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Comercio Internacional

Competencia global obliga a redefinir estrategia de la uva chilena

El recambio varietal constituye otro componente de transformación.

La expansión de nuevos productores, el recambio varietal y los cambios en los mercados están modificando las condiciones del negocio exportador.

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La ventana comercial que durante décadas favoreció a la uva de mesa chilena ya no asegura los mismos resultados. La entrada de nuevos orígenes productivos, los avances tecnológicos y la renovación de variedades han cambiado la competencia internacional, obligando a los exportadores a coordinar con mayor precisión los períodos de cosecha, los destinos y los costos de cada operación.

Álvaro Aspée, director ejecutivo del Comité de Uva de Mesa, manifestó -en declaraciones publicadas por News Frutas de Chile- que el desafío consiste en vincular la oferta con las condiciones específicas de cada mercado. La calidad, la condición y la consistencia de la fruta son requisitos básicos, mientras que la diferenciación depende de seleccionar la variedad, la zona productiva, la semana de despacho y el cliente de acuerdo con su potencial comercial. La trayectoria exportadora del país y la coordinación público-privada forman parte de esa capacidad, pero deben traducirse en resultados económicos.

La evaluación del negocio también requiere indicadores distintos al volumen total enviado. Una mayor cantidad de cajas no necesariamente mejora los resultados si la fruta llega en períodos de alta oferta, enfrenta costos elevados o se comercializa con retornos insuficientes. En ese escenario, la productividad exportable por hectárea, el porcentaje de fruta que cumple las condiciones para exportación (packout), el costo por caja embalada y la estabilidad de los retornos netos entre temporadas permiten observar con mayor precisión la rentabilidad de productores y exportadores.

El recambio varietal constituye otro componente de esta transformación. Más del 70% de los envíos chilenos se sustenta actualmente en variedades protegidas, después de una primera etapa centrada en sustituir materiales tradicionales que habían perdido competitividad. La siguiente fase exige evaluar cada alternativa según su desempeño productivo y comercial, considerando el rendimiento exportable, los requerimientos de mano de obra, la vida poscosecha, los pagos por derechos varietales y la aceptación de los compradores. La genética, por sí sola, no garantiza la viabilidad económica de una plantación.

La concentración de los embarques en Estados Unidos representa otro punto de atención. Ese mercado recibió cerca de 32 millones de las 58 millones de cajas exportadas durante la última campaña, una proporción que refuerza el interés por distribuir los envíos entre distintos destinos y semanas comerciales. Europa, Latinoamérica y Asia forman parte de esa estrategia, junto con la búsqueda de alternativas fitosanitarias que permitan mantener el acceso al mercado estadounidense. En este ámbito, el sector trabaja con el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) para desarrollar una alternativa regulatoria al Systems Approach y avanzar en la validación del formiato de etilo (eFUME) como posible tratamiento comercial.

Asia también plantea cambios en la planificación exportadora. En China, los consumidores demandan atributos específicos de sabor, textura, apariencia y grados Brix, en canales que incluyen el comercio electrónico y el social commerce. Al mismo tiempo, el país está aumentando su capacidad productiva: las proyecciones citadas por el Comité apuntan a cosechas de 15 millones de toneladas y exportaciones de 770 mil toneladas. Su evolución incide tanto en la demanda como en la oferta mundial, por lo que conocer sus períodos de producción, variedades y volúmenes exportados resulta relevante para definir la estrategia chilena.

De cara a los próximos cinco años, el objetivo sectorial no se limita a recuperar los volúmenes históricos de 80 o 100 millones de cajas. La prioridad es consolidar una industria financieramente sostenible, capaz de programar sus envíos según las condiciones de los mercados y evitar que el aumento de la oferta reduzca los retornos. Esa orientación exige mejorar la coordinación entre productores y exportadores, además de evaluar las decisiones productivas con criterios comerciales y financieros.

La disponibilidad y oportunidad de los datos serán determinantes para avanzar en esa dirección. Acercar la información de los mercados internacionales a las decisiones que se toman en los huertos permitiría ajustar variedades, cosechas y destinos a las condiciones reales de la demanda. Para la uva de mesa chilena, el desafío es construir una ventaja competitiva basada en planificación, eficiencia y rentabilidad, en lugar de depender principalmente de la diferencia estacional que históricamente favoreció sus exportaciones.