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Control fronterizo enfrenta nuevas amenazas y desafíos tecnológicos
Las nuevas modalidades utilizadas por organizaciones criminales y el debate sobre las inversiones en herramientas de fiscalización refuerzan la necesidad de combinar inteligencia, gestión de riesgos y tecnología para fortalecer los controles.
La evolución de las técnicas utilizadas para ingresar drogas al país está elevando las exigencias sobre los sistemas de control fronterizo. El hallazgo de ketamina oculta en las zapatillas de dos mujeres en el Complejo Fronterizo Chacalluta es una muestra de cómo las organizaciones criminales modifican sus métodos y obligan a las instituciones fiscalizadoras a adaptar permanentemente sus estrategias.
Para Javier Uribe Martínez, abogado y exsubdirector de Fiscalización del Servicio Nacional de Aduanas, la respuesta debe partir por fortalecer la capacidad de anticipación. “Las organizaciones criminales modifican permanentemente sus métodos de transporte y ocultamiento, incluyendo el uso de personas como correos humanos. Eso obliga a fortalecer las capacidades de análisis de riesgo, inteligencia y fiscalización, y también a contar con tecnología adecuada para enfrentar estas nuevas modalidades”, señala.
En este escenario, el especialista plantea que el desafío no pasa por revisar indiscriminadamente personas, vehículos o cargas, sino por utilizar información para determinar dónde concentrar los recursos disponibles. “Lo relevante es la modalidad de ocultamiento, la información disponible y los antecedentes que permiten seleccionar una carga, un vehículo o una persona para una revisión”, explica. Bajo esta lógica, la gestión de riesgos permite focalizar los controles en función de antecedentes objetivos y perfiles previamente identificados.
La tecnología aparece como un complemento de esa capacidad analítica y no como un sustituto. Equipos de inspección no intrusiva, sistemas de información y herramientas de análisis pueden ampliar la capacidad de fiscalización, pero su efectividad dependerá de cómo se integren dentro de una estrategia que permita seleccionar los puntos de control con mayor probabilidad de detectar operaciones ilícitas.
Esta discusión adquiere una segunda dimensión a partir de las diferencias de precio que han surgido en torno a la adquisición de camiones escáner para Aduanas. Para Uribe, la evaluación de este tipo de inversiones debe realizarse sobre una base técnica y económica que permita comparar adecuadamente las prestaciones comprometidas y evitar conclusiones anticipadas a partir de una diferencia de valores.
“Una diferencia de precios, por sí sola, no permite concluir que exista una irregularidad. Para evaluar adecuadamente una inversión es necesario conocer qué se está comprando, cuáles son las especificaciones y prestaciones del equipo, qué cobertura de mantenimiento incorpora, qué repuestos contempla, cuál es su vida útil y cuáles son las condiciones contractuales”, sostiene.
El análisis cobra relevancia porque las tecnologías de fiscalización representan inversiones de largo plazo y su costo no se limita a la adquisición inicial. Mantenimiento, disponibilidad operacional, capacitación, repuestos, actualización tecnológica y vida útil son variables que pueden modificar sustancialmente el costo total de una solución y, por lo tanto, deben formar parte de cualquier comparación entre alternativas.
Desde esta perspectiva, Uribe plantea que los recursos públicos destinados a fortalecer el control fronterizo deben estar acompañados por mecanismos que permitan justificar y evaluar las decisiones de inversión. “Una diferencia importante de precio amerita una explicación técnica, documentada y transparente. Eso es sano para la propia institución y también para la confianza pública”, afirma.
La combinación de ambos desafíos -nuevas modalidades de contrabando y mayores inversiones en tecnología- plantea así una exigencia más amplia para Aduanas: avanzar desde una fiscalización principalmente reactiva hacia un modelo capaz de anticipar comportamientos y asignar sus recursos donde exista mayor riesgo. En ese proceso, la información se convierte en un activo tan relevante como los equipos utilizados en frontera.
Para el exsubdirector de Fiscalización, tecnología, inteligencia y gestión de riesgos deben avanzar de manera integrada. “La fiscalización moderna requiere tecnología, inteligencia y gestión de riesgos. Al mismo tiempo, las inversiones que permiten contar con esas herramientas deben ser técnicamente justificables, transparentes y evaluables”, concluye.