Logística y Distribución
El Niño podría restar 0,80 puntos al crecimiento de Chile en 2027
El fenómeno climático tendría un efecto acotado en 2026, pero su impacto se profundizaría al año siguiente, principalmente por las disrupciones sobre la minería del cobre, la pesca y la generación hidroeléctrica.
Chile enfrentaría un impacto económico diferido ante un eventual episodio de Super El Niño, de acuerdo con un análisis de S&P Global Market Intelligence. En el escenario más severo evaluado, el crecimiento del PIB real disminuiría 0,10 puntos porcentuales en 2026 y 0,80 puntos en 2027 respecto de la proyección base.
Uno de los principales riesgos se concentraría en la minería del cobre, debido a las posibles lluvias intensas en los Andes del norte. El fenómeno podría dificultar el acceso a faenas a cielo abierto, afectar infraestructura y generar interrupciones en las rutas utilizadas para movilizar insumos y producción, elevando los riesgos para la continuidad operacional y la logística minera.
El sector pesquero también enfrentaría presiones por el calentamiento de las aguas costeras, que podría desplazar poblaciones de peces y modificar los ecosistemas marinos. A ello se sumarían eventuales efectos sobre la generación hidroeléctrica, configurando un escenario en que infraestructura, producción y disponibilidad energética podrían verse afectadas de manera diferenciada.
El estudio analiza tres escenarios de El Niño para las principales economías latinoamericanas, considerando las tendencias oceánicas y las proyecciones de la NOAA, que apuntan a una alta probabilidad de un episodio de intensidad muy fuerte hacia fines de 2026. En materia de precios, Chile mostraría una mayor resiliencia: la inflación anual aumentaría 0,32 puntos porcentuales en 2026 y 0,29 puntos en 2027 respecto de la línea base.
La menor presión inflacionaria estaría respaldada por una matriz eléctrica diversificada y una elevada apertura comercial, pero el impacto sobre la minería podría hacerse más visible en 2027. El escenario pone de relieve la exposición de las cadenas productivas y logísticas vinculadas al cobre frente a eventos climáticos extremos, especialmente por sus efectos potenciales sobre infraestructura, transporte y continuidad de las operaciones.