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E-Commerce

Última milla: ¿alza de combustibles desafía las operaciones del eCommerce?

La dispersión geográfica de las entregas urbanas amplifica el efecto del combustible.

El incremento del diésel tensiona los costos operacionales en la distribución urbana, obligando a reforzar eficiencia, optimización de rutas y adopción de tecnología para sostener niveles de servicio en escenarios de alta exigencia como eventos masivos de eCommerce.

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El alza de los combustibles comienza a impactar con fuerza la logística de última milla, uno de los eslabones más sensibles y costosos de la cadena de distribución urbana. El incremento en el precio del diésel y la gasolina eleva el costo por kilómetro recorrido, afectando directamente la rentabilidad de operaciones intensivas como eCommerce, supermercados y retail.

Este escenario presiona a los operadores a mejorar su eficiencia. La optimización de rutas, la consolidación de pedidos y la reducción de entregas fallidas se vuelven medidas clave para contener el aumento de costos. En particular, la dispersión geográfica de las entregas urbanas amplifica el efecto del combustible, obligando a una planificación más precisa.

A nivel de servicio, también se observan ajustes en los tiempos de entrega. Para mitigar el impacto económico, algunas empresas priorizan zonas de mayor densidad o reducen la frecuencia de despachos, lo que puede traducirse en mayores plazos para sectores periféricos o de menor volumen.

En este contexto, los sistemas de gestión de transporte (TMS) toman un rol estratégico. Estas plataformas permiten diseñar rutas más eficientes, considerando variables como tráfico, ventanas horarias y capacidad de carga, lo que contribuye a reducir los kilómetros recorridos y el consumo de combustible.

Asimismo, los TMS entregan visibilidad en tiempo real y métricas operacionales que facilitan la toma de decisiones. La capacidad de ajustar recorridos ante contingencias, junto con la identificación de ineficiencias en rutas o conductores, permite a las empresas amortiguar el impacto del alza de combustibles y sostener niveles de servicio en un entorno de mayores costos.

El alza: un golpe a la base del negocio

El impacto más inmediato será un aumento fuerte en los costos de transporte, pero el verdadero problema es otro: la aparición de servicios que, bajo las tarifas actuales, pueden dejar de ser rentables. En Chile, muchas relaciones entre comercios y empresas de transporte se pactan con anticipación. A veces en contratos anuales, otras en acuerdos semestrales o en tarifas negociadas con cierta estabilidad para sostener campañas comerciales”, explicó Karol Suchan, director del Centro de Innovación en Transporte y Logística UDP.

Uno de los principales efectos se verá en el incremento de los costos operacionales.

El académico agregó que “eso tiene lógica en un mercado que necesita previsibilidad. El problema es que esa previsibilidad se construyó sobre una estructura de costos que cambió de golpe. Cuando el combustible ya representaba una fracción alta del costo de transporte, una subida brusca del diésel no se absorbe con pequeños ajustes, golpea la base misma del negocio, y eso es especialmente delicado en los eventos tipo cyber”.

La VP de WINS Internacional, Anaiza Pusic, señaló que “el alza en el precio de los combustibles tiene un impacto directo en la logística de última milla, especialmente en períodos de alta demanda como un Black Sale, donde aumenta la oferta del e-commerce y entrega en tienda con el volumen de despachos, la frecuencia de rutas y la presión por cumplir tiempos de entrega especiales, en un alto nivel de competencia de precios”.

En su opinión, “el principal efecto se ve en el incremento de los costos operacionales. Cuando sube el combustible, se tensiona aún más la rentabilidad del proceso, sobre todo para empresas que no cuentan con una planificación de rutas optimizada o modelos logísticos suficientemente flexibles. Además, durante eventos masivos de venta, muchas compañías deben reforzar flota, ampliar turnos o tercerizar parte de la operación, lo que también puede elevar los costos y complejizar la ejecución”.

“El desafío está en cómo impactar de menor forma al consumidor final, tratando de negociar con los transportistas, pero sin afectar su flujo de caja que derive en no poder generarse el transporte. Es una etapa de alta negociación para todos, que sí impactará el consumo”, sostuvo la VP de WINS Internacional.

La logística de última milla puede representar más del 50% de los costos totales de envío.

Las Pymes y el escenario más complejo

Para Cristóbal López, country manager Cono Sur Drivin, "el alza sostenida en los precios de los combustibles no es solo un dato económico, es un desafío directo a la línea de flotación de la logística. En un evento masivo como este, donde el volumen de entregas se dispara, cada peso cuenta. No podemos controlar el precio del petróleo, pero sí cómo usamos cada gota: mediante la optimización inteligente de rutas, las empresas pueden reducir sus costos de transporte hasta en un 30%. En este escenario, la eficiencia operativa ya no es una opción, es el único salvavidas para proteger los márgenes y asegurar que el costo del despacho no se vuelva una barrera para el consumidor".

Por su parte, Álvaro Echeverria, Co-Founder & CEO de SimpliRoute, aseguró que “el problema no es únicamente el precio del combustible, sino cómo se utiliza. La evidencia muestra que gran parte del consumo innecesario proviene de ineficiencias estructurales de planificación de rutas. Según el estudio “AI-Driven Optimization of Last-Mile Delivery 2025” de Metropolia University, la logística de última milla puede representar más del 50% de los costos totales de envío, y suele operar con planificación manual o herramientas estáticas que generan flotas subutilizadas, recorridos redundantes y tiempos muertos. En ese contexto, el combustible se convierte en el síntoma visible de un problema aún más profundo”.

En tanto, Paul Trench, gerente general de EIT Logística, “existen herramientas de mitigación rápida, como la implementación de sofisticados sistemas de gestión de ruta (TMS) para optimizar recorridos. Pero la capacidad real para absorber y contener el impacto de costos depende, tristemente, de la espalda financiera de cada compañía. Mientras las grandes empresas cuentan con un margen para aplicar cierta gradualidad y evitar que el alza llegue de inmediato, el transportista más pequeño necesita cubrir sus costos de combustible al día. En esta ecuación, son las pymes del sector las que enfrentan un escenario más complejo”.

En este contexto, la última milla enfrenta un punto de inflexión donde la eficiencia operativa, la adopción tecnológica y la capacidad de negociación serán determinantes para sostener la rentabilidad. La presión sobre los costos no solo redefine los modelos de distribución urbana, sino que también acelera la necesidad de soluciones más flexibles, colaborativas y basadas en datos para asegurar continuidad de servicio en un escenario de alta volatilidad.