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Comercio Internacional

¿Perdió fuerza el TLC? Economistas analizan el nuevo escenario comercial

El acuerdo entregó durante años una ventaja competitiva a las exportaciones.

El tratado comercial con Estados Unidos sigue vigente y continúa otorgando ventajas comerciales, pero el arancel del 12,5% evidencia un entorno internacional cada vez más condicionado por la geopolítica.

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Durante más de dos décadas, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Chile y Estados Unidos fue considerado uno de los pilares de la política comercial chilena. Su entrada en vigor permitió ampliar el intercambio bilateral, reducir barreras para el comercio y entregar un marco de estabilidad que favoreció las inversiones y la planificación de largo plazo. Sin embargo, la aplicación de un arancel adicional del 12,5% por parte de Washington abrió un debate sobre los límites que hoy enfrentan los acuerdos comerciales en un escenario marcado por la geopolítica.

Para Víctor Silva, economista de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, el TLC sigue siendo un instrumento clave para entender la relación económica entre ambos países. "Un tratado de libre comercio es un acuerdo que reduce o elimina aranceles y establece reglas para el intercambio de bienes, servicios e inversiones. Chile optó por separar la negociación comercial de otros temas políticos y de seguridad, lo que permitió cerrar un acuerdo más rápido y con mayor certeza jurídica. Esa decisión fue clave", explica.

El académico recuerda que el acuerdo entregó durante años una ventaja competitiva significativa para las exportaciones chilenas. "Durante más de dos décadas el TLC facilitó el acceso preferencial al principal mercado del mundo y dio estabilidad a los exportadores chilenos. La principal diferencia es el acceso preferencial. Chile, en condiciones normales, exporta la gran mayoría de sus productos con arancel cero o muy reducido, mientras que Argentina enfrenta el arancel general que aplica Estados Unidos", sostiene.

Silva agrega que ese beneficio continúa siendo relevante pese al nuevo escenario. "Eso mejora la competitividad de los productos chilenos, reduce costos y entrega reglas claras para invertir y comerciar. Sin embargo, si Estados Unidos aplica medidas extraordinarias por razones de seguridad nacional, incluso un país con TLC puede verse afectado. El paradigma del TLC está cambiando", afirma.

A juicio del economista, la principal transformación no está dada únicamente por el nuevo arancel, sino por el contexto en que surge. "Durante más de 20 años los TLC entregaron la idea de que las reglas comerciales eran relativamente estables. Hoy estamos viendo un cambio. La geopolítica, la seguridad económica y la competencia estratégica están pesando tanto como el libre comercio", señala.

En esa línea, advierte que las empresas deberán ajustar sus estrategias de largo plazo. "Los tratados siguen siendo muy valiosos, pero ya no garantizan por sí solo la misma certidumbre que hace una década. Las empresas tendrán que incorporar el riesgo geopolítico dentro de su planificación. El arancel del 12,5 por ciento, a pesar de ser una medida puntual, refleja un cambio más profundo", indica.

Silva sostiene además que la utilización de aranceles responde a una lógica distinta a la que predominó durante las últimas décadas. "Estados Unidos está utilizando los aranceles como una herramienta de política económica y estratégica, incluso frente a países con los que mantiene tratados comerciales. Esto muestra que las consideraciones de seguridad nacional, reindustrialización y competencias con otras potencias pueden prevalecer sobre la lógica tradicional del libre comercio. Es una señal de que el comercio internacional será más incierto y más político que en las últimas décadas", concluye.

El acuerdo no ha perdido vigencia y continúa entregando ventajas.

¿Un tema arancelario de corta duración?

Una mirada complementaria plantea Antonio Espinoza, investigador del Observatorio del Contexto Económico (OCEC) de la Universidad Diego Portales. A su juicio, la decisión de Washington debe entenderse como una extensión de la política comercial impulsada por la actual administración estadounidense más que como una ruptura definitiva del sistema de libre comercio.

"La aplicación de estos nuevos aranceles del 12,5%, en vez de ser un cambio de paradigma, son más bien una profundización en esta corriente proteccionista de la actual administración, pasando de tener una guerra comercial con un país en particular, a un cambio en su política comercial que afecta incluso a países con los que tiene acuerdos comerciales. Este hecho refuerza esta corriente que viene desde la aplicación de los aranceles recíprocos en abril. Sin embargo, no creo que las empresas deban “acostumbrarse” a este escenario, aunque sí lo deberían tener en consideración para sus planificaciones de corto y mediano plazo, debido a la alta incertidumbre que produce en los mercados", explica.

El investigador agrega que todavía existen factores que podrían modificar este escenario en el futuro. "No se puede garantizar, pero lo más probable es que la actual política comercial de Estados Unidos perdure solo durante la actual administración y que, bajo una nueva, se vuelva a comerciar tradicionalmente. Por otro lado, aún existe espacio para que, a través de canales burocráticos, Estados Unidos se vea forzado a eliminar las tarifas”, comenta.

Agrega que “hay que recordar que, en febrero de este año, la Corte Suprema de EE.UU. falló que la Administración Trump no tenía las facultades, bajo la Ley que utilizó para aplicar los aranceles recíprocos que aplicó en abril de 2025, de aplicar dichos aranceles, por lo que decretó que debían eliminarse y compensar a las empresas por los montos que pagaron durante su vigencia. Existen voces del mundo legal que afirman que, si bien el artículo de la Ley que se está utilizando en este caso de los aranceles por trabajo forzoso sí faculta a que EE.UU. aplique sanciones (en forma de aranceles) a la importación de productos de determinados países, el cómo se hizo la investigación podría ser una base para revocarlas”.

Respecto del TLC, Espinoza enfatiza que el acuerdo no ha perdido vigencia y continúa entregando ventajas para gran parte de las exportaciones chilenas. "En cuanto al Tratado de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos, este no se ha modificado y la relación comercial entre ambos tampoco. En 2023 se cumplieron 20 años desde su suscripción, donde en 2022 el 87,2% de los productos comerciados entre EE.UU. y Chile se materializó utilizando el TLC, según la Subsecretaría de Relaciones Internacionales", precisa.

Finalmente, advierte que el desafío para Chile será recuperar un tratamiento preferencial que permita mantener la competitividad de sus exportaciones. "A pesar de los aranceles, el TLC sigue en vigencia y eso permite que Chile no tenga una pérdida de competitividad relativa para la gran mayoría de productos que exporta a EE.UU. Hay que recordar que la tasa del 12,5% es adicional a la tasa de arancel base. Por ejemplo, si el producto de importación A tiene una tasa de 1%, ahora la tasa de ese producto será el 1%, más la tasa que le corresponda al país proveniente del producto. Si es que el producto viene de un país al que le aplicó una tasa del 12,5%, con el que no tiene ningún acuerdo comercial, el arancel final aplicado a dicho producto será de 13,5%”, sostiene.

En cambio, si es que proviene de Chile (asumiendo que el producto está contemplado en el TLC), “el arancel al producto chileno será 0% + 12,5%. Al aplicarle un arancel relativamente similar a la mayoría de los países, Chile no estaría evidenciando una fuerte pérdida de competitividad. Sin embargo, por esa misma razón es que urge tener una respuesta rápida en lograr algún acuerdo que permita que los productos chilenos tengan un tratamiento preferencial y sean más competitivos, en cuanto a precios", concluye.