección, no a la confirmación de un evento.

En tanto, un informe de Allianz Trade advierte que las consecuencias podrían extenderse desde la agricultura hacia la inflación, los flujos comerciales y los resultados empresariales. El documento recoge estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) según las cuales un episodio típico de El Niño eleva cerca de 5% los precios mundiales de los alimentos durante el año siguiente. También menciona estudios que calculan pérdidas acumuladas de ingresos globales de US$4,1 billones tras el episodio de 1982-1983 y de US$5,7 billones después del registrado en 1997-1998, considerando los cinco años posteriores a cada evento.

Víctor Silva, economista de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, plantea que el fenómeno debe incorporarse al análisis económico. “El Niño dejó de ser un tema del pronóstico del tiempo y hoy es una variable macroeconómica”, sostiene. Los efectos sobre las cosechas, la disponibilidad de materias primas y los precios internacionales pueden prolongarse más allá del período de mayor intensidad climática.

Las proyecciones de Citi citadas por Silva anticipan que el mercado mundial del azúcar pasaría de un superávit de 4,2 millones de toneladas a un déficit de 3,1 millones en la temporada 2026-2027, con un posible aumento de 25% en los precios. El economista también apunta a las alzas del cacao y a las presiones sobre el arroz y el aceite de palma. “Lo más relevante es que el impacto no es inmediato. En productos como el azúcar o el aceite de palma, la menor oferta se siente con fuerza al año siguiente del peak del fenómeno, de modo que buena parte de la cuenta se pagará en 2027”, señala.

La exposición varía según la región y el producto. Allianz Trade identifica riesgos para la producción asiática de arroz, azúcar, aceite de palma, café robusta y cacao debido a posibles sequías. En partes de Brasil y Argentina, en cambio, las condiciones podrían favorecer las cosechas de soya y maíz, con efectos bajistas sobre sus precios internacionales. En ese escenario, una mayor producción no garantiza mejores ingresos para los exportadores sudamericanos: el resultado dependerá también de la evolución de los precios y de la demanda.

El Canal de Panamá y los costos de transporte

La situación del Canal de Panamá ilustra cómo la falta de agua puede afectar las cadenas de suministro sin llegar a interrumpir por completo el tránsito. Durante la sequía de 2023-2024, la autoridad canalera restringió los cruces y el calado de los buques. Un análisis de BNP Paribas publicado el 30 de septiembre advirtió sobre nuevas limitaciones durante 2026, tras las restricciones aplicadas en septiembre, y anticipó ajustes adicionales para octubre.

Silva señala que la reducción de la capacidad de carga puede encarecer el transporte incluso cuando la ruta permanece operativa. “El resultado es que los barcos siguen pasando, pero con menos carga, y eso encarece cada contenedor transportado”, explica. A ese efecto se suman las posibles esperas y modificaciones de itinerarios, que alteran los plazos de entrega y la planificación de inventarios.

La respuesta de los gobiernos también puede repercutir en el comercio. Ante una menor disponibilidad de alimentos, algunos países recurren a restricciones a las exportaciones, acumulación de inventarios o controles de precios. Silva advierte que estas decisiones pueden profundizar las tensiones de abastecimiento. “En síntesis, el comercio mundial está mejor preparado en lo operativo que hace tres años, pero sigue siendo frágil frente a la volatilidad de precios y la incertidumbre regulatoria”, sostiene.

Juan Ortiz, economista sénior del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC UDP), sitúa los efectos comerciales en dos frentes: la producción y el transporte. “En la medida que ese tipo de fenómeno tenga una repercusión en cuanto a cierto tipo de sectores de la economía, eso tiene implicaciones en cuanto al comercio internacional, principalmente en el componente de alimentos”, señala.

Las pérdidas de producción agrícola o pesquera pueden reducir la oferta exportable y presionar los precios. Las dificultades en las rutas marítimas, por su parte, elevan los costos de traslado y pueden extender los tiempos de tránsito. La combinación afecta tanto a los países que venden esos productos como a los que dependen de su importación.

Chile: exposición productiva y logística

Para Chile, S&P Global Market Intelligence proyecta un impacto que podría intensificarse en 2027. En su escenario más severo, el crecimiento del PIB real sería 0,10 puntos porcentuales menor en 2026 y 0,80 puntos inferior en 2027 respecto de la línea base. El análisis identifica riesgos para la minería del cobre ante precipitaciones intensas en los Andes del norte, que podrían dificultar el acceso a faenas a cielo abierto, dañar infraestructura y afectar las rutas utilizadas para movilizar insumos y producción. También advierte sobre posibles efectos en la pesca debido al calentamiento de las aguas costeras y los cambios en la distribución de las especies.

El mismo ejercicio estima que la inflación anual chilena sería 0,32 puntos porcentuales mayor en 2026 y 0,29 puntos superior en 2027 frente al escenario base. Son diferencias proyectadas, no resultados confirmados: su magnitud dependerá de la intensidad y distribución del fenómeno, así como de la respuesta de los mercados y de la economía local. Para el país, los riesgos abarcan tanto la continuidad de las operaciones exportadoras como el costo de los bienes importados.

Ortiz subraya que las consecuencias pueden aparecer después del episodio climático. “Los impactos no son solamente instantáneos, sino que son impactos que tienen un componente rezagado”, afirma. Por eso, propone incorporar escenarios adversos en las decisiones de inversión y operación, tanto en el sector privado como en la infraestructura pública.

Entre las medidas que plantea figuran seguros frente a daños en cosechas, maquinaria e instalaciones, junto con obras públicas capaces de responder a eventos extremos. Silva, por su parte, apunta a diversificar proveedores, planificar inventarios y recurrir a instrumentos financieros que reduzcan la exposición a variaciones bruscas de precios.

Para las cadenas de suministro chilenas, la preparación pasa por identificar rutas alternativas, coordinar a puertos y transportistas y seguir la evolución de los mercados de materias primas. Estas medidas pueden reducir la vulnerabilidad operativa, aunque no neutralizan las consecuencias de un fenómeno de alcance global. Como resume Silva, “el clima dejó de ser solo un tema ambiental y pasó a ser un tema de caja”. La variable climática deberá formar parte de las decisiones de abastecimiento, transporte e inversión de las empresas expuestas al comercio exterior.