Comercio Internacional
“El futuro de la cereza chilena no es volumen, es construir valor de una mejor fruta”
El crecimiento acelerado del sector obliga a reforzar la logística de precisión, la postcosecha y los estándares de calidad. La directora ejecutiva del Comité de Cerezas de Frutas de Chile, Claudia Soler, destacó que la sostenibilidad del negocio dependerá de estar preparados a los altos niveles que exigen los mercados.
El acelerado crecimiento de la industria de la cereza chilena ha comenzado a tensionar su propio modelo de desarrollo, instalando la necesidad de ajustes estructurales en toda la cadena exportadora. En un escenario donde el volumen ha sido históricamente el principal indicador de éxito, hoy emerge con fuerza un cambio de enfoque hacia la calidad, la consistencia y la eficiencia logística.
Durante su exposición en el Global Cherry Summit, Claudia Soler, directora ejecutiva del Comité de Cerezas de Frutas de Chile, planteó que la industria enfrenta un punto de inflexión. “El futuro de la cereza chilena no es volumen, es construir el valor de una mejor fruta”, afirmó, subrayando que la sostenibilidad de este negocio, que supera los US$3.000 millones, dependerá de la capacidad de responder a estándares más exigentes en destino.
El crecimiento del sector en los últimos años ha sido significativo, pero también ha generado desequilibrios. “Hemos crecido alrededor de un 250%, un alza que no es normal para cualquier sector (…) Es una etapa que requiere que nos adaptemos y que hagamos cambios importantes”, sostuvo Soler, enfatizando que estos ajustes deben abarcar desde el manejo en huerto hasta los procesos logísticos y de exportación.
En este contexto, la cadena logística adquiere un rol estratégico, especialmente en la etapa de postcosecha y transporte. La necesidad de preservar condición y calidad se vuelve crítica en un mercado donde los retornos económicos dependen de variables cada vez más finas. “El mercado sí premia la calidad”, indicó, ejemplificando con brechas de hasta 56% en precios según variedad y condición de la fruta.
El mercado chino, principal destino de la cereza chilena, también ha experimentado una evolución relevante. Según Soler, se trata de un consumidor más informado y exigente, que compara alternativas y prioriza atributos como salud, inocuidad y funcionalidad. “Estamos frente a un mercado más maduro, con compradores más informados”, advirtió, en un contexto donde productos locales comienzan a competir con estándares elevados.
A este cambio se suma una modificación en los patrones de consumo, con una mayor dispersión de la demanda a lo largo de la temporada. “Gran parte de la fruta terminó consumiéndose en un contexto más cotidiano, asociado al consumo diario”, explicó, lo que obliga a repensar la sincronización logística y los tiempos de llegada a los mercados.
La digitalización y la hiperconectividad también están incidiendo en la dinámica comercial. La rápida propagación de información -y desinformación- en plataformas digitales amplifica el impacto de cualquier problema de calidad. “Debemos ser cuidadosos y responsables respecto a lo que exportamos”, señaló, destacando el efecto directo que esto puede tener en la reputación del producto y del país.
Frente a este escenario, la industria enfrenta el desafío de transitar hacia un modelo basado en estándares más exigentes y procesos más precisos. “Debemos ser capaces de llegar con un producto de calidad de manera consistente”, afirmó Soler, agregando que cualquier estrategia comercial pierde efectividad si no está respaldada por una fruta que cumpla con las expectativas del mercado. “Cada vez que nosotros exportamos una fruta (…) estamos poniendo en juego la reputación de un país”, concluyó.