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Columna de Opinión

Chile frente al desafío de una logística resiliente

"La resiliencia ya no se sostiene acumulando inventario", señalan los analistas.

Sandra Chamorro y Guillermo Schaffeld, Magíster en Dirección de Operaciones, Logística y Cadenas de Suministro de la Universidad Autónoma de Chile analiza cómo las crisis en los canales de Suez y Panamá, junto con los ciberataques, exigen que las empresas chilenas migren hacia cadenas de suministro inteligentes y colaborativas.

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La logística moderna y las cadenas de suministro sostienen el engranaje cotidiano de las economías. No solo movilizan productos desde la fábrica hasta el hogar; también garantizan la continuidad de sectores estratégicos como salud, alimentación, energía, minería y comercio exterior.

El transporte marítimo es el eje de esta interdependencia. Según la UNCTAD, concentra más del 80% del comercio mundial, un flujo hoy presionado por tensiones geopolíticas, alzas de costos e incertidumbre operativa. En este escenario, la logística muta: deja de ser un servicio de soporte para convertirse en infraestructura crítica, un asunto de seguridad nacional y competitividad.

Los conflictos armados ya no son locales; alteran rutas, pólizas de seguro, combustibles y disponibilidad de contenedores. Las crisis en el Mar Rojo y el Canal de Suez, sumadas a las restricciones climáticas en el Canal de Panamá, evidencian que las cadenas de suministro no pueden diseñarse bajo supuestos de estabilidad permanente. Cada ruta exige hoy medir su riesgo geopolítico y su vulnerabilidad.

La pandemia de COVID-19 anticipó esta realidad. Cierres de fronteras y colapsos portuarios expusieron la fragilidad de procesos hiper optimistas. La escasez global de semiconductores e insumos médicos demostró que el modelo Just-in-Time, eficiente en la normalidad, es insuficiente ante disrupciones simultáneas.

A esto se añaden catástrofes climáticas, fallas energéticas y ciberataques que amenazan puertos y carreteras. La logística actual exige una visión de riesgo sistémico: la caída de un solo nodo crítico propaga el impacto de forma inmediata.

Si el paradigma tradicional priorizó costo y velocidad, hoy debe integrar variables climáticas, trazabilidad y capacidad de recuperación. La resiliencia ya no se sostiene acumulando inventario, sino mediante información oportuna y coordinación digital. Tecnologías como IA, blockchain y analítica predictiva construyen cadenas inteligentes y visibles, aunque su adopción obliga a robustecer la ciberseguridad ante la exposición a nuevos ataques informáticos.

Para Chile, geográficamente distante y profundamente abierto al comercio global, la resiliencia logística es una urgencia estratégica. El desafío es transitar desde la eficiencia aislada hacia un ecosistema digital y colaborativo.

En un mundo volátil, la logística es un pilar de estabilidad económica y social. El dogma de la eficiencia extrema debe equilibrarse con la capacidad de adaptación. Para Chile la disyuntiva es clara: evolucionar o quedar expuestos. La ventaja competitiva del futuro ya no la dictará el menor costo, sino la habilidad para ser más visibles, inteligentes, confiables y, sobre todo, resilientes.