Logística y Distribución
Nearshoring: oportunidades para fortalecer el rol logístico y portuario de Chile
El reordenamiento de las cadenas globales de suministro abre oportunidades para que Chile fortalezca su rol como plataforma logística, portuaria y de servicios en Sudamérica, aunque persisten desafíos en infraestructura, conectividad y coordinación regional.
El reordenamiento de las cadenas globales de suministro tras la pandemia y las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China ha instalado al nearshoring como una de las principales tendencias del comercio internacional. La estrategia, que apunta a acercar operaciones productivas y logísticas a los mercados de destino, está modificando los flujos de inversión y abriendo oportunidades para América Latina, especialmente en sectores vinculados a manufactura, tecnología, minería, alimentos y distribución regional.
En el caso de Chile, el potencial se concentra principalmente en su capacidad para actuar como plataforma logística y exportadora en el Pacífico Sur. La extensa red de acuerdos comerciales, la estabilidad macroeconómica y la conectividad portuaria permiten al país posicionarse como un nodo relevante para operaciones regionales de distribución, almacenamiento y comercio internacional. A ello se suma el desarrollo de infraestructura portuaria en terminales como Puerto de San Antonio y Puerto de Valparaíso, además de su experiencia en cadenas de frío y exportaciones agroindustriales.
Otro de los espacios donde Chile podría capturar oportunidades está vinculado a industrias estratégicas asociadas al cobre, el litio, el hidrógeno verde y los servicios tecnológicos. El avance de la electromovilidad y la transición energética mundial están generando interés por desarrollar cadenas de suministro más cercanas y seguras para minerales críticos, ámbito donde el país posee ventajas competitivas. Sin embargo, especialistas advierten que para consolidar un rol más relevante en nearshoring, Chile deberá enfrentar desafíos relacionados con costos logísticos internos, infraestructura ferroviaria, permisología e incremento de capacidad portuaria.
“La oportunidad real para Chile no está en competir como destino de nearshoring manufacturero clásico, porque en esa cancha México tiene una ventaja evidente frente a Estados Unidos, como Europa Oriental la tiene frente a la Unión Europea. Nuestro país puede jugar, y con fuerza, como plataforma logística y de servicios para cadenas regionales más seguras y diversificadas porque cuenta con varios activos concretos: puertos en el Pacífico con conexión directa a Asia, una amplia red de acuerdos comerciales, experiencia exportadora en minería, agroindustria y alimentos, y una institucionalidad logística más ordenada que la de buena parte de la región”, explicó el director del Centro de Innovación en Transporte y Logística de la Universidad Diego Portales, Karol Suchan.
Agregó que Chile cuenta con algo aún más valioso que es una combinación de recursos estratégicos, energía renovable y estabilidad relativa que lo vuelve atractivo para operaciones que no buscan sólo un costo más bajo, sino también continuidad, trazabilidad y una menor exposición al riesgo geopolítico. La mayor oportunidad no está en que Chile ‘reemplace’ otras plataformas, sino en que se vuelva el punto de salida natural para una parte creciente de las exportaciones de recursos naturales y, gradualmente, de productos con un mayor nivel de procesamiento del Cono Sur”.
Infraestructura: clave para potenciar las opciones de nuestro país
En cuanto a las principales brechas que enfrentaría nuestro país se encuentra la condición de salida exportadora nacional más que una plataforma plenamente integrada de cadenas regionales. “Los corredores bioceánicos, los puertos del norte y varias zonas logísticas ya existen o están en expansión, pero aún operan por debajo de lo que exigiría una red regional más densa. Faltan mejores accesos viales, mayor capacidad extraportuaria, mayor fluidez en los pasos fronterizos, mejor coordinación aduanera y sanitaria, y una conexión más estable entre puertos, carreteras, depósitos, servicios ferroviarios y zonas de consolidación de carga”, destacó el académico.
“A eso se suma la lentitud para convertir estrategia en ejecución. Hay proyectos portuarios, logísticos y energéticos que avanzan, pero muchas veces lo hacen más lentamente de lo que exige la competencia internacional. En mi juicio, ese es el cuello de botella más delicado: no la falta de visión, sino la dificultad para aterrizarla. También existe una brecha regulatoria a nivel regional. Si Chile quiere captar inversiones ligadas a cadenas sudamericanas, no basta con mejorar su propio lado; necesita reglas más coordinadas con Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia en materia de tránsito, documentación, trazabilidad, estándares y tiempos de cruce”, sostuvo Suchan.
En lo concreto, hay una brecha productiva igual de importante ya que los puertos y corredores están más preparados para mover commodities que para sostener cadenas regionales más complejas. De esta manera, si se quiere atraer el warehousing, la distribución, la consolidación y la exportación de productos semiprocesados o componentes, harán falta más zonas logísticas, más servicios de valor agregado y una mejor integración entre la logística y la política industrial.
Consultado sobre cómo podría impactar el nearshoring en áreas como puertos, transporte multimodal, warehousing y distribución para el mercado sudamericano en los próximos años, el académico de la Universidad Diego Portales señaló que “el impacto más probable no será una explosión inmediata, sino un crecimiento gradual en complejidad y exigencia. El nearshoring y, sobre todo, el de-risking ya están empujando a empresas y gobiernos a buscar rutas más seguras, proveedores más confiables y mayor diversificación geográfica. En logística, eso suele traducirse en más necesidad de puertos eficientes, más almacenamiento, más trazabilidad, más nodos de consolidación y más transporte multimodal”.
Agregó que “para Chile, eso puede significar tres cosas. Primero, mayor presión sobre los puertos del norte para atender carga regional, especialmente minera, agroindustrial y de insumos estratégicos. Segundo, más demanda por warehousing, patios extraportuarios, zonas francas, servicios de consolidación y distribución para carga que no sólo sale de Chile, sino que cruza Chile. Tercero, una oportunidad concreta para que los corredores bioceánicos dejen de ser sólo una promesa vial y se transformen en un sistema logístico más completo, conectado con Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina”.
“Si la región logra coordinar mejor sus capacidades, el efecto del nearshoring podría sentirse en cadenas más sofisticadas: materiales intermedios, alimentos procesados, insumos industriales y componentes para energía y minería. Pero eso requiere una condición básica: que la logística chilena deje de pensarse sólo como apoyo al comercio exterior nacional y pase a diseñarse como plataforma regional de distribución y exportación. Ahí está, probablemente, la oportunidad más relevante para los próximos años”, concluyó Suchan.