Comercio Internacional
Región del Maule retoma liderazgo en la nueva etapa del kiwi chileno
La región concentra cerca del 30% de la superficie nacional y emerge como eje productivo y técnico del cultivo, en un escenario marcado por reconversión, diversificación de mercados y adaptación climática.
El cultivo del kiwi vuelve a ganar espacio en la fruticultura chilena con un punto de apoyo claro en la Región del Maule. En la Provincia de Curicó, una combinación de condiciones agroclimáticas, conocimiento técnico y ajustes productivos está impulsando una nueva etapa para esta especie, que durante años quedó relegada frente a otros frutales de mayor expansión.
Para comprender este proceso, el presidente del Comité del Kiwi de Chile, Carlos Cruzat, plantea -en entrevista publicada por el diario La Prensa- que el Maule ha sido históricamente más que una zona de producción. La región concentra hoy cerca del 30% de la superficie nacional de kiwi, un dato que refleja su peso estructural en la industria y su influencia en la evolución futura del cultivo en el hemisferio sur.
El desarrollo del kiwi en Chile se remonta a fines de los años setenta y comienzos de los ochenta, con Curicó y Los Andes como polos iniciales. Aunque el fruto suele asociarse a Nueva Zelanda, su origen es asiático y su posicionamiento internacional respondió más a estrategias comerciales que a una ventaja genética exclusiva. En ese recorrido, el Maule consolidó tempranamente un rol protagónico que mantiene hasta hoy.
Desde el punto de vista productivo, Cruzat subraya que el liderazgo regional se explica por una lectura precisa del territorio. Las zonas cercanas a la cordillera cuentan con suelos de alta calidad, pero enfrentan mayores riesgos de heladas, mientras que los sectores con influencia costera presentan un clima más favorable, pese a suelos más complejos. Esta diferenciación ha permitido optimizar la localización de huertos y mejorar resultados.
El escenario actual contrasta con el periodo de estancamiento vivido entre 2010 y 2020, marcado por la expansión de la cereza y el impacto de la bacteriosis PSA, que redujo superficie y desincentivó nuevas plantaciones. La pandemia de Covid-19 modificó ese panorama, al revalorizar el kiwi por su alto contenido de vitamina C y fortalecer la demanda en los principales mercados.
A ello se sumó una modernización técnica significativa. Riego de precisión, polinización asistida, mallas de protección y mayor mecanización son parte de las prácticas que hoy predominan en los huertos del Maule. La capacitación también se amplió, incorporando herramientas digitales que permiten transferir conocimiento a administradores y trabajadores, no solo a los propietarios.
En materia comercial, el destino de la fruta se ha diversificado. Europa continúa recibiendo alrededor del 40% de los envíos, pero Latinoamérica ha incrementado su participación, con Brasil como uno de los mercados de mayor crecimiento. India aparece como el nuevo foco de expansión, con volúmenes que superan ampliamente los registrados una década atrás.
Mirando hacia adelante, el cambio climático refuerza la posición del Maule. El aumento de temperaturas en la zona central está desplazando el cultivo hacia el sur, abriendo oportunidades en Maule, Ñuble y Biobío. En ese contexto, la región podría duplicar su superficie al 2030-2031, con desafíos claros en gestión hídrica y control de heladas, pero con una base técnica que respalda su liderazgo en la industria del kiwi.