Entrevista
“Más que lamentarnos, debemos ocuparnos en hacer más eficiente la operación”
La gerente comercial de Empresas Perrot, Claudia Perrot, conversó con Agenda Logística y analizó las presiones sobre la rentabilidad del sector, las brechas de infraestructura en la Región de Valparaíso y la necesidad de integrar tecnología y servicios para mejorar la eficiencia logística.
La competitividad del transporte de carga ya no se juega únicamente en la disponibilidad de camiones o en las tarifas por viaje. La coordinación con puertos, la reducción de tiempos improductivos, la visibilidad de las mercancías y la capacidad de anticipar problemas de los clientes forman parte de una operación cada vez más exigente. Para Claudia Perrot, gerente comercial de Empresas Perrot, esa transformación resume buena parte de los desafíos que enfrenta una industria con márgenes estrechos y costos operacionales crecientes.
La compañía, fundada en Valparaíso hace 86 años, ha atravesado distintas etapas del desarrollo del comercio exterior chileno. Perrot, integrante de la tercera generación familiar, observa esa trayectoria como una referencia para adaptarse a las nuevas condiciones del mercado. “La esencia del transporte sigue siendo cumplirle al cliente, pero el entorno operativo es completamente distinto al de 1940”, afirma. En su diagnóstico, sostener la competitividad requiere combinar eficiencia, tecnología, sostenibilidad y una gestión profesional de las personas.
El combustible, los peajes, los seguros y el mantenimiento presionan la rentabilidad de las empresas transportistas. Trasladar esas alzas directamente a las tarifas tampoco constituye una solución sin consecuencias para el resto de la cadena. “Si trasladamos automáticamente cada alza a la tarifa final, terminamos restando competitividad a las exportaciones e importaciones del país”, advierte Perrot.
La respuesta, plantea, pasa por intervenir en los factores que encarecen innecesariamente cada operación. La gestión digital de flotas, la conducción eficiente y la reducción de los retornos en vacío pueden mejorar el aprovechamiento de los vehículos. También resulta determinante la coordinación con los generadores de carga para disminuir las esperas en los puntos de carga y descarga. “Más que lamentarnos, debemos ocuparnos en hacer más eficiente la operación”, sostiene.
En ese contexto, destaca el Código de Buenas Prácticas para el Transporte de Carga por Carretera, elaborado por el Comité de Logística de SOFOFA junto con gremios del transporte. La iniciativa busca establecer compromisos para transparentar las contrataciones, reducir los tiempos de espera y estandarizar procesos. Para Perrot, la eficiencia no depende exclusivamente de las decisiones del transportista: requiere acuerdos con los clientes y reglas de operación que permitan reducir pérdidas de tiempo y recursos a lo largo de la cadena.
La formalización es otro de los puntos que considera prioritarios. Frente a una eventual nueva Ley de Transporte de Carga, plantea que la regulación debe acompañarse de fiscalización efectiva y condiciones equivalentes para los distintos participantes. “No podemos seguir en un escenario donde unas pocas empresas formales asumimos todos los costos de cumplimiento normativo, laboral, tributario y de seguridad, mientras existe informalidad operando sin los mismos estándares”, señala. Entre los aspectos que propone abordar están los registros abiertos de transportistas, los controles de peso y las horas efectivas de conducción, sin multiplicar los trámites para quienes ya cumplen las exigencias.
Seguridad y conectividad portuaria
El robo de carga y la violencia en las carreteras han obligado a las empresas a reforzar sus medidas de protección. Según Perrot, la respuesta ha incluido inversiones en sistemas de rastreo GPS, monitoreo permanente y otras soluciones de seguridad. Sin embargo, considera que las herramientas individuales no bastan para enfrentar organizaciones delictivas que operan en rutas y accesos logísticos. “La seguridad requiere una coordinación público-privada sin trabas”, afirma.
Su propuesta contempla habilitar áreas seguras de descanso para conductores, concentrar la presencia policial en zonas de mayor riesgo e intercambiar información entre transportistas, terminales portuarios y policías. La ejecutiva advierte que el riesgo no puede convertirse en un costo permanente para el sector: además de las pérdidas materiales, los delitos pueden alterar itinerarios, comprometer los plazos de entrega y afectar la continuidad de las operaciones vinculadas al comercio exterior.
Desde su experiencia en Valparaíso, Perrot también identifica brechas en la infraestructura que conecta los terminales con las redes de transporte terrestre. Aunque reconoce avances en obras viales y herramientas de coordinación portuaria, estima que el crecimiento del comercio exterior ha superado el ritmo de desarrollo de algunas instalaciones. “Hoy existe un déficit claro de conectividad e infraestructura, particularmente en los accesos de última milla a los terminales, la capacidad de zonas de acopio y un desarrollo ferroviario que aún está lejos del potencial que debería tener para complementar al camión”, sostiene.
Para la ejecutiva, mejorar la competitividad portuaria de la región exige avanzar en los proyectos de infraestructura pendientes e incorporar el ferrocarril de manera efectiva al movimiento de contenedores. La coordinación entre los distintos modos de transporte permitiría distribuir mejor los flujos de carga y reducir la presión sobre los accesos viales. El desafío, desde su perspectiva, consiste en que las conexiones terrestres y ferroviarias respondan a las necesidades de los terminales y de las empresas que movilizan mercancías.
De transportista a socio logístico
La estrategia empresarial también considera ampliar los servicios mediante alianzas con otros participantes de la cadena. Entre los hitos recientes, Claudia Perrot destaca los acuerdos con empresas de freight forwarding y compañías chilenas de distribución, orientados a cubrir más etapas de la operación logística. La intención es que el cliente pueda coordinar distintas necesidades a través de una red de colaboradores, en lugar de gestionar cada servicio de manera aislada.
Otro avance es el acuerdo comercial con Aerosan, que permite dar prioridad al retiro de las cargas de sus clientes. Según Perrot, esta coordinación busca entregar una atención más personalizada y reducir los tiempos asociados a ese proceso, con efectos potenciales en los costos y la continuidad operacional. La iniciativa se inserta en una estrategia que busca conectar el transporte terrestre con otras etapas del comercio exterior.
Esa mirada también orienta la relación comercial con los clientes. “Dejar de mirar solamente qué servicio nos está comprando y empezar a entender qué problema del negocio está tratando de resolver”, plantea Perrot. Conocer los procesos de importación y exportación, explica, permite identificar ineficiencias que no siempre se originan en el traslado de la carga, pero que repercuten en sus costos y plazos. El objetivo es participar en el análisis de la operación completa y proponer mejoras junto con el cliente.
La tecnología y la sostenibilidad completan las prioridades de desarrollo. Empresas Perrot trabaja en la digitalización de sus procesos para entregar información sobre el estado de las cargas y mejorar la visibilidad de las operaciones. En materia de electromovilidad, ya cuenta con dos camionetas eléctricas, mientras continúa evaluando tecnologías de menores emisiones para su flota. “El futuro del transporte se define en tres ejes: visibilidad de datos, sostenibilidad operativa y valor agregado a los clientes”, resume la ejecutiva.