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Logística y Distribución

Ruta de la Fruta: el corredor que busca destrabar la logística hacia San Antonio

La puesta en servicio provisoria de este sector está prevista para mediados de 2027.

La modernización de la Ruta 66 apunta a reducir tiempos de viaje y mejorar la conexión entre las zonas agroproductivas y el Puerto de San Antonio. El tramo hacia la costa desde Santo Domingo registra 80% de avance, mientras el proyecto completo se proyecta hacia 2030.

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La modernización de la Ruta 66, conocida como Ruta de la Fruta, entra en una etapa clave para la conectividad logística de la zona central. El proyecto busca transformar este eje vial en un corredor de mayor capacidad y seguridad para el transporte de productos agrofrutícolas hacia los principales puntos de salida de la Región de Valparaíso.

Durante una visita realizada esta semana, el biministro de Obras Públicas y Transportes y Telecomunicaciones, Louis de Grange, supervisó las obras correspondientes al tramo entre Santo Domingo y San Antonio, que registra actualmente un 80% de avance. Según informó la autoridad, la puesta en servicio provisoria de este sector está prevista para mediados de 2027, mientras que la ruta en su totalidad tendría su puesta en operación cerca de 2030.

La precisión sobre el alcance de ese porcentaje es muy importante para dimensionar el estado efectivo del proyecto. El 80% corresponde al tramo de 15 kilómetros denominado Variante San Juan, que conecta Santo Domingo con San Antonio, y no al total de los 141 kilómetros que comprende la Ruta de la Fruta.

Para Óscar Figueroa, miembro del Comité de Logística del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI) y académico del Instituto de Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la obra tiene importancia precisamente por la función que puede cumplir como alternativa a los sectores más congestionados de la red vial central.

“Lo que hace es evitar hacerle el quite a la parte más congestionada de la ruta, que es continuar derecho por la Ruta 5 hacia las zonas más centrales”, explica. A su juicio, la Ruta de la Fruta permite generar una alternativa de circulación hacia la costa y conectar posteriormente con San Antonio, reduciendo la dependencia de los ejes que concentran mayores niveles de tráfico.

Figueroa plantea que una infraestructura de estas características puede traducirse en mejoras tanto en la eficiencia de circulación como en los costos de operación. “Creo que eso es un avance importante, que deberá generar mejoras tanto en eficiencia de circulación como también en costos de operación”, señala y destaca el potencial impacto sobre el sector exportador de frutas.

Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile, pone atención en el efecto que una mayor eficiencia vial puede tener sobre los tiempos de tránsito de las exportaciones del sector. “Es muy importante porque agiliza el tráfico y acorta tiempo, y cada hora que podamos ganar en tránsito desde Chile a los mercados en el extranjero significa que los consumidores tendrán una mejor experiencia de consumo”, sostiene.

Para la industria agroexportadora, la infraestructura vial forma parte de una cadena logística donde los tiempos de desplazamiento y la confiabilidad del transporte adquieren gran importancia. Una ruta con mejores condiciones de circulación puede contribuir a reducir tiempos y mejorar la previsibilidad de los movimientos de carga desde las zonas productivas hacia los terminales portuarios.

La Ruta de la Fruta tiene una extensión cercana a 141 kilómetros y comienza en el cruce con la Ruta 5 Sur, en Pelequén, Región de O’Higgins. Desde allí atraviesa sectores del sur de la Región Metropolitana hasta alcanzar el camino de acceso al Puerto de San Antonio, en la Región de Valparaíso. La concesión considera una inversión cercana a US$632 millones.

El último tramo considera una nueva vía rápida de 15 kilómetros, además del Enlace Las Brisas y los viaductos Maipo, San Juan y Las Lajas. El diseño de estas estructuras incorpora condiciones para una eventual ampliación de capacidad en el futuro, un elemento relevante frente al crecimiento esperado de los flujos de carga asociados a la actividad exportadora.

El proyecto, sin embargo, todavía enfrenta etapas pendientes antes de completar ese corredor. De acuerdo con Figueroa, existe un tramo intermedio que continúa en proceso de evaluación ambiental, por lo que el avance del sector San Antonio-Santo Domingo debe analizarse como una pieza específica dentro de una intervención de mayor alcance.

“La Ruta de la Fruta está prevista ser inaugurada en 2030, es decir, falta todo un tramo intermedio, el cual está todavía en proceso de evaluación ambiental”, precisa el académico. En ese contexto, plantea que resulta necesario diferenciar entre el avance físico del tramo actualmente en construcción y el estado general de la carretera.

El Puente Lo Gallardo constituye otra pieza de este esquema de conectividad.

Capacidad y planificación de largo plazo

Más allá de las obras actualmente en ejecución, será clave anticipar el crecimiento de la demanda para evitar que la infraestructura vuelva a quedar tensionada en un horizonte de mediano y largo plazo. Para Figueroa, la planificación debe considerar desde ahora eventuales ampliaciones y contar no solo con escenarios de crecimiento, sino también con soluciones técnicas disponibles.

“Muchas veces nos pasa en muchas obras de infraestructura que en cuanto las inauguramos ya están chiquitas”, advierte. A su juicio, una infraestructura que genere mejoras en eficiencia y resulte atractiva para los usuarios puede experimentar un aumento de demanda que termine reduciendo parte de la capacidad disponible inicialmente.

El nuevo Puente Lo Gallardo constituye otra pieza de este esquema de conectividad. La estructura, paralela al puente existente sobre el río Maipo, registra también cerca de 80% de avance y tendrá una longitud de 840 metros, con más de 200 pilotes de fundación de casi 50 metros de profundidad.

La obra es ejecutada por la Dirección de Vialidad y contempla una inversión superior a $69 mil millones, con término previsto para el segundo semestre de 2028. Incluye descongestionar la conexión entre San Antonio y Santo Domingo, complementando la infraestructura vial que se está desarrollando en el entorno del puerto.

Para Figueroa, la planificación de la Ruta de la Fruta también debe observarse en relación con el desarrollo futuro de la infraestructura portuaria. La expansión proyectada para Puerto Exterior de San Antonio aumenta la relevancia de disponer de diferentes alternativas para movilizar las cargas hacia y desde el complejo portuario.

“Esto va articulado”, sostiene el académico al referirse a la relación entre la modernización vial y el desarrollo portuario. La estrategia debe considerar una mayor complementariedad entre modos de transporte e indicó que “vamos multiplicando modos como ferrocarril, camión, lo cual también es bastante positivo como alternativa para que efectivamente no todo se resuelva de una sola manera”.

La Ruta de la Fruta no constituye únicamente una intervención sobre una carretera existente y su impacto logístico dependerá de cómo se articule con el Puerto de San Antonio, la red ferroviaria y otros corredores estructurantes de la zona central frente al crecimiento de los volúmenes de carga y a la necesidad de distribuir los flujos entre distintos modos.

El desafío será avanzar desde la construcción de capacidad vial hacia una planificación integrada de largo plazo. La culminación de los distintos tramos de la Ruta 66, junto con las obras de conectividad portuaria y ferroviaria, definirá cuánto de esa nueva capacidad podrá traducirse en menores tiempos de viaje, mayor confiabilidad y mejores condiciones para el transporte de las exportaciones agrofrutícolas.