Marítimo Portuario
El gran desafío para los puertos: electrificar la transición marítima
La descarbonización marítima abre una nueva exigencia para los puertos: desarrollar infraestructura eléctrica y capacidades operacionales capaces de responder a una flota que incorporará baterías, sistemas híbridos y nuevas tecnologías de propulsión.
La descarbonización del transporte marítimo no podrá avanzar al ritmo esperado si la transformación de los buques no está acompañada por una modernización de la infraestructura portuaria. Así lo señaló el Capitán Jorge De La Fuente, ingeniero en Administración Marítima y Naval, quien relevó que la electrificación constituye uno de los principales elementos de transición hacia un sistema marítimo de menores emisiones.
“La electrificación es una clave”, planteó el especialista durante su participación en LogiRed al analizar los desafíos que enfrenta Chile para cumplir sus compromisos de reducción de emisiones. En su visión, la relación entre nave y puerto será determinante, porque la incorporación de propulsión eléctrica o sistemas híbridos requiere contar con infraestructura capaz de entregar la energía necesaria durante las operaciones portuarias.
La necesidad de avanzar en esta dirección ya comienza a materializarse con proyectos concretos. De La Fuente recordó el caso del primer remolcador eléctrico que llegó a Chile, experiencia que puso sobre la mesa una pregunta que será cada vez más habitual en los terminales: cómo cargar las baterías de una nave eléctrica cuando llega al puerto. La alternativa inicialmente planteada contemplaba un generador, pero el caso evidenció la necesidad de desarrollar soluciones permanentes de suministro eléctrico en tierra.
Esta experiencia muestra que la electrificación portuaria no puede analizarse como un proyecto aislado. “No puede conseguirse esta electrificación al buque y al puerto. Y no pueden funcionar en forma independiente. Aquí hay una conectividad muy clara”, sostuvo De La Fuente. En otras palabras, la infraestructura energética de los puertos deberá evolucionar al mismo tiempo que las tecnologías de propulsión de las embarcaciones.
Del buque eléctrico al puerto electrificado
El desafío también alcanza a las embarcaciones que actualmente están en servicio. De la Fuente destacó la posibilidad de modificar la matriz energética de buques existentes para reducir sus emisiones. En este proceso, las baterías pueden cumplir un papel relevante, junto con motores que utilicen combustibles más limpios y otras tecnologías que están comenzando a desarrollarse.
“Los proyectos que se han presentado respecto a esto están aumentando”, señaló. La estrategia contempla identificar inicialmente qué embarcaciones podrían ser sometidas a un cambio de planta o matriz energética, con la intención de utilizar estos primeros proyectos como experiencia para posteriormente replicar el proceso en otras naves.
El universo potencial es amplio. Chile cuenta, según los antecedentes entregados por el especialista, con cerca de 500 naves mayores, consideradas aquellas de más de 100 unidades de arqueo bruto y aproximadamente 24 metros o más de longitud. A ellas se suman alrededor de 14.000 naves menores, de hasta aproximadamente 24 metros. “El universo es muy amplio a nivel nacional”, indicó De La Fuente.
Por eso, la transición energética marítima no se limitará a los grandes buques comerciales. También involucrará embarcaciones menores, servicios marítimos, remolcadores y otras unidades que pueden beneficiarse de soluciones eléctricas o híbridas dependiendo de sus características operacionales.
Una transición que requiere reglas e incentivos
La tecnología es solo uno de los componentes del proceso. El especialista identificó también brechas normativas, disponibilidad e incentivos como algunas de las principales barreras detectadas en el trabajo desarrollado para construir una hoja de ruta de transición energética junto al Ministerio de Energía.
El borrador de esta hoja de ruta ya está elaborado y, de acuerdo con De La Fuente, se espera su aprobación y lanzamiento durante este año. El proceso incluyó entrevistas con distintos actores de la industria y otros grupos vinculados al sector, con el objetivo de identificar las principales dificultades y oportunidades para acelerar la transición.
En paralelo, Chile participa en una estrategia de electromovilidad marítima impulsada por el Ministerio de Energía. Uno de sus focos está precisamente en analizar las posibilidades de reconversión energética de las embarcaciones existentes y determinar cuáles presentan mejores condiciones para iniciar proyectos de retrofit.
Para los puertos, esto significa anticipar inversiones que permitan responder a una demanda energética diferente. La infraestructura deberá considerar las necesidades de carga de baterías y, progresivamente, la convivencia con otros combustibles y tecnologías de cero o bajas emisiones. El proceso requerirá además estándares técnicos y procedimientos adecuados para garantizar operaciones seguras.
La electricidad como tecnología de transición
De La Fuente planteó que la electrificación debe entenderse como una tecnología de transición frente a un escenario energético que podría cambiar significativamente durante las próximas décadas. En ese horizonte, el hidrógeno y otros combustibles podrían adquirir mayor protagonismo.
Sin embargo, mientras esas tecnologías alcanzan una mayor madurez y disponibilidad, la electrificación representa una alternativa concreta para avanzar en la reducción de emisiones y preparar la infraestructura marítima para el escenario energético futuro.
El proceso también está vinculado al compromiso legal de Chile de alcanzar la carbono-neutralidad en 2050. De la Fuente recuerda que esta meta comprende todos los sectores productivos y que el transporte marítimo forma parte de ese desafío. “El 2050 está a la vuelta de la esquina”, advirtió, destacando la necesidad de acelerar desde ahora las decisiones de infraestructura, regulación y tecnología.
Construcción naval y capacidades nacionales
La transición también puede generar oportunidades para la industria naval chilena. El especialista menciona que existen proyectos de construcción de embarcaciones vinculados con baterías y otras tecnologías, mientras que la construcción naval nacional ya ha comenzado a desarrollar unidades de alta tecnología.
A esto se suma una política de construcción naval continua que, según De la Fuente, permitiría incorporar nuevas tecnologías desde la etapa de diseño y construcción. Esto abre una diferencia relevante respecto del retrofit: mientras las embarcaciones existentes requieren adaptar sus sistemas, los nuevos buques pueden incorporar desde el inicio baterías, nuevos sistemas de propulsión y otras soluciones energéticas.
El proceso requiere, finalmente, una coordinación entre la industria, la academia y el Estado. De La Fuente destacó el trabajo de una mesa que reúne a estos actores desde hace aproximadamente 16 años y que permite abordar la transición desde una perspectiva de administración marítima, donde las decisiones se construyen de manera conjunta.
En este escenario, la electrificación portuaria deja de ser únicamente una alternativa tecnológica para transformarse en una pieza de infraestructura necesaria para acompañar la descarbonización marítima. La velocidad con que Chile avance dependerá de su capacidad para coordinar inversiones, regulación, reconversión de embarcaciones y nuevas capacidades operacionales.
“Finalmente la electrificación portuaria será el soporte el día de mañana, en corto y mediano plazo, para cumplir estas metas de descarbonización definidas por Chile y también por el mundo”, concluyó De La Fuente.