Columna de Opinión
El eslabón invisible de la productividad logística chilena
Christian Struve, CEO y cofundador de Fracttal, sostiene que Chile ha logrado importantes avances en la digitalización de la experiencia del cliente, especialmente en la banca, el comercio electrónico y los servicios públicos.
Chile suele presentarse como uno de los países más digitalizados de América Latina, y existen buenas razones para ello. En la más reciente edición del Índice de Gobierno Digital de la OCDE, el país se ubicó entre los diez mejores del mundo y consolidó el liderazgo regional. Al mismo tiempo, el comercio electrónico chileno superó por primera vez los US$10.000 millones en ventas.
Sin embargo, esa transformación no ha avanzado con la misma intensidad en todos los ámbitos. Mientras sectores como la banca, el comercio electrónico y numerosos servicios públicos han modernizado su operación, la gestión de los activos físicos que sostienen la economía aún ofrece una importante oportunidad de mejora. Es precisamente ahí donde existe uno de los mayores espacios para aumentar la productividad.
Según la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP), el aporte de la productividad al crecimiento económico chileno durante 2024 fue prácticamente nulo. En logística, este desafío adquiere una dimensión aún mayor. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los costos logísticos representan entre el 18% y el 35% del valor de un producto en América Latina, e incluso pueden alcanzar cerca del 45% para las pequeñas y medianas empresas. En las economías de la OCDE esa cifra ronda el 8%.
Una parte importante de esa brecha está relacionada con la forma en que gestionamos los activos físicos. Durante años, la transformación digital se concentró en mejorar la relación con el cliente y automatizar procesos administrativos. Hoy, tecnologías como el Internet de las Cosas (IoT), la analítica avanzada y la inteligencia artificial permiten llevar esa transformación a plantas industriales, puertos, flotas y centros logísticos.
También ha cambiado la forma de entender la mantención. Tradicionalmente, las organizaciones intervenían un equipo cuando fallaba o seguían calendarios predefinidos. Hoy, el uso de sensores, monitoreo en tiempo real y modelos analíticos permite anticipar potenciales fallas y planificar intervenciones con mayor precisión.
El impacto puede ser significativo. Deloitte estima que el tiempo de inactividad no planificado genera pérdidas cercanas a los US$50.000 millones anuales para la industria manufacturera mundial. Diversos estudios muestran, además, que las estrategias de mantención predictiva reducen las detenciones no planificadas y aumentan la disponibilidad de los activos.
En logística, la confiabilidad de los activos es también la confiabilidad del servicio. Una grúa detenida, un camión fuera de operación o una unidad de refrigeración averiada genera retrasos, mayores costos y afecta toda la cadena de suministro. Gestionar estos activos con información en tiempo real permite mejorar la planificación, extender su vida útil y reducir interrupciones operacionales.
Chile ya demostró que puede liderar importantes procesos de transformación digital. El siguiente paso es llevar esa misma capacidad hacia la infraestructura física que sostiene su economía. La gestión inteligente de activos ya no debe entenderse como un asunto de mantención. Es una decisión estratégica de productividad, competitividad y crecimiento económico. En un escenario donde cada punto porcentual de productividad importa, una de las mayores oportunidades para el país está en hacer más inteligentes los activos que mantienen en movimiento su economía.