Columna de Opinión
Imacec: cuando dejar de caer se confunde con crecer
Francisco Ormazábal, académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) UNAB, analiza las cifras del Imacec de septiembre y advierte que la estabilidad de la actividad económica no debe confundirse con una recuperación.
La lectura optimista del Imacec suele aparecer cada vez que la economía deja de deteriorarse. Sin embargo, conviene ser cautelosos: una economía que apenas logra mantenerse a flote no necesariamente está creciendo, y mucho menos recuperando dinamismo. Las cifras conocidas este lunes muestran nuevamente una actividad económica excesivamente dependiente de lo que ocurra en la minería. Mientras varios sectores de la economía han mostrado cierta capacidad de resistencia, la menor producción minera, particularmente vinculada al cobre, continúa arrastrando el desempeño agregado del país.
Lo preocupante es que esta realidad comienza a normalizarse. Cada mes celebramos que el resultado fue "menos malo de lo esperado", que la caída fue menor o que el dato resultó levemente positivo. Pero una economía no genera prosperidad sobre la base de superar expectativas pesimistas. La genera cuando es capaz de expandir sostenidamente su capacidad productiva, atraer inversión y aumentar su productividad. El problema de fondo es que Chile lleva demasiado tiempo conformándose con cifras mediocres. El crecimiento potencial se ha reducido, la productividad permanece estancada y la inversión aún no logra transformarse en un motor robusto de expansión. En ese contexto, un Imacec cercano a cero no debería ser motivo de celebración, sino una señal de alerta respecto de la velocidad a la que estamos avanzando.
Más aún, las explicaciones coyunturales comienzan a agotarse. Durante años se atribuyó la debilidad económica a la pandemia, luego a la inflación, posteriormente al ajuste monetario y más recientemente a factores sectoriales. Sin embargo, la pregunta incómoda sigue siendo la misma: ¿por qué la economía chilena parece incapaz de recuperar tasas de crecimiento que hace una década considerábamos normales?
La respuesta probablemente no está en el dato de un mes, sino en una combinación de menor inversión, baja productividad e incertidumbre acumulada. Y mientras esos elementos no cambien, seguiremos observando una economía que alterna entre pequeños avances y pequeñas caídas, sin lograr despegar realmente.
El Imacec de septiembre no describe una economía en crisis, pero tampoco describe una economía vigorosa. Refleja algo quizás más preocupante: una economía que se ha acostumbrado al crecimiento insuficiente. Y ese, más que cualquier cifra mensual, debería ser el verdadero motivo de preocupación.