Columna de Opinión
El tren a La Calera: decisión clave para la región de Valparaíso
Alvaro Peña Fritz, profesor titular de la PUCV y consejero del Consejo de Políticas de Infraestructura analiza los desafíos para transformar la extensión ferroviaria Limache–La Calera en una obra ejecutable, destacando el impacto que tendrá en conectividad, desarrollo urbano, integración territorial y recuperación de infraestructura ferroviaria estratégica.
La aprobación unánime de la Comisión de Evaluación Ambiental de Valparaíso al proyecto de extensión ferroviaria desde Limache hacia Quillota, La Cruz y La Calera constituye una decisión para transformar una aspiración largamente postergada en una obra concreta que favorece a la región.
El proyecto -con inversión estimada en torno a US$811 millones, con 26 kilómetros de extensión ferroviaria y siete estaciones en total-, es una de las mayores inversiones para la zona en 20 años. También contempla recuperación de estaciones, una vía para carga y 15 nuevos trenes, entre otros.
La extensión podría sumar a seis millones de pasajeros anuales, adicionales a los 23 millones que actualmente utilizan el servicio Limache–Puerto. También se estiman ahorros de viaje de 89 minutos entre el puerto y La Calera y de 24 minutos, entre las comunas de Limache y La Calera.
La infraestructura bien concebida beneficia a las comunidades en múltiples áreas. Este tipo de iniciativas cambia decisiones cotidianas: dónde estudiar, trabajar, vivir o invertir. Ahora, el tren por sí solo no resuelve la conectividad si no se integra con redes de buses, equipamientos y servicios locales.
También hay beneficios urbanos y ambientales relevantes. La operación ferroviaria eléctrica, los pasos desnivelados, la mayor seguridad vial, la reducción de conflictos entre flujos urbanos y ferroviarios y la posibilidad de ordenar el desarrollo en torno a estaciones son elementos que elevan la calidad de vida y la productividad territorial.
Además, el proyecto incorpora componentes patrimoniales, incluyendo intervenciones en la Estación Limache y la rehabilitación del Monumento Histórico Edificio Estación La Calera y su entorno, lo que permite entender esta obra no solo como transporte, sino como recuperación de memoria urbana e identidad ferroviaria.
La propia información del proyecto señala que la obtención de la Resolución de Calificación Ambiental permite activar permisos sectoriales, modificación de servicios, obras tempranas, rescates arqueológicos, toma de posesión de terrenos expropiados e ingeniería de detalle. Allí radica el verdadero desafío: pasar de la viabilidad ambiental y superar la permisología, a la ejecutabilidad técnica. La inversión ferroviaria genera empleo directo lo que es clave en tiempos de emergencia económica.
La región de Valparaíso no puede permitirse que este proyecto quede atrapado en la categoría de “anuncio”, sino que se necesita recuperar la conectividad.
En ese sentido, la primera cuenta pública del presidente Kast, que se hará el 1 de junio, aparece como una oportunidad, donde se podría comprometer el inicio de una nueva etapa que consista en un cronograma de obras habilitantes con fecha de inicio de obras y presupuesto.
Este nuevo servicio es mucho más que el retorno de una tradición ferroviaria. Es una oportunidad para que el Estado demuestre capacidad de planificar, aprobar y ejecutar infraestructura compleja en favor de las personas. La aprobación ambiental fue el paso indispensable. Ahora corresponde transformar ese hito en un impulso decidido al desarrollo.