Columna de Opinión
Logística ante las crisis: el desafío de construir infraestructura resiliente
Juan Pedro Sepúlveda, académico de la Universidad de Santiago y miembro del Comité de Logística del Consejo de Políticas de Infraestructura, aborda los desafíos que enfrenta Chile para construir una red logística resiliente, desde la evaluación de proyectos públicos hasta la necesidad de integrar distintos modos de transporte.
Los últimos sistemas frontales han vuelto a mostrar la fragilidad de las comunas que dependen de una sola carretera o de un único modo para transportar bienes. Así, por ejemplo, cuando se interrumpe la Ruta 5, se daña una vía férrea o se cierra un puerto, muchas veces no hay alternativas para mantener los flujos de carga.
La prioridad debería estar en aumentar la redundancia de la red: rutas alternativas, puentes y accesos portuarios más resilientes, mayor participación del ferrocarril, terminales intermodales y posibilidades reales de utilizar el cabotaje marítimo durante contingencias. No se trata solamente de reforzar la infraestructura física, sino de asegurar que la carga pueda cambiar de corredor o de medio de transporte cuando uno deja de funcionar.
¿Qué impide que la logística pueda resistir eventos extremos? Un punto clave es la evaluación social de proyectos de las inversiones públicas. Hoy, el Estado evalúa los proyectos de infraestructura a través de metodologías del Ministerio de Desarrollo Social, las que priorizan beneficios como el ahorro en tiempos de viaje. Sin embargo, no se incorpora el valor económico de la resiliencia.
Así, por ejemplo, construir una ruta alternativa o diseñar un puente con sobrecapacidad para soportar eventos climáticos resulta “caro”, lo que deja al país expuesto al riesgo. A esta traba se suma una gobernanza fragmentada: la logística involucra a los múltiples ministerios y a los gobiernos regionales, pero sin una coordinación estratégica y presupuesto directo para contingencias. Esta falta de una mirada sistémica provoca que las respuestas ante emergencias sigan siendo reactivas —gastando sumas millonarias en reparar la infraestructura dañada para dejarla exactamente para volver a la situación previa— en lugar de invertir preventivamente en obras.
Chile necesita avanzar en varios niveles. Primero, se debe pasar desde la evaluación de proyectos aislados hacia corredores logísticos, de manera integral. Esto implica identificar cuáles son los nodos “críticos” para el abastecimiento, las exportaciones y los servicios y someterlos a pruebas de estrés frente a fenómenos como marejadas, incendios, aluviones, sequías y otros. También se debe incorporar en la evaluación social el costo económico de la interrupción y el valor de contar con rutas o modos alternativos.
Otro punto se refiere a la actualización de los estándares, utilizando información climática prospectiva y no solamente registros históricos. Las obras nuevas y las reposiciones deberían contemplar drenajes de mayor capacidad, protección de taludes, monitoreo de puentes, sensores, mantenimiento predictivo y soluciones basadas en la naturaleza.
También se requieren planes operacionales que contemplen desvíos previamente definidos, protocolos para priorizar carga esencial en caso de emergencias y acuerdos para transferirlas entre los diversos modos. De esta forma, vemos que la resiliencia radica en la capacidad de restaurar la operatividad con rapidez. Para lograrlo, Chile debe transitar desde una visión de obras aisladas hacia una gestión integrada.