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Logística y Distribución

Siete claves para reducir consumo de diésel en el transporte de carga

La reducción del consumo adquiere relevancia como variable operacional.

Las alzas acumuladas durante los últimos meses elevan el gasto por viaje y obligan a las empresas a mirar con mayor detalle variables operacionales como rutas, conducción, mantenimiento y carga.

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El combustible volvió a ocupar un lugar relevante dentro de la estructura de costos del transporte de carga. Durante las últimas semanas, el precio del diésel ha registrado sucesivos incrementos, en un escenario marcado por el aumento del valor internacional del petróleo y de los productos refinados, además de un tipo de cambio elevado.

Los informes de precios de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) muestran alzas de $28,5 por litro a fines de julio, $97,4 en agosto y $89 en septiembre. En conjunto, estos tres ajustes representan un incremento de $214,9 por litro. El precio promedio informado alcanza actualmente los $1.413 por litro.

La presión sobre el transporte también puede observarse en una operación concreta. Un recorrido entre Santiago y Coquimbo, de aproximadamente 463 kilómetros por carretera, demandaría cerca de 185 litros de diésel considerando un rendimiento de referencia de 2,5 kilómetros por litro. Para un viaje de ida y vuelta, el desembolso en combustible llegaría a unos $524 mil, sin incluir peajes, remuneraciones, mantenciones ni otros costos asociados a la operación.

En términos comparativos, Chile se ubica en el puesto 13 entre 28 países de la OCDE, con un precio de combustible que representa un 34,7% en la comparación señalada. En Sudamérica, en tanto, aparece como el tercer país con el diésel más caro, detrás de Uruguay y Perú.

Frente a este escenario, la reducción del consumo adquiere relevancia como una variable operacional que puede gestionarse directamente dentro de las empresas. Alfredo Kameid, gerente general de Grupo Kameid, plantea que los resultados no necesariamente provienen de una única intervención. “Pequeñas mejoras repetidas en cada viaje pueden transformarse en ahorros significativos”, explica.

Una de las primeras variables está en la planificación. Definir las rutas antes de cada salida permite reducir kilómetros innecesarios, desvíos y recorridos por zonas con alta congestión. A esto se suma la coordinación de los horarios de carga y descarga, especialmente en operaciones donde las esperas prolongadas terminan afectando tanto la productividad del vehículo como su consumo.

El tiempo de ralentí constituye otro punto de atención. Mantener el motor encendido mientras el camión permanece detenido implica consumo de combustible sin que exista desplazamiento. La identificación de estos períodos mediante sistemas de monitoreo permite establecer dónde se producen y adoptar medidas para reducirlos.

La conducción también tiene un efecto directo sobre el gasto. Aceleraciones, frenadas bruscas y cambios innecesarios de velocidad pueden elevar el consumo, por lo que la capacitación de los conductores y el seguimiento de sus patrones de manejo se convierten en herramientas de gestión. En recorridos extensos, mantener una velocidad estable puede contribuir a una operación más eficiente.

El estado de los neumáticos es otra variable que requiere seguimiento. Una presión incorrecta o neumáticos en malas condiciones aumentan la resistencia al rodaje y pueden traducirse en un mayor consumo. Por ello, su revisión debe integrarse al mantenimiento preventivo habitual de la flota y no quedar restringida a situaciones de falla.

La misma lógica aplica al mantenimiento mecánico. Filtros, lubricantes, sistema de inyección, motor y otros componentes deben operar de acuerdo con las especificaciones del fabricante. Una falla que afecte el funcionamiento del vehículo puede incrementar el consumo y, simultáneamente, generar períodos de inactividad que reducen la disponibilidad de la flota.

El peso y la distribución de la carga completan otro de los factores que inciden en la eficiencia. Evitar sobrecargas y distribuir adecuadamente los productos permite mantener las condiciones de operación previstas para el vehículo, además de contribuir a una circulación más segura.

La tecnología permite reunir estas variables y convertirlas en información para la gestión. Sistemas de gestión de flota, telemetría y análisis de datos pueden entregar antecedentes sobre consumo, recorridos, velocidades, tiempos de detención y comportamiento de conducción. Con esa información, las empresas pueden identificar patrones y priorizar medidas según el impacto que tengan sobre cada operación.

Para Kameid, la clave está precisamente en observar el consumo como un indicador operacional y no únicamente como un gasto inevitable asociado al precio del combustible. La combinación de planificación, conducción eficiente, mantenimiento, control de carga y herramientas de monitoreo permite abordar distintos puntos de la operación de manera simultánea.

En un escenario donde el precio del diésel mantiene un peso significativo dentro de los costos del transporte, esas mejoras adquieren una dimensión económica concreta. El objetivo no pasa solo por consumir menos combustible, sino por reducir los litros utilizados por kilómetro y aumentar la eficiencia de cada viaje, especialmente en operaciones de larga distancia donde pequeñas diferencias acumuladas pueden representar montos relevantes al cierre del mes.