Almacenamiento y Bodegaje
Almacenamiento en frío se redefine entre la modernización y sobreoferta
La demanda se mantiene activa, pero se concentra en infraestructura de alto estándar, mientras instalaciones antiguas enfrentan vacancias históricas, en un mercado tensionado por cambios en el consumo, presión de costos y ajustes en la inversión logística.
El mercado logístico vinculado a productos perecibles enfrenta un escenario de ajuste, marcado por cambios en los patrones de consumo, presión sobre costos y una creciente exigencia por eficiencia operativa. En este contexto, el segmento de almacenamiento en frío se posiciona como un eslabón crítico, aunque con dinámicas internas cada vez más segmentadas.
De acuerdo con un informe de Newmark, durante 2025 el mercado estadounidense registró una absorción positiva cercana a los 3,5 millones de pies cuadrados. Sin embargo, este crecimiento convive con una tasa de vacancia en niveles máximos en dos décadas, reflejando un proceso de ajuste tras la expansión de oferta observada en años recientes.
La demanda, en este escenario, se ha vuelto más selectiva. Las empresas están priorizando instalaciones modernas, diseñadas para altos estándares de eficiencia, automatización y sostenibilidad. En contraste, los activos más antiguos enfrentan tasas de desocupación récord, evidenciando una brecha estructural en la calidad de la infraestructura disponible.
Este cambio se traduce en una clara segmentación del mercado. Mientras los centros de almacenamiento de última generación consolidan su participación y capturan la mayor parte de la demanda, los recintos tradicionales quedan rezagados, obligando a operadores y desarrolladores a evaluar procesos de modernización o reconversión para mantenerse competitivos.
En paralelo, factores macroeconómicos están incidiendo en la planificación logística. La menor confianza del consumidor, junto con una demanda más volátil en distintas categorías de alimentos, está impactando las decisiones de inventario y el uso de capacidad. Esto ha llevado a una revisión de estrategias, donde la optimización del espacio y la flexibilidad operativa adquieren mayor relevancia.
A nivel de desarrollo, se observa una desaceleración en la construcción de nuevos proyectos, con una caída en la superficie en desarrollo hasta aproximadamente 5,9 millones de pies cuadrados, su nivel más bajo desde 2020. Si bien esto podría contribuir a estabilizar el mercado en el corto plazo, la brecha entre infraestructura moderna y obsoleta se mantendría, consolidando un escenario donde la competitividad dependerá cada vez más de la calidad y desempeño de las instalaciones.