Logística y Distribución
Corredor Bioceánico: el eje estratégico que conectará el Atlántico y Pacífico
La iniciativa reducirá tiempos de tránsito de 90 a 30 días y proyecta movilizar hasta 10 millones de toneladas, consolidando al norte de Chile como plataforma clave de integración y desarrollo logístico.
“El Corredor Oceánico es la construcción de una ruta que no existía, generar un espacio nuevo que no había sido desarrollado antes. Esa es la perspectiva que debemos tener”. Con estas palabras el Gobernador Regional de Antofagasta, Ricardo Díaz, relevó la importancia de este proyecto de integración entre el Atlántico y el Pacífico, y que permitirá fortalecer la logística y el comercio exterior de la zona norte del país.
El avance de este proyecto marca un punto de inflexión en la integración logística de Sudamérica, al consolidar una ruta terrestre que no existía y que conecta directamente el Atlántico con el Pacífico. Esta infraestructura, que involucra a Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, abre un nuevo eje de comercio exterior con impacto directo en tiempos de tránsito, costos logísticos y acceso a mercados asiáticos.
“Hoy las exportaciones desde el Mato Grosso do Sul hacia Asia pueden demorar cerca de noventa días, mientras que con esta ruta bioceánica ese tiempo podría reducirse a aproximadamente a treinta días”, señaló la autoridad regional en el marco del webinar organizado por la Fundación Chilena del Pacífico titulado ‘Corredor Bioceánico Vial: Avances y potencial para impulsar el desarrollo económico’.
Esta mejora en la conectividad representa una ventaja competitiva relevante para exportadores de alimentos, que podrán extender su presencia en mercados de destino y optimizar su rotación comercial. En términos de volumen, el potencial de carga es significativo ya que “se estima que, de los 40 millones de toneladas de alimentos de esta zona, en los primeros años podríamos movilizar entre 5 y 10 millones de toneladas a través del corredor”. Esta cifra supera ampliamente la actual capacidad de exportación de carga no minera de los puertos del norte de Chile.
Para la Región de Antofagasta, el impacto es doble. Por una parte, se abre la posibilidad de reducir costos logísticos en el abastecimiento de alimentos, acortando rutas que hoy superan los 2.800 kilómetros en circuitos indirectos. Por otra, se configura una oportunidad para desarrollar infraestructura logística y de almacenamiento que permita capturar valor en la cadena, especialmente en un territorio que actualmente depende de largos trayectos para su abastecimiento.
El desarrollo del corredor también plantea un cambio de enfoque: pasar de una lógica de tránsito de carga a un modelo de desarrollo productivo. Esto implica la instalación de frigoríficos, centros de consolidación, industrias de valor agregado y plataformas logísticas que permitan transformar al norte de Chile en un hub regional de exportación hacia Asia.
En esta línea, el carácter bidireccional del corredor cobra relevancia. No solo facilitará la salida de productos desde el centro de Sudamérica, sino que también habilita nuevas oportunidades para exportaciones chilenas hacia el interior de Brasil, particularmente en regiones con alta demanda por alimentos, como el Mato Grosso do Sul, donde existe un mercado de millones de consumidores.
Transporte multimodal, clave para el desarrollo logístico
Desde el punto de vista de infraestructura, el corredor presenta avances concretos en los cuatro países. Se han ejecutado obras viales clave, conexiones fronterizas y mejoras en tramos críticos, además de inversiones en puertos y rutas en el norte de Chile. A esto se suma la posibilidad de integrar el modo ferroviario, especialmente en Antofagasta, que cuenta con conexiones existentes hacia Argentina y Bolivia. “Estamos en un momento clave, porque las obras ya están en su etapa final y por primera vez tenemos la posibilidad real de ver este corredor completamente operativo”, sostuvo Ricardo Díaz.
El desarrollo de soluciones multimodales es uno de los ejes estratégicos del proyecto. La combinación de transporte carretero, ferroviario y portuario permitirá optimizar flujos de carga, reducir costos y aumentar la eficiencia en la cadena logística, especialmente en un escenario de crecimiento sostenido del comercio regional. “Para el norte de Chile, este corredor es una oportunidad concreta de acceder a alimentos más directos y potencialmente más económicos”, añadió.
En paralelo, se han identificado desafíos operativos relevantes, particularmente en materia de facilitación de comercio. La armonización de procesos aduaneros, la coordinación entre agencias y la estandarización de controles son elementos críticos para asegurar la fluidez del corredor y evitar cuellos de botella en frontera.
La seguridad es otro componente clave. Se proyecta la incorporación de tecnologías de control como escáneres de carga, monitoreo satelital y sistemas de trazabilidad que permitan garantizar la integridad de las mercancías y prevenir actividades ilícitas en la ruta.
En el ámbito institucional, el corredor opera bajo una doble gobernanza: por un lado, los gobiernos subnacionales impulsan iniciativas territoriales y de integración productiva; por otro, las cancillerías abordan los acuerdos internacionales necesarios para facilitar el comercio transfronterizo. Esta coordinación es fundamental para la implementación efectiva del proyecto.
Zonas francas y polos logísticos para atraer inversiones
En Chile, se han comprometido inversiones en infraestructura logística que incluyen mejoras viales, fortalecimiento portuario y estudios para potenciar el modo ferroviario. “Se están impulsando zonas logísticas, áreas de descanso para camiones y plataformas multimodales para atraer inversión y facilitar operaciones”.
El fortalecimiento de los puertos del norte, como Mejillones y Antofagasta, es parte central de la estrategia. Estos terminales están llamados a concentrar los flujos del corredor, con inversiones orientadas a aumentar capacidad, eficiencia operativa y competitividad internacional.
Asimismo, se avanza en la consolidación de zonas francas y polos logísticos que permitan atraer inversión extranjera, especialmente desde Paraguay y Brasil. Estas áreas buscan facilitar la instalación de empresas, la agregación de valor y la generación de nuevas cadenas productivas asociadas al corredor.
En el plano empresarial, ya se observan señales de interés y primeras articulaciones. Delegaciones internacionales han visitado la región, estableciendo contactos con operadores logísticos y explorando oportunidades de inversión en infraestructura de almacenamiento y distribución. “Ya existe interés concreto de empresarios brasileños, paraguayos y argentinos en instalar operaciones logísticas en el norte de Chile”, aseguró el Gobernador Regional de Antofagasta.
Finalmente, el desafío de mediano plazo es consolidar el Corredor Bioceánico como un eje de desarrollo integral. Esto implica no solo infraestructura, sino también integración productiva, innovación, participación de la academia y articulación con las comunidades. La proyección es transformar al norte de Chile en una plataforma logística que conecte América Latina con Asia, ampliando el alcance del comercio regional y generando nuevas oportunidades de crecimiento.