Almacenamiento y Bodegaje
Cómo la última milla redefine el almacenamiento urbano y sus costos
La presión del comercio electrónico está reconfigurando la infraestructura urbana, elevando los costos de distribución y acelerando la adopción de microcentros, tecnología avanzada y modelos colaborativos en ciudades chilenas y mercados internacionales.
La última milla concentra hoy el mayor nivel de complejidad operativa dentro de la cadena de suministro. Diversos estudios estiman que puede representar hasta el 50% del costo total de distribución, debido a congestión, intentos fallidos de entrega y alta fragmentación de pedidos. Esta proporción ha aumentado en paralelo al crecimiento sostenido del comercio electrónico.
El consumidor digital exige entregas same-day o en ventanas cada vez más acotadas, lo que reduce márgenes de planificación y obliga a reposicionar inventarios cerca del punto de consumo. Este cambio estructural está desplazando el modelo tradicional basado en grandes centros periféricos hacia redes híbridas con infraestructura urbana.
En este contexto, los micro-fulfillment centers (MFC) se consolidan como una de las principales soluciones. Estas instalaciones de menor escala, ubicadas en zonas estratégicas de la ciudad, permiten acortar distancias de reparto, reducir tiempos de entrega y optimizar costos de transporte. Su implementación responde directamente a la necesidad de proximidad logística.
“Hay modelos más corporativos que combinan opciones de Fulfillment y Crossdock para sus vendedores, y otros más innovadores y colaborativos. Además, existen formatos emergentes en versiones más experimentales, que permiten apalancar tiendas físicas para hacer despachos directo desde las tiendas, lo que introduce un componente de capilaridad territorial y uso intensivo de infraestructura existente", explica Jaime Dacaret, country manager de DHL Express Chile.
Por su parte, Ignacio Orellana, CEO de Sistemo, señala que, “en Chile, la adopción de soluciones GTP está creciendo de forma sostenida, especialmente en operaciones de e-commerce, retail y fulfillment omnicanal, donde la velocidad, la precisión y la escalabilidad son críticas, y el impacto se observa rápidamente en productividad y nivel de servicio".
Complementariamente, los centros de consolidación urbana (UCC) buscan racionalizar el ingreso de mercancías a áreas de alta densidad. Mediante la agrupación de carga de múltiples operadores antes de la distribución final, se disminuye el número de viajes y se mejora la eficiencia en rutas urbanas. Este modelo también contribuye a reducir emisiones y congestión.
La digitalización es otro pilar crítico. Sistemas de optimización de rutas basados en inteligencia artificial permiten ajustar despachos en tiempo real, considerando tráfico, restricciones horarias y capacidad de flota. Esto impacta directamente en la productividad por vehículo y en la reducción de kilómetros recorridos.
De la trazabilidad a la electromovilidad en logística
La visibilidad en línea y la trazabilidad se han transformado en variables competitivas. Plataformas integradas permiten monitorear inventario, entregas y desempeño de flota, mejorando la coordinación entre almacenes urbanos y centros regionales. La información en tiempo real reduce errores y mejora la experiencia del cliente.
En paralelo, la diversificación de flotas hacia vehículos eléctricos ligeros, bicicletas de carga y soluciones de reparto de menor tamaño responde tanto a metas ambientales como a restricciones regulatorias en zonas céntricas. Estas alternativas muestran eficiencia en trayectos cortos y reducción de costos operativos por entrega.
Más allá de la electromovilidad, Álvaro Echeverría, CEO de SimpliRoute, enfatiza el diseño inteligente de rutas y horarios ya que “no es solo usar autos eléctricos, es definir rutas más eficientes, salir en horarios con menos congestión y menor impacto ambiental”, explica. Como resultado, los clientes de la plataforma reducen en promedio un 10% su flota operativa y cerca de un 27% sus emisiones de CO₂.
Experiencias internacionales indican que la combinación de micro-almacenamiento, consolidación y tecnología puede reducir tiempos de entrega entre 30% y 70%, dependiendo del grado de integración operativa. Los resultados reflejan mejoras en puntualidad, reducción de emisiones y optimización del uso de activos.
“Hay una creciente tendencia en la que pequeños players están externalizando su bodegaje para lograr mejores tiempos de entrega, canalizar mejor los eventos peak sin sacrificar la promesa y liberar foco de sus ejecutivos, que gastan gran parte de su tiempo en la operación con el fin de que puedan enfocarse en el negocio”, indicó Jaime Dacaret.
En un escenario de crecimiento sostenido del e-commerce, el almacenamiento de última milla deja de ser una solución táctica para convertirse en un componente estructural de la planificación logística urbana. La capacidad de integrar infraestructura cercana al cliente, tecnología avanzada y modelos colaborativos definirá la competitividad de operadores y retailers en los próximos años.