Logística y Distribución
El desafío de Los Andes: cómo preparar un corredor para 400 mil camiones
La ampliación del Puerto Terrestre, una nueva concesión a 20 años y la incorporación del ferrocarril forman parte de una estrategia para fortalecer el principal corredor terrestre entre Chile y Argentina.
Los episodios recientes de interrupción del paso Los Libertadores pusieron nuevamente el foco sobre la necesidad de fortalecer la infraestructura que sostiene el principal corredor terrestre entre Chile y Argentina. Para el Puerto Terrestre de Los Andes, el desafío no pasa únicamente por aumentar espacios para camiones, sino por avanzar hacia un sistema con mayor capacidad de respuesta, integración modal y coordinación entre los distintos actores de la cadena logística.
En esa perspectiva, las inversiones previstas para el corto, mediano y largo plazo buscan acompañar la evolución de los flujos internacionales. Ricardo Ghiorzi, gerente del Puerto Terrestre de Los Andes, plantea -en el marco del congreso Logired- que la infraestructura debe entenderse como parte de un sistema logístico regional más amplio, en el que el Valle de Aconcagua y los terminales marítimos de la zona central tengan una mayor articulación.
La primera respuesta ya está en ejecución. Una ampliación ubicada aproximadamente tres kilómetros del recinto actual permitió incorporar 200 nuevos calzos para camiones, infraestructura construida en el marco de la extensión de la concesión acordada en febrero de 2025. Esta primera etapa busca atender las necesidades más inmediatas de capacidad y entregar mayor flexibilidad a la operación fronteriza.
El plan contempla además una segunda fase con otros 300 calzos, con la que se apunta a aumentar de manera significativa la capacidad disponible. La ampliación forma parte de una estrategia escalonada que considera soluciones para el corto y mediano plazo, mientras se prepara una transformación de mayor alcance para la infraestructura.
En el horizonte de largo plazo aparece una nueva concesión por 20 años, cuyo proceso se encuentra en desarrollo y cuya entrada en operación está prevista para 2029. La renovación representa una oportunidad para definir las condiciones de infraestructura y operación que deberá tener el recinto frente a los cambios que experimente el comercio internacional y el corredor fronterizo durante las próximas dos décadas.
Los beneficios de la infraestructura ferroviaria
Uno de los desafíos de mayor impacto estratégico es la incorporación del ferrocarril como complemento al transporte carretero. La propuesta apunta a avanzar hacia una estación intermodal que permita transferir carga desde el modo terrestre hacia el ferroviario y conectar el área cordillerana con los puertos marítimos de la Región de Valparaíso.
Para Ghiorzi, una infraestructura ferroviaria de estas características tendría beneficios que excederían a la ciudad de Los Andes. El principal impacto estaría en los puertos marítimos de la zona central, al generar una alternativa para movilizar carga internacional hacia los terminales del litoral y contribuir a mejorar sus condiciones de acceso. El proyecto también podría adquirir relevancia para futuros flujos de minerales que utilicen el corredor.
La discusión sobre infraestructura, sin embargo, no se limita a construir nuevos espacios o vías de transporte. El ejecutivo identifica coordinación, confianza e información como factores determinantes para que el sistema funcione de manera integrada. Bajo esta lógica, la logística debe incorporarse a la planificación regional como un proceso transversal y no solamente como un conjunto de servicios que operan de manera independiente.
Esta coordinación adquiere especial relevancia frente a los eventos climáticos que han interrumpido el tránsito internacional. El cierre del paso Los Libertadores durante 34 días demostró la vulnerabilidad del corredor, pero también permitió observar la capacidad de respuesta de los organismos involucrados. Tras la reapertura, la coordinación entre las distintas instituciones permitió movilizar 2.500 camiones en dos días, pese a que inicialmente se había previsto realizar esa operación en tres jornadas.
Pieza clave del sistema logístico nacional
La magnitud del corredor explica la necesidad de avanzar en esta planificación. Según los antecedentes presentados por Ghiorzi, aproximadamente 36,9% del flujo terrestre internacional de Chile se concentra en este paso, con cerca de 400.000 camiones anuales en ambos sentidos. Al Puerto Terrestre llegan alrededor de 167.000 camiones, equivalentes a unos 3,7 millones de toneladas de carga.
El peso de esta infraestructura también quedó demostrado durante la pandemia. En 2020, mientras los otros puertos de la Región de Valparaíso registraban retrocesos, el Puerto Terrestre de Los Andes fue el único que aumentó su actividad, debido principalmente al carácter esencial de buena parte de las mercancías que transitan por sus instalaciones, entre ellas alimentos y productos destinados al consumo interno.
El modelo de operación presenta además una característica particular dentro del sistema portuario chileno. El propietario del recinto es el Estado de Chile y el mandante es el Servicio Nacional de Aduanas, mientras que la concesionaria desarrolla la operación. Por su naturaleza, el Puerto Terrestre no constituye técnicamente un puerto seco ni forma parte administrativamente de las concesiones de los puertos marítimos.
Su relevancia, sin embargo, se extiende mucho más allá de sus instalaciones. En torno al recinto se ha desarrollado un ecosistema de servicios públicos, agencias de aduana, transportistas y operadores logísticos que sostiene buena parte del comercio terrestre internacional. A esto se suman actividades de capacitación y formación, consolidando una comunidad logística que, según Ghiorzi, involucra a cientos de trabajadores y atiende diariamente a cerca de 700 conductores.
El desafío para los próximos años será articular las distintas inversiones bajo una misma estrategia: más capacidad, mayor resiliencia y una integración efectiva entre carretera y ferrocarril. En ese escenario, el Puerto Terrestre de Los Andes busca dejar de ser entendido únicamente como infraestructura fronteriza para consolidarse como uno de los componentes del sistema logístico que conecta el comercio internacional con los principales puertos y centros de consumo de la zona central.