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Columna de Opinión

Cuando la frontera se detiene, la logística no puede esperar

Claudio González, sub gerente comercial en EIT Logística.

Claudio González, sub gerente comercial en EIT Logística, analiza cómo las interrupciones en los pasos fronterizos pueden tensionar el abastecimiento nacional y plantea la necesidad de fortalecer la resiliencia, anticipación y capacidad de respuesta de la cadena logística.

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Más de 3.000 camiones se mantuvieron detenidos en distintos pasos fronterizos debido a las condiciones climáticas, no son solo la imagen de una carretera bloqueada. Son una señal de alerta para toda la cadena de abastecimiento.

Cuando un camión queda detenido en la frontera, su carga también se detiene. Y cuando esa carga corresponde a productos que Chile importa regularmente desde países vecinos, el impacto potencial comienza a trasladarse rápidamente hacia centros de distribución, supermercados, comercios y, finalmente, a los consumidores.

La preocupación adquiere una dimensión especial cuando faltan pocas semanas para Fiestas Patrias, uno de los períodos de mayor demanda del año. Productos como la carne tienen un rol central en la mesa de los chilenos y, por lo mismo, cualquier interrupción prolongada de los flujos internacionales puede tensionar la disponibilidad, los tiempos de reposición e, incluso, los precios.

Sin embargo, sería un error pensar que el problema termina cuando los camiones vuelven a circular, que es lo que está sucediendo estos días. Una interrupción fronteriza genera un efecto dominó: se acumulan cargas, se alteran inventarios, se modifican rutas y se incrementa la presión sobre la logística local, que debe recuperar rápidamente el tiempo perdido para mantener el abastecimiento.

Es en ese momento cuando la capacidad logística de un país se pone verdaderamente a prueba. Chile depende en gran medida de sus conexiones terrestres con la región, por lo que la resiliencia no puede medirse solo en cantidad de camiones o kilómetros recorridos, sino en la capacidad de reorganizar operaciones frente a una contingencia.

La respuesta está en la anticipación. Identificar rutas alternativas, contar con inventarios de seguridad, diversificar proveedores y disponer de protocolos claros son medidas cada vez más necesarias. A ello se suma el aporte de la tecnología: telemetría, monitoreo en tiempo real, torres de control e integración de plataformas permiten tomar decisiones oportunas y minimizar el impacto de las interrupciones.

La discusión, entonces, no debería centrarse únicamente en si habrá suficiente abastecimiento para el 18 de septiembre. La pregunta de fondo es qué tan preparada está nuestra cadena logística para enfrentar eventos inesperados sin que estos se transformen en un problema para las personas.

Esta contingencia de los camiones, nos recuerdan que la logística funciona como una cadena: cuando un eslabón se detiene, todos los demás deben adaptarse. Productos como la carne tienen un rol central en la mesa de los chilenos y, por lo mismo, cualquier interrupción prolongada de los flujos internacionales puede tensionar la disponibilidad, los tiempos de reposición e, incluso, los precios.

Porque detrás de cada camión detenido no hay solo una carga en espera, hay empresas, trabajadores y consumidores que dependen de que la cadena siga funcionando. Y esa es una responsabilidad que hoy exige mirar la logística no solo como una operación, sino como un elemento estratégico para la continuidad del país.