Columna de Opinión
Infraestructura a largo plazo
Alberto Texido, académico de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile y consejero del Consejo de Políticas de Infraestructura, analiza la necesidad de anticipar los impactos de la infraestructura y planificar corredores que integren puertos, ciudades, centros productivos y sistemas ferroviarios, con una visión territorial de largo plazo.
Durante demasiado tiempo hemos entendido la infraestructura como respuesta a daños ya producidos: corregir déficits cuando los impactos urbanos ya son evidentes. Quizás debemos revertir esa lógica: la infraestructura debe anticipar problemas y ser diseñada cuidadosamente en relación con barrios y ciudades. No basta con mitigar después, hay que evitar los impactos desde el trazado. Esto exige una mirada de décadas.
En la macrozona central -que contempla a las regiones de Santiago y Valparaíso-, puertos, ciudades, centros productivos, aeropuerto, carreteras y ferrocarriles conforman progresivamente un solo sistema territorial. Frente a tecnologías ferroviarias que avanzan a velocidades impensadas, lo esencial no es importar una solución, sino reservar trazados y fajas que permitan conectar de manera eficiente carga y pasajeros, reforzando a la vez sistema portuario y calidad urbana.
Una infraestructura eficiente no puede ser indiferente a la ciudad que atraviesa. Debe ser, en cierto modo, un buen vecino. Antofagasta ofrece una oportunidad excepcional para poner en práctica esta mirada. Por escala económica y aporte al país, está en condiciones de innovar y descentralizar. La faja ferroviaria existente puede transformarse en una columna vertebral de movilidad.
Primero se debe acordar y proteger el trazado; la tecnología podrá evolucionar y la extensión crecerá donde la demanda lo justifique. Después de años de diagnósticos y alternativas, llega el momento de decidir. Y decidir no significa esperar que el Estado financie todo. La asociatividad público-privada, concesiones y nuevas formas de financiamiento compartido permiten abordar proyectos de gran escala, siempre que haya una visión pública nítida.
El desafío no consiste simplemente en elegir un tren o levantar una obra, sino en acordar una estructura territorial y diseñarla con cuidado respecto a la ciudad que la recibe. Las tecnologías cambian y los gobiernos pasan, pero las fajas y las ciudades permanecen. La infraestructura que definamos hoy moldeará el territorio que habitaremos mañana.