Columna de Opinión
Corredor Biobío-Neuquén: eje estratégico para la integración comercial
Oscar Figueroa, académico del Instituto Estudios Urbanos U. Católica y miembro del comité de logística del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI), analiza el potencial del Corredor Bioceánico Biobío-Neuquén como una infraestructura estratégica para fortalecer la integración regional, ampliar el comercio con Asia y consolidar a Chile como plataforma logística del Cono Sur.
En el escenario económico global, la reconfiguración de las rutas logísticas y el acceso eficiente a los mercados constituyen variables críticas para el desarrollo de América Latina. En este contexto, el proyecto del Corredor Bioceánico que conecta la Región del Biobío con la Provincia de Neuquén, en Argentina, es un imperativo económico clave. Este eje transversal no solo promete redefinir la conectividad territorial entre ambas naciones, sino que se erige como una plataforma para la activación del comercio exterior.
Es parte consustancial de Chile ser un país plataforma para el transporte y la movilidad de bienes en toda su latitud y dicha potencialidad todavía nos depara importantes oportunidades.
La relevancia estratégica de este corredor se ve potenciada por la proximidad y el desarrollo exponencial del yacimiento Vaca Muerta, en el vecino país, una de las reservas de gas y petróleo más extensas del mundo, representa un cambio de paradigma energético regional. Sin embargo, el potencial productivo de este sitio se encuentra intrínsecamente limitado por sus capacidades de transporte hacia mercados de alta demanda.
Así, la infraestructura del Biobío ofrece una ventaja competitiva. La articulación de redes ferroviarias y viales eficientes a través de los pasos fronterizos de la zona permitiría una salida directa, fluida y económicamente viable para los recursos energéticos e industriales argentinos hacia el Océano Pacífico. Por el lado trasandino, se requiere asfaltado de 90 kilómetros, y en el sector nacional, se proyecta la pavimentación de la Ruta Q-45, aunque los desafíos de este tipo requieren infraestructura de pasos fronterizos, puertos, servicios ferroviarios y otros.
Desde la perspectiva del comercio internacional, el destino prioritario y natural de estos flujos de exportación es Asia. Los mercados del Asia-Pacífico, caracterizados por una demanda energética sostenida y un dinamismo comercial, exigen cadenas de suministro que minimicen tanto los tiempos de tránsito como los costos de flete. Al canalizar la producción de Vaca Muerta y de los complejos agroindustriales del interior argentino a través de este corredor transandino, se reduce drásticamente la dependencia de las rutas atlánticas tradicionales.
Asimismo, los complejos portuarios del Biobío —que incluyen terminales con alta especialización logística— están plenamente calificados para absorber y procesar este incremento de carga. Por ejemplo, la distancia hacia el puerto de Talcahuano, es menor que la que se recorre hacia Bahía Blanca.
De esta forma, el desarrollo definitivo del corredor Biobío-Neuquén podría ser un espacio que abra la puerta a mayores intercambios y al desarrollo económico entre ambas naciones. La reunión entre las autoridades argentinas y chilenas en la misma zona fue un hito de cooperación, voluntad que ahora debe pasar a la acción.
Los impactos de esta iniciativa deben constituir sin duda un aporte a la actividad económica, dinamizando la zona y el país entero.