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Columna de Opinión

El combustible invisible que aún no se aprovecha

Álvaro Echeverria, Co-Founder & CEO de SimpliRoute.

Álvaro Echeverria, Co-Founder & CEO de SimpliRoute, analiza impacto del alza del diésel en la eficiencia logística y el rol de la inteligencia artificial para reducir costos operativos en el transporte de carga.

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El alza sostenida del precio de los combustibles en Chile no es un fenómeno aislado, sino una señal estructural de un sistema logístico altamente dependiente del diésel. Hoy, el transporte de carga, que moviliza cerca del 95 % de los bienes en el país, enfrenta una presión creciente. El combustible representa entre un 30 % y un 40 % de los costos operativos de una flota. En este contexto, seguir operando con modelos tradicionales ya no es solo ineficiente, sino económicamente inviable.

Sin embargo, el problema no es únicamente el precio del combustible, sino cómo se utiliza. La evidencia muestra que gran parte del consumo innecesario proviene de ineficiencias estructurales de planificación de rutas. Según el estudio “AI-Driven Optimization of Last-Mile Delivery 2025” de Metropolia University, la logística de última milla puede representar más del 50% de los costos totales de envío, y suele operar con planificación manual o herramientas estáticas que generan flotas subutilizadas, recorridos redundantes y tiempos muertos. En ese contexto, el combustible se convierte en el síntoma visible de un problema aún más profundo.

La inteligencia artificial permite atacar directamente esa ineficiencia. De hecho, según lo desarrollado en el paper “Machine Learning en logística” de SimpliRoute, aplicado a operaciones reales, se demuestra que modelos simples y explicables pueden predecir hasta el 67 % de las variaciones en los tiempos de entrega utilizando variables básicas como la cantidad de paquetes, la experiencia del conductor o la distancia recorrida. Esta capacidad de anticipación permite diseñar rutas más equilibradas, reducir kilómetros innecesarios y optimizar el uso de cada vehículo.

Cuando las rutas se optimizan correctamente, no solo se reduce la distancia recorrida, sino que también se eliminan ineficiencias como la sobrecarga de algunos conductores frente a la subutilización de otros. Según el paper mencionado, el volumen de paquetes, por ejemplo, es el principal factor que determina el tiempo de entrega, lo que demuestra que la ruta más eficiente no consiste en trazar la línea más corta, sino en balancear de manera estratégica la carga de trabajo.

La optimización basada en inteligencia artificial no solo reduce costos logísticos totales, sino que también disminuye el consumo de combustible al hacer más eficiente cada kilómetro recorrido. En un contexto como el chileno, donde cada variación en el precio del diésel impacta directamente en la competitividad de las empresas, este tipo de eficiencias deja de ser opcional. La inteligencia artificial aplicada a la logística no es una promesa futura, sino una herramienta concreta para transformar costos inevitables en ventajas competitivas.

En tiempos donde cada litro cuenta, la verdadera eficiencia no está en consumir menos por obligación, sino en operar mejor por diseño.