Comercio Internacional
Nuevo esquema arancelario a metales entra en vigencia hoy en Estados Unidos
La medida redefine costos de importación para acero, aluminio y cobre, con efectos directos en manufactura, transporte y cadenas de suministro. El ajuste introduce nuevas tasas diferenciadas que impactan la estructura logística de múltiples industrias.
A partir de este lunes 6 de abril, el gobierno de Estados Unidos comenzó a aplicar un nuevo esquema de aranceles bajo la Sección 232, modificando la forma en que se gravan las importaciones de acero, aluminio y cobre, así como sus productos derivados. La actualización busca ajustar la base de cálculo y ampliar el alcance sobre bienes industriales clave.
El nuevo marco establece que los productos fabricados casi en su totalidad con estos metales estarán sujetos a un arancel de 50% sobre su valor, mientras que los bienes derivados -como electrodomésticos, componentes industriales y equipos de transporte- enfrentarán una tasa de 25%. Esta diferenciación introduce cambios relevantes en la valorización de mercancías y en la planificación de abastecimiento.
En paralelo, se definieron excepciones y tratamientos diferenciados para ciertos socios comerciales y categorías específicas. En el caso del Reino Unido, las tasas serán menores, con un 25% para productos base y 15% para derivados. Asimismo, se fijó un arancel de 15% para determinados equipos industriales y de redes eléctricas no intensivos en metales, vigente hasta 2027.
La normativa también establece que los productos con un contenido igual o inferior al 15% de acero, aluminio o cobre quedarán excluidos de estos gravámenes, lo que introduce un incentivo directo a la reformulación de procesos productivos y diseño de bienes para reducir carga arancelaria.
Este ajuste se suma a una política arancelaria más amplia impulsada por la administración de Donald Trump, que en el último año ha incrementado las tasas para metales y ampliado el listado de productos alcanzados, incluyendo vehículos, maquinaria pesada y electrodomésticos. En términos logísticos, la medida presiona los costos de importación, reconfigura rutas de abastecimiento y obliga a las empresas a recalibrar sus estrategias de sourcing y distribución en América del Norte y otros mercados vinculados.