Comercio Internacional
Avellano europeo en Chile y la consolidación de una industria exportadora
El avellano europeo se ha posicionado en Chile como uno de los cultivos frutícolas con mayor proyección agroexportadora. Su crecimiento responde a la demanda global de frutos secos, pero plantea desafíos en productividad, calidad y estrategia comercial para consolidar su competitividad internacional.
En menos de dos décadas, el avellano europeo pasó de ser un cultivo emergente en la zona centro-sur a integrarse en la matriz agroexportadora del país. Chile ya compite en el mercado global de la avellana desde una posición relevante, favorecida por su producción de contraestación y por atributos de calidad reconocidos por la industria internacional. Sin embargo, el salto hacia una industria madura dependerá de la capacidad de sostener estándares productivos, diversificar mercados y profesionalizar la gestión agronómica.
El asesor técnico internacional Andrés Reyes -en declaraciones publicadas por Frutas de Chile- señaló que el país ya ocupa un lugar destacado en el escenario mundial, subrayando que ese posicionamiento debe sostenerse mediante manejo técnico, genética, riego, nutrición y una gestión agronómica más sofisticada. Actualmente, Chile cuenta con cerca de 65 mil hectáreas plantadas, con proyecciones que podrían llevar el cultivo hasta las 100 mil hectáreas.
Uno de los principales desafíos del sector es el cambio de enfoque productivo. El avellano dejó de ser un cultivo de baja exigencia para convertirse en un frutal que requiere estándares comparables a especies altamente tecnificadas. Para Reyes, la industria debe abandonar la noción de rusticidad y avanzar hacia un modelo de producción profesionalizado, donde el manejo del suelo, la calidad de planta, el riego y la mecanización sean determinantes para la competitividad.
El comportamiento climático se ha convertido en otro factor crítico para la industria. La expansión territorial del cultivo ha expuesto plantaciones a condiciones heterogéneas, lo que puede afectar la productividad y la estabilidad de la oferta. En este contexto, la adaptación climática y la selección adecuada de zonas productivas se vuelven variables clave para sostener la calidad y responder a mercados internacionales cada vez más exigentes.
En el plano comercial, Chile cuenta con una ventaja estructural relevante: la producción en contraestación respecto del hemisferio norte, lo que permite abastecer al mercado global en periodos de menor oferta. Las proyecciones apuntan a que el país podría alcanzar entre 200 mil y 220 mil toneladas, lo que lo posicionaría como un actor relevante en la oferta mundial de avellanas. Sin embargo, el desafío no es solo de volumen, sino de diversificación de compradores, calidad consistente y desarrollo de una estrategia exportadora más amplia.
La industria enfrenta así una etapa de consolidación marcada por la necesidad de mayor eficiencia productiva, mecanización y desarrollo tecnológico. Con cerca del 80% de las labores mecanizables, el cultivo presenta una ventaja competitiva relevante, aunque aún existen brechas en equipamiento, genética y viverización. En este escenario, el desafío para Chile no es solo crecer en superficie, sino avanzar hacia una industria más sofisticada, diversificada y orientada a capturar valor en los mercados internacionales.