Logística y Distribución
Alza del diésel: incertidumbre vuelve a tensionar al transporte de carga
El diésel representa cerca del 30% del Índice de Costos del Transporte y su volatilidad vuelve a tensionar los costos operacionales. El sector enfrenta además incertidumbre sobre la evolución de los precios durante los próximos meses.
El precio del diésel vuelve a instalarse como una variable relevante para el transporte terrestre de carga, en un escenario internacional marcado por la volatilidad del petróleo y por incertidumbres relacionadas con la oferta de combustibles. Para un sector que moviliza buena parte de las mercancías dentro del país, las variaciones de este insumo tienen efectos que van más allá del costo de llenar el estanque.
La importancia del combustible dentro de la estructura de costos explica la sensibilidad del sector frente a estos movimientos. El economista sénior del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP), Juan Ortiz, señala que los combustibles tienen una ponderación cercana al 30% dentro del Índice de Costos del Transporte, convirtiéndose en uno de los componentes con mayor capacidad para modificar la evolución de los costos operacionales.
Esta ponderación permite dimensionar el impacto de los incrementos acumulados. Cuando el precio del diésel aumenta de manera sostenida, el efecto comienza a reflejarse en los costos asociados a la operación de los vehículos y puede terminar modificando la estructura económica de los servicios de transporte, particularmente en aquellas operaciones con elevados kilometrajes o menores posibilidades de optimización.
Sin embargo, un aumento del costo del combustible no implica necesariamente que las tarifas de transporte suban en la misma proporción. Ortiz plantea que el eventual traspaso depende de las condiciones de oferta y demanda existentes en cada mercado, además de la elasticidad de los precios y de la capacidad de las empresas para absorber parte del impacto mediante menores márgenes.
Esta distinción resulta relevante para entender el efecto real sobre la cadena logística. Una empresa transportista puede enfrentar un incremento significativo de sus costos sin tener necesariamente la posibilidad de trasladarlo inmediatamente a sus clientes. En mercados con alta competencia o con contratos establecidos previamente, parte del shock puede ser absorbido temporalmente por los propios operadores.
El problema cambia cuando las alzas se mantienen durante un período prolongado. En ese escenario, la capacidad de las empresas para reducir márgenes tiene un límite y aumenta la presión para renegociar tarifas, incorporar cláusulas de ajuste por combustible o modificar las condiciones comerciales de los servicios de transporte.
El riesgo de nuevas presiones en el mercado
Desde la Confederación Nacional de Dueños de Camiones (CNDC) advierten precisamente sobre la dificultad que representa proyectar los costos en un escenario de alta incertidumbre. El gremio señala que no existe claridad suficiente respecto de cómo evolucionarán los precios durante el resto del año, considerando que las condiciones internacionales continúan siendo inestables.
A esto se suma la situación de las refinerías que producen diésel. De acuerdo con la CNDC, las dificultades de oferta no muestran señales claras de una solución rápida, lo que mantiene abierto el riesgo de nuevas presiones sobre el mercado. Para las empresas de transporte, esto dificulta la elaboración de presupuestos y la planificación de sus operaciones a mediano plazo.
La incertidumbre también tiene una dimensión contractual. Los servicios de transporte de carga suelen operar bajo acuerdos que consideran tarifas, volúmenes y períodos determinados. Cuando los costos del combustible presentan variaciones relevantes durante la vigencia de esos contratos, surge la necesidad de definir quién absorbe el diferencial y bajo qué mecanismos puede actualizarse el precio del servicio.
El efecto puede extenderse posteriormente hacia los generadores de carga. El transporte constituye un componente transversal de las cadenas productivas, por lo que mayores costos de movilización pueden afectar a industrias que dependen del traslado de materias primas, insumos y productos terminados. La magnitud de ese impacto, sin embargo, dependerá de las características de cada sector y de su capacidad para absorber o trasladar los mayores costos.
La experiencia de episodios anteriores permite observar esta diferencia entre el impacto directo y el efecto agregado sobre la economía. Ortiz recuerda que a fines de marzo se registró un incremento superior a $500 por litro en el precio del diésel. Aunque el shock tuvo una incidencia directa importante sobre el IPC, los efectos indirectos sobre la economía fueron relativamente más acotados.
Esto no significa que el transporte quede al margen del impacto. Por el contrario, el efecto puede concentrarse inicialmente en las estructuras de costos de las empresas del sector, afectando sus márgenes y competitividad antes de manifestarse de manera más amplia en los precios de otros bienes y servicios.
¿Mepco implica mayor costo para el Fisco?
En este escenario, el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco) adquiere un papel relevante. Su objetivo es suavizar las variaciones de los precios internos frente a los movimientos internacionales, evitando que los consumidores y las empresas enfrenten de manera inmediata toda la magnitud de un shock externo.
Según Ortiz, el mecanismo actualmente permite contener parte importante de la variación. Sin su funcionamiento, el incremento del precio mayorista del diésel asociado al escenario actual podría ser considerablemente mayor, alcanzando aproximadamente $250 por litro en determinadas circunstancias.
La utilización del Mepco, sin embargo, también tiene un costo fiscal. Una mayor contención de las alzas implica un mayor esfuerzo para las arcas públicas, lo que plantea un equilibrio entre moderar el impacto sobre los usuarios y mantener una trayectoria fiscal sostenible. Para el transporte de carga, el desafío seguirá siendo administrar una variable que tiene una baja capacidad de sustitución en el corto plazo y una incidencia cercana al 30% en su índice de costos.
Más allá de la variación puntual del precio del diésel, el escenario vuelve a poner en primer plano la necesidad de mejorar la eficiencia operacional del transporte. Optimización de rutas, reducción de kilómetros sin carga, mayor utilización de los equipos, gestión de flotas y tecnologías que permitan controlar el consumo pueden reducir parcialmente la exposición de las empresas a las fluctuaciones del combustible.
La transición hacia vehículos con otras fuentes de energía también aparece como una alternativa de largo plazo, aunque su incorporación en el transporte pesado enfrenta restricciones asociadas a autonomía, infraestructura de carga, disponibilidad tecnológica y costos de inversión. Por ello, en el corto y mediano plazo el diésel continuará siendo un insumo central para una parte importante del transporte terrestre de carga.
El escenario deja así una conclusión que trasciende el próximo ajuste de precios. Mientras persistan las incertidumbres sobre la oferta internacional de petróleo y derivados, el transporte deberá operar con mayores dificultades para proyectar sus costos. La evolución del diésel será, por tanto, un factor relevante no solo para los márgenes de las empresas transportistas, sino también para la competitividad de los servicios, las tarifas de flete y el costo logístico de las distintas cadenas productivas.