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Columna de Opinión

Corredores bioceánicos: una oportunidad para el desarrollo de los territorios

Antonia Bordas, geógrafa y asesora del Consejo Políticas Infraestructura (CPI).

Antonia Bordas, geógrafa y asesora del Consejo Políticas Infraestructura (CPI), reflexiona sobre el verdadero alcance del Corredor Bioceánico y sostiene que su éxito dependerá no solo de la infraestructura, sino también de la capacidad de articular inversiones, desarrollo productivo y planificación territorial.

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En las últimas semanas, el Corredor Bioceánico del norte del país ha vuelto a ocupar un lugar relevante en la discusión pública. Con razón. Se trata de una de las iniciativas de integración más importantes de América del Sur, llamada a conectar Brasil, Paraguay, Argentina y Chile a través de una red logística que acercará el corazón productivo del continente a los mercados del Asia-Pacífico.

Sin embargo, reducir esta iniciativa a una obra de conectividad sería mirar solo una parte de su potencial.

Los corredores de integración son mucho más que rutas para el transporte de mercancías. Son plataformas de desarrollo capaces de transformar territorios, generar nuevas oportunidades productivas y fortalecer la competitividad regional. Quizás una pregunta no es únicamente cómo mover carga de manera más eficiente, sino cómo aprovechar esa conectividad potenciar el desarrollo de las regiones y para mejorar la calidad de vida de las comunidades.

La experiencia internacional demuestra que los beneficios de los grandes corredores logísticos no se generan automáticamente. Requieren planificación, coordinación e inversiones complementarias que permitan capturar el valor que producen. Puertos, infraestructura vial, ferroviaria, zonas logísticas, energía, conectividad digital y capital humano forman parte de un mismo ecosistema. Cuando estos elementos se desarrollan de manera integrada, los territorios aumentan su capacidad para atraer inversión, diversificar su economía y generar empleo.

En este contexto, las regiones del norte tienen una oportunidad singular. Su liderazgo en minería, su creciente participación en la transición energética y su posición geográfica estratégica pueden convertirlas en un polo logístico y productivo de relevancia continental. Pero ello exige una visión compartida que trascienda las obras individuales y avance hacia una planificación de largo plazo.

La integración regional tampoco debe entenderse únicamente entre países. También implica fortalecer la integración dentro de Chile. Conectar mejor los puertos con sus hinterlands, vincular infraestructura con desarrollo productivo y generar una mayor articulación entre actores públicos y privados, deberían ser condiciones esenciales para aprovechar plenamente estas oportunidades.

Chile cuenta con fortalezas importantes: experiencia en infraestructura, capacidades técnicas, estabilidad institucional y una posición privilegiada en la costa del Oceáno Pacífico, que si logramos complementarlas con una mirada estratégica permitirá transformar la conectividad en bienestar y desarrollo.

Los corredores de integración nos invitan a pensar más allá de las fronteras y de las obras. Nos desafían a construir una visión de desarrollo donde la infraestructura actúe como habilitante de nuevas oportunidades para los territorios.