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Escalada en conflicto de Medio Oriente dispara precios del petróleo y gas

Las disrupciones operacionales también afectaron rutas clave de exportación.

Los ataques a infraestructura energética en el golfo Pérsico tensionan la oferta global, elevando el Brent sobre los US$114 y generando alzas de hasta 35% en el gas europeo, con impactos directos en costos logísticos, transporte y estabilidad de las cadenas de suministro.

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La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a tensionar los mercados energéticos globales, impulsando un fuerte incremento en los precios del petróleo y del gas natural, en un escenario marcado por ataques a infraestructura crítica en el golfo Pérsico.

Durante la jornada, el crudo Brent -referente internacional- registró un alza de 6,61%, alcanzando los US$114,48 por barril, tras rozar los US$119 en operaciones tempranas. En paralelo, el WTI estadounidense avanzó 1,46%, situándose en US$96,82 por barril, reflejando una reacción inmediata de los mercados ante los riesgos sobre la oferta.

El impacto no se limitó al petróleo. En Europa, los futuros del gas natural experimentaron incrementos de hasta 35%, superando más del doble de los niveles previos al inicio del conflicto. Este repunte se vincula directamente con los daños reportados en instalaciones estratégicas, incluyendo un complejo en Catar que alberga la mayor planta de gas natural licuado (GNL) a nivel mundial.

Las disrupciones operacionales también afectaron rutas clave de exportación. En Arabia Saudita, los embarques de crudo en la costa oeste se detuvieron temporalmente tras un ataque, mientras que en Emiratos Árabes Unidos una instalación de gas fue cerrada por daños colaterales. A esto se suman incidentes en Kuwait, donde dos refinerías resultaron afectadas por ataques con drones, profundizando la incertidumbre sobre la continuidad del suministro energético.

En este contexto, el riesgo logístico se amplía más allá de la coyuntura inmediata. Aunque el flujo por el estrecho de Ormuz podría restablecerse una vez finalizadas las hostilidades, la recuperación de infraestructura crítica dañada podría extenderse por meses o incluso años, afectando la disponibilidad global de energía y presionando los costos de transporte y cadenas de suministro a nivel internacional.