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Comercio Internacional

Logística resiliente: el desafío del comercio exterior en tiempos de crisis

Las cadenas de suministro han dejado de ser estructuras lineales.

La presión sobre costos, rutas y abastecimiento redefine la gestión de las cadenas de suministro, impulsando a las empresas a adoptar estrategias más flexibles, colaborativas y orientadas a anticipar riesgos en un entorno global incierto.

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El comercio exterior opera actualmente bajo un escenario de alta incertidumbre, marcado por disrupciones geopolíticas, tensiones comerciales y presiones sobre los costos logísticos. Eventos recientes han impactado rutas marítimas, disponibilidad de insumos y tiempos de tránsito, configurando un entorno donde la estabilidad operativa ya no está garantizada.

En este contexto, las cadenas de suministro han dejado de ser estructuras lineales para convertirse en sistemas interdependientes, expuestos a múltiples riesgos simultáneos. La volatilidad en tarifas de transporte, combustibles y seguros, junto con restricciones comerciales y fluctuaciones cambiarias, está elevando los costos y complejizando la planificación de las operaciones.

Frente a este escenario, la industria avanza hacia modelos más resilientes, donde la visibilidad integral de la cadena, la diversificación de proveedores y la planificación basada en riesgos se posicionan como herramientas clave. A ello se suma la necesidad de fortalecer la integración regional y la coordinación entre actores, con el objetivo de asegurar continuidad operativa y mejorar la capacidad de respuesta ante futuras disrupciones.

En el marco del seminario “Comercio Exterior en tiempos de guerra”, organizado por Winlog, la experta en operaciones y logística, Yaneth Pinzón, enfatizó que las cadenas de suministro deben entenderse como ecosistemas interdependientes, donde cualquier disrupción global puede generar efectos en cascada. En ese sentido, subrayó que la volatilidad actual en costos y tiempos exige una mayor comprensión de toda la red logística.

“Estas cadenas no son lineales, no es que yo mueva un contenedor de un punto a otro sin variaciones, son ecosistemas interdependientes que son vulnerables a todas estas situaciones. La volatilidad en costos, los cambios de ruta, el precio del petróleo y las fluctuaciones cambiarias están impactando directamente nuestras operaciones”, explicó.

Entre las medidas prioritarias, destacó la necesidad de contar con visibilidad end-to-end de la cadena, identificando proveedores, ubicaciones y niveles de exposición al riesgo. Este conocimiento permite anticipar disrupciones y tomar decisiones más informadas en escenarios cambiantes. Asimismo, relevó el valor de las relaciones colaborativas entre empresas, sector público y academia, como mecanismo para compartir información y mitigar riesgos.

En ese sentido sostuvo que “es clave tener visibilidad de toda la cadena, conocer a los proveedores, dónde están y cómo nos afectan, porque eso nos permite tomar decisiones a tiempo. La única forma de enfrentar estos riesgos es construir cadenas colaborativas donde la información fluya entre todos los actores”.

La planificación logística debe considerar mayores lead times.

El impacto de las disrupciones: desde fletes a pólizas de seguros

Por su parte, Carolina Donayre, abogada y administradora en Comercio Internacional, abordó el impacto directo del alza en los fletes marítimos y combustibles sobre la estructura de costos logísticos, destacando que estos incrementos también se trasladan a servicios asociados como los seguros de carga, especialmente en rutas expuestas a conflictos.

“Lo que nos está impactando fuertemente hoy es el incremento de los fletes marítimos, pero también el alza de los combustibles, que termina repercutiendo en toda la cadena logística. No solo sube el transporte, también se encarecen las pólizas de seguros cuando las rutas pasan por zonas de conflicto o con mayor riesgo”, indicó.

En este escenario, la planificación logística debe considerar mayores lead times y una evaluación constante de riesgos, incorporando alternativas que aseguren la continuidad del abastecimiento. Destacó además la necesidad de “empezar a buscar nuevos proveedores, generar nuevas negociaciones y evaluar opciones más cercanas” y subrayó el rol de herramientas como inventarios estratégicos y tecnologías predictivas, que permiten simular escenarios de crisis y mejorar la toma de decisiones en contextos de alta incertidumbre.

En tanto, la ingeniera industrial y técnico en Comercio Exterior, Estefanía Vergara, planteó que las cadenas de suministro deben evolucionar hacia modelos más flexibles, dejando atrás estructuras rígidas que limitan la capacidad de adaptación frente a disrupciones globales. En ese sentido, destacó la importancia de planificar considerando escenarios adversos, incorporando riesgos en la toma de decisiones y asumiendo que las operaciones pueden verse afectadas incluso cuando los procesos internos se ejecutan correctamente.

“Las planificaciones de importación y exportación ya no pueden ser rígidas, no podemos seguir trabajando con un solo proveedor, una sola naviera o un solo operador. La planificación debe ser flexible y considerar escenarios adversos porque, aunque hagamos todo correctamente, siempre puede ocurrir una disrupción”, aseguró.

Vergara también relevó la necesidad de avanzar en transparencia hacia el cliente final, compartiendo información sobre el estado de las operaciones para gestionar expectativas y reducir la incertidumbre en contextos de retrasos o interrupciones. Adicionalmente, abordó la optimización de inventarios y la oportunidad de avanzar hacia estrategias de regionalización, posicionando a Chile como un nodo logístico relevante en el Pacífico y reduciendo la dependencia de mercados lejanos.

“Necesitamos generar cadenas más flexibles", señaló Moreno.

La clave: adaptación a entornos cambiantes

Nicolás Jaime Moreno, ingeniero Civil e Industrial y especialista en normativa fronteriza, puso el foco en las oportunidades que surgen a partir de la crisis, especialmente en términos de integración regional y desarrollo de corredores logísticos que conecten a Chile con mercados como Argentina y Brasil. “Nos permiten generar alternativas y reducir la dependencia de ciertas rutas críticas”, explicó.

El ejecutivo también destacó que la industria marítima ha incorporado aprendizajes de crisis anteriores, lo que se refleja en respuestas más rápidas, aunque con efectos persistentes en el alza de tarifas y sobrecargos logísticos. “Necesitamos generar cadenas más flexibles, que permitan abastecernos desde distintos orígenes y adaptarnos a estos escenarios”, reflexionó.

Finalmente, subrayó la necesidad de avanzar hacia contratos más flexibles y una gestión basada en riesgos, considerando que los efectos de las crisis se extienden en el tiempo y que la interconexión global amplifica el impacto de cualquier disrupción sobre las cadenas logísticas.

En este escenario, la logística y el comercio exterior se consolidan como funciones estratégicas para la continuidad operativa de las empresas, donde la anticipación, la flexibilidad y la integración de actores pasan a ser factores determinantes. La capacidad de adaptarse a entornos cambiantes, diversificar riesgos y fortalecer la coordinación a nivel local y regional será clave para sostener la competitividad.