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E-Commerce

eCommerce: los desafíos para enfrentar una última milla más cara y exigente

El ajuste impacta en un momento crítico para la cadena de suministro.

El incremento de combustibles impacta los costos logísticos en pleno peak de demanda online, presionando márgenes, y niveles de servicio en la distribución. En conversación con Agenda Logística, el director del Centro de Innovación en Transporte y Logística de la Universidad Diego Portales. Karol Suchan, analiza el presente y futuro de las operaciones urbanas.

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El alza de los combustibles registrada el 26 de marzo reconfiguró el escenario con que la logística chilena enfrentó el primer gran evento masivo de eCommerce de 2026, introduciendo una presión directa sobre los costos operacionales en un periodo de alta demanda y exigencia en los niveles de servicio. El ajuste impacta en un momento crítico para la cadena de suministro, donde bodegas, flotas y plataformas tecnológicas deben responder a peaks de volumen cada vez más intensos.

El cambio se vuelve particularmente relevante al considerar la estructura energética del transporte en Chile. Mientras el reparto liviano vinculado a plataformas digitales depende en mayor medida de vehículos a bencina, la distribución tradicional, la reposición de retail y una parte significativa de la última milla continúan operando sobre base diésel. Esta diferencia amplifica el impacto del alza, generando una presión asimétrica dentro del ecosistema logístico.

A este escenario se suma el fin parcial de los mecanismos de amortiguación que venían conteniendo el precio del diésel. Hasta antes del ajuste, el sistema absorbía una parte relevante del costo, lo que permitía sostener cierta estabilidad en las tarifas de transporte. La reducción de ese “colchón” implica que el precio comienza a reflejar de forma más directa las condiciones del mercado internacional, trasladando rápidamente el impacto hacia los operadores logísticos.

“El problema, además, no es sólo el salto en surtidor. Hasta antes de esa fecha, el sistema venía amortiguando con mucha fuerza el precio del diésel. En la práctica, el Estado ya no sólo estaba dejando de recaudar parte del impuesto específico, sino absorbiendo una porción relevante del costo. Cuando ese colchón se reduce y el precio vuelve a reflejar más crudamente la realidad internacional, el impacto para el transporte de carga se siente de inmediato”, señaló -en conversación con Agenda Logística- Karol Suchan, director del Centro de Innovación en Transporte y Logística de la Universidad Diego Portales.

En paralelo, las medidas paliativas implementadas han estado orientadas principalmente al transporte de personas y al gasto de los hogares, dejando al transporte de carga con menor nivel de protección frente a este nuevo escenario. Esta diferencia de enfoque, si bien responde a criterios sociales, expone con mayor fuerza a un sector que enfrenta semanas de alta exigencia operativa, justo cuando el canal online concentra mayores volúmenes de despacho.

Las rutas continúan operando, pero con márgenes más estrechos.

El riesgo de la sostenibilidad de las operaciones

“El impacto más inmediato será un aumento fuerte en los costos de transporte, pero el verdadero problema es otro: la aparición de servicios que, bajo las tarifas actuales, pueden dejar de ser rentables”, explicó Suchan. La nueva realidad de precios comienza a tensionar la viabilidad de servicios que, bajo esquemas tarifarios previamente acordados, operaban con márgenes acotados. En este contexto, el riesgo no es solo el encarecimiento del despacho, sino la sostenibilidad de ciertas operaciones.

Esto se agrava por la rigidez contractual que caracteriza al mercado logístico chileno. Una parte importante de las relaciones entre comercios y transportistas se define mediante contratos anuales o acuerdos semestrales, diseñados para otorgar previsibilidad. Sin embargo, esa estabilidad se construyó sobre una estructura de costos que cambió abruptamente, dificultando ajustes en el corto plazo.

El director del Centro de Innovación en Transporte y Logística de la UDP indicó que “cuando el combustible ya representaba una fracción alta del costo de transporte, una subida brusca del diésel no se absorbe con pequeños ajustes. Golpea la base misma del negocio”. Esta situación se vuelve especialmente crítica en eventos tipo cyber, donde predominan tarifas ajustadas, descuentos por volumen y promesas comerciales exigentes que dejan poco espacio para absorber incrementos de costos.

En este contexto, comienza a configurarse una tensión operativa que puede no ser visible para el consumidor, pero que afecta directamente la ejecución logística. Las rutas continúan operando, pero con márgenes más estrechos, menor disposición a reforzar flotas y una creciente selectividad por parte de los transportistas respecto a qué servicios ejecutar, considerando variables como ubicación, horarios y complejidad de entrega.

El principal riesgo radica en la pérdida de holgura operativa. A medida que se reduce la flexibilidad de la red logística, aumentan las probabilidades de atrasos, reprogramaciones y desviaciones en los niveles de servicio. En este tipo de escenarios, las disrupciones no suelen manifestarse como quiebres abruptos, sino como una acumulación de ineficiencias que se intensifican en periodos de alta demanda.

Frente a este escenario, “la tecnología va a ser clave, pero no como varita mágica. Su aporte más realista será ayudar a usar mejor la capacidad disponible, no reemplazar la capacidad que falte”. Las soluciones de optimización de rutas permiten mejorar el uso de la capacidad disponible, reducir kilómetros improductivos y mejorar la secuenciación de entregas, lo que puede traducirse en eficiencias operacionales concretas en categorías de alta exigencia.

“Herramientas como Drivin, SimpliRoute o DispatchTrack permiten planificar rutas con más lógica, reducir kilómetros improductivos, secuenciar mejor las paradas, monitorear desvíos y reaccionar más rápido cuando una entrega se complica”, sostuvo Suchan. Sin embargo, su implementación no es homogénea en el mercado y Muchas operaciones aún dependen de planificación manual o herramientas parciales, lo que limita el impacto inmediato de estas tecnologías.

A esto se suma una restricción estructural vinculada al modelo comercial del eCommerce. La promesa de entregas cada vez más rápidas y con alta precisión reduce el margen para consolidar pedidos, afectando directamente la eficiencia de las rutas. En este sentido, el desafío no solo es tecnológico, sino también estratégico en la definición de las promesas de servicio.

Se hace necesario avanzar en ajustes estructurales dentro del sistema.

La necesidad de potenciar la eficiencia operativa

En paralelo, emergen soluciones digitales que permiten acceder a capacidad logística adicional en momentos de alta demanda y que facilitan la conexión con transportistas disponibles, especialmente en servicios punto a punto, funcionando como un respaldo frente a la eventual reducción de oferta por parte de operadores tradicionales.

“Plataformas como CamionGo, y en ciertos casos soluciones como Shippify o Wherex según el tipo de necesidad, pueden ayudar a encontrar capacidad cuando algunos transportistas regulares no quieran seguir operando a las tarifas pactadas”, explicó el académico de la Universidad Diego Portales.

No obstante, su alcance en la última milla es aún limitado. La complejidad de las rutas multipunto, la gestión de incidencias y la interacción con el cliente final requieren capacidades que van más allá de la simple asignación de transporte, por lo que estas plataformas tienden a operar como complemento más que como sustituto de redes logísticas consolidadas. En este contexto, se vuelve necesario avanzar en ajustes estructurales dentro del sistema. La renegociación de tarifas, la segmentación de servicios según nivel de urgencia y complejidad, y la incorporación de mayor flexibilidad en las promesas de entrega aparecen como elementos clave para sostener la operación en un escenario de costos más altos.

Así, el desarrollo del eCommerce en Chile ha estado marcado por una primera etapa de crecimiento acelerado impulsada por la pandemia. El escenario actual abre paso a una segunda fase, donde la eficiencia operativa, la optimización de recursos y la adaptación a condiciones más exigentes de costos serán determinantes para la sostenibilidad del sistema logístico en el mediano plazo.