Comercio Internacional
Ministerio de Agricultura: balance de gestión y desafíos para la agroexportación
Ignacia Fernández, ministra de Agricultura, revisó los principales hitos de su administración 2022–2025 con foco en sanidad, aperturas de mercado, modernización del SAG y control de plagas.
La gestión agrícola se pone a prueba en terreno, especialmente cuando una temporada puede verse afectada por sequía, alzas de costos o amenazas sanitarias. En ese contexto asumió la ministra de Agricultura, Ignacia Fernández, quien -en entrevista publicada por Frutas de Chile- revisa los principales hitos de su administración y el impacto que, a su juicio, dejan instalados en la competitividad agroexportadora.
La autoridad señala que su período comenzó en un escenario complejo para el sector silvoagropecuario, marcado por déficit hídrico prolongado, mayores costos de insumos y brechas territoriales. Frente a ese diagnóstico, ordenó la gestión en tres ejes: fortalecer una competitividad exportadora basada en estándares y sanidad; avanzar en desarrollo rural con mayor equidad; e instalar capacidades permanentes de modernización e innovación institucional.
En el plano operativo, destaca el refuerzo del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), con incorporación de nuevas tecnologías, mejoras en capacidad diagnóstica y mayor resguardo fronterizo. Entre 2022 y 2025 se concretaron 120 procesos sanitarios -incluidas aperturas y reaperturas- junto a 27 medidas de facilitación sanitario-comercial orientadas a reducir fricciones y dar continuidad a los embarques.
La ministra subraya además la ampliación del Systems Approach, el avance en certificación electrónica y esquemas paperless fitosanitarios y zoosanitarios, así como la habilitación de nuevos puertos y tránsitos por terceros países bajo modalidad marítimo-aérea. Estas herramientas, afirma, han permitido acortar tiempos, fortalecer trazabilidad y mejorar la interoperabilidad de los sistemas públicos.
En comercio exterior, el período 2022–2025 cerró con más de 70 aperturas comerciales y exportaciones silvoagropecuarias que crecieron 6,5%, impulsadas por frutas frescas y secas, hortalizas y semillas. Solo en 2024, los envíos agrícolas superaron los US$ 20.500 millones, con alzas relevantes en cerezas (+36%), manzanas (+23%) y uva de mesa (+13%), consolidando una canasta más diversificada y con mayor valor.
La autoridad atribuye estos resultados a una coordinación público-privada sostenida, donde el rol de Frutas de Chile fue clave en negociaciones sanitarias y consolidación de destinos. En su evaluación, la competitividad actual no se sostiene solo en volumen, sino en prevención, trazabilidad y cumplimiento ambiental, variables que inciden directamente en la reputación país.
Avances comerciales en línea con estándares ambientales
En materia de control de plagas, resalta el despliegue del plan nacional contra la mosca de la fruta. Desde octubre de 2025 se gestionaron 66 brotes en la temporada 2025–2026, con 33 cerrados y 33 bajo control, equivalente a una tasa de erradicación del 50% en un período acotado. Durante 2025, además, se decomisaron 358 toneladas de productos agropecuarios, con fiscalización del 100% de equipajes en puntos habilitados.
Mirando hacia adelante, plantea que el desafío es consolidar capacidades permanentes en inteligencia fitozoosanitaria, integración de ciencia y gestión de emergencias. También considera prioritario avanzar en el proyecto de ley que endurece sanciones por internación ilegal de plagas, como herramienta para resguardar el patrimonio sanitario y reducir riesgos para la temporada exportadora.
Respecto de la Agenda de Competitividad Agroexportadora Sustentable, la ministra enfatiza que los avances comerciales deben alinearse con estándares ambientales y compromisos internacionales, integrando trazabilidad, uso eficiente del agua y producción responsable. A su juicio, competitividad y sostenibilidad son dimensiones complementarias en un mercado que eleva exigencias regulatorias y reputacionales.
Finalmente, al abordar su experiencia como mujer en una cartera históricamente asociada a liderazgos masculinos, sostiene que el foco estuvo en ampliar el acceso de mujeres a instrumentos productivos. Más del 51% de los proyectos individuales postulados a la Ley de Riego fueron presentados por mujeres y la inversión destinada a ellas aumentó 45%. En su balance, la modernización sectorial no solo se mide en cifras de exportación, sino también en capacidades institucionales y en una ruralidad que, afirma, debe desarrollarse con mayor equidad.