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Crisis energética global: ¿Chile está preparado para un shock de suministro?
El alza sostenida del petróleo, la disrupción en rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz y el Canal de Panamá, junto con la creciente competencia por combustibles, exponen la alta dependencia externa de Chile y tensionan su capacidad de respuesta ante eventuales quiebres en la cadena de abastecimiento.
El encarecimiento sostenido de la energía a nivel global está comenzando a tensionar las cadenas logísticas más allá de sus puntos de origen, trasladando riesgos hacia mercados altamente dependientes de importaciones como Chile. En este escenario, las disrupciones en rutas estratégicas y la competencia por suministro están redefiniendo las condiciones de abastecimiento de combustibles.
Así, la actual crisis energética internacional está generando efectos sistémicos en las cadenas de suministro, con impactos que se extienden desde Medio Oriente hasta América Latina. En ese contexto, el análisis de Michelle Brouhard, jefa de política y riesgo geopolítico en Kpler, -en el marco del webinar organizado por la Fundación Chilena del Pacífico- advierte que Chile enfrenta una exposición directa a disrupciones globales en el suministro de combustibles.
En su exposición, la analista aprovechó de trazar una línea que va desde el estrecho de Ormuz, luego a lo largo del Canal de Panamá hasta Santiago”. De esta manera, situó el problema en una cadena logística extendida que conecta los principales puntos críticos del comercio energético global.
El punto de partida es el estrecho de Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo y gas mundial. “El 20% del petróleo y el gas del mundo pasa por ese lugar cada día”, explicó, subrayando la relevancia estratégica de esta ruta en el equilibrio energético global. En paralelo, el mercado ya refleja señales de presión en precios. “Los precios del petróleo están arriba del 40%”, indicó, proyectando incluso alzas superiores al 50% en el corto plazo.
Este escenario responde a un shock de oferta, distinto a crisis anteriores impulsadas por demanda. “Esta vez tenemos un shock de suministro”, afirmó, diferenciando el contexto actual de episodios como 2008 o el conflicto Rusia-Ucrania. Según la analista, la interrupción efectiva de flujos energéticos marca una diferencia estructural en la evolución de los precios y en la disponibilidad de recursos.
En el caso de Chile, la vulnerabilidad se explica por su dependencia de importaciones. “La mayoría de sus importes vienen de Ecuador y Brasil”, indicó, detallando que el país refina parte del crudo, pero depende en gran medida de productos terminados provenientes del Golfo de Estados Unidos. El Canal de Canal de Panamá se posiciona como un nodo crítico en esta cadena y destacó que cualquier disrupción en este corredor impacta directamente la logística de abastecimiento nacional.
Los escenarios de riesgo en la cadena de suministro
Un factor adicional de riesgo es la limitada cobertura estratégica de reservas. “Ustedes solo tienen 31 días de cubierta”, advirtió, en referencia a los niveles de inventario disponibles en caso de interrupciones en el suministro, lo que reduce el margen de reacción ante escenarios críticos.
La competencia global por combustibles también presiona el acceso a suministro. “Si un refinador puede exportar a Europa y ganar más dinero, entonces irá a Europa”, señaló, evidenciando cómo los mercados con mayor capacidad de pago capturan la oferta disponible, desplazando a economías más pequeñas.
En el mercado del gas natural, aunque Chile no depende directamente del Medio Oriente, sí enfrenta efectos indirectos. “A medida que el precio suba, el exportador puede elegir ir a otro lugar”, explicó, anticipando desvíos de carga hacia mercados más rentables, especialmente en Europa.
El análisis incorpora escenarios de riesgo que van desde una normalización gradual hasta una crisis prolongada. “Podría esperar ver países comenzar a ver demandas que parecen similares a los cierres de Covid”, advirtió, en referencia a eventuales restricciones de consumo para evitar desabastecimiento. En un escenario extremo, el ajuste recaería directamente en la demanda. “Es la única palanca que queda”, afirmó y anticipó posibles medidas de racionamiento o contención del consumo como respuesta a una eventual escasez prolongada.
En resumen, se identifican riesgos adicionales en la política energética global. “El mayor riesgo que Chile tiene es que Estados Unidos abandone la exportación”, señaló, aunque calificó este escenario como poco probable. No obstante, su eventual materialización tendría efectos inmediatos en la seguridad energética del país.
En este contexto, la evolución del conflicto en Medio Oriente y la capacidad de reconfigurar flujos logísticos globales serán determinantes para el abastecimiento energético de Chile. La combinación de precios altos, competencia por suministro y limitaciones estructurales configura un escenario de alta incertidumbre para la cadena logística en los próximos meses.
De mantenerse la actual combinación de presión en precios, restricciones de oferta y reconfiguración de flujos comerciales, el desafío para Chile no solo será asegurar suministro, sino también gestionar la demanda y fortalecer su resiliencia logística. La evolución del conflicto y las decisiones de los principales actores energéticos serán determinantes para el equilibrio del mercado en el corto y mediano plazo.