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Logística y Distribución

Cierre del Paso Los Libertadores: ¿qué pasará cuando se abra?

Los Libertadores moviliza normalmente entre 1.100 y 1.300 vehículos de carga diarios.

La reapertura permitirá comenzar a liberar miles de camiones y carga acumulada, pero también podría generar nuevos cuellos de botella en rutas, centros de distribución y puntos de recepción. La recuperación del flujo exigirá coordinación, priorización y capacidad para absorber la carga represada.

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La reapertura del paso Los Libertadores no significará el término inmediato de la contingencia logística. Después de semanas de interrupción, el principal desafío será administrar el volumen de camiones y mercancías que buscarán avanzar prácticamente al mismo tiempo, evitando que el cuello de botella fronterizo se traslade hacia las instalaciones que deben recibir esa carga.

El corredor permanece cerrado desde el 14 de julio debido a condiciones meteorológicas adversas, con nevadas y vientos de hasta 180 km/h. Al 11 de agosto acumulaba 29 días de interrupción, mientras miles de camiones permanecían a ambos lados de la cordillera, con pérdidas estimadas de entre US$300 y US$600 diarios por vehículo, según gremios de transportistas.

La magnitud del flujo explica la presión que enfrentará el sistema una vez habilitado el tránsito. Los Libertadores moviliza normalmente entre 1.100 y 1.300 vehículos de carga diarios, mientras que los pasos fronterizos del sur, en conjunto, tienen una capacidad cercana a 300 camiones diarios en condiciones óptimas. Para la Confederación Nacional de Dueños de Camiones, esta diferencia evidencia una “debilidad estratégica” para el comercio de Chile con Argentina, Brasil y Paraguay.

Liberar la carga sin generar otro cuello de botella

La primera dificultad estará en dosificar el ingreso de la carga acumulada. Una liberación masiva podría generar un segundo cuello de botella, esta vez en centros de distribución, bodegas, puntos de venta y otras instalaciones receptoras que no necesariamente cuentan con capacidad para absorber en pocas horas o días un volumen extraordinario de mercancías.

Ariel Negrete, gerente de Distribución y Transporte de TW Logística, plantea que la recuperación debe considerar desde el inicio la capacidad real de recepción de cada operación. “Liberar de manera masiva la carga acumulada puede generar un segundo problema”, advierte, apuntando a la necesidad de coordinar los arribos con los espacios disponibles, la capacidad de almacenamiento y los recursos operacionales.

Por eso, las empresas deberán establecer prioridades antes de que los camiones retomen sus recorridos. Productos críticos, perecibles y mercancías asociadas a ventanas comerciales acotadas deberían ubicarse entre los primeros flujos a gestionar, mientras aquellos productos con mayor margen de espera podrían programarse para etapas posteriores.

Esta recuperación requerirá además visibilidad sobre la carga en tránsito. Las fechas estimadas de llegada tendrán que actualizarse a medida que avance la reapertura, permitiendo que bodegas y centros de distribución ajusten turnos, espacios de descarga, personal y equipos de manipulación de acuerdo con el volumen que efectivamente llegará.

Una de las alternativas será utilizar hubs intermedios, operaciones de cross-docking y despachos directos hacia puntos de venta, siempre que las condiciones operacionales lo permitan. El objetivo será distribuir el flujo y evitar que toda la carga acumulada termine concentrándose en los principales centros de distribución.

El transporte deberá reorganizarse

La reapertura tampoco eliminará inmediatamente la necesidad de utilizar rutas alternativas. Después de una interrupción prolongada, las empresas deberán evaluar qué parte de los volúmenes críticos conviene mantener protegida mediante otros corredores o modalidades de transporte, considerando tiempos adicionales, costos y niveles de servicio.

Para Negrete, una interrupción de varias semanas cambia el papel de las rutas alternativas, que dejan de ser exclusivamente una respuesta de emergencia. El ejecutivo sostiene que “la continuidad logística requiere contar con escenarios preparados antes de que ocurra una interrupción”, especialmente en materia de visibilidad, priorización de inventarios, proveedores alternativos y rutas de contingencia.

La situación vuelve además a poner sobre la mesa la necesidad de diversificar la conectividad internacional de Chile. La CNDC solicitó evaluar alternativas como la modernización y ampliación del paso Pehuenche, además de analizar la factibilidad de proyectos como Agua Negra y Las Leñas. La propuesta apunta a reducir la dependencia de un único corredor cuando las condiciones climáticas impidan operar normalmente.

El Gobierno, de acuerdo con los antecedentes entregados por el gremio, abrió la posibilidad de analizar estos temas mediante una instancia que reúna a representantes públicos, privados y expertos. El objetivo sería abordar conectividad e infraestructura desde una perspectiva integral y considerando el impacto que eventos climáticos más intensos podrían tener sobre los cruces fronterizos.

La CNDC propone reducir la dependencia de un único corredor.

El seguro también entra en la recuperación

La normalización del tránsito tendrá además una dimensión financiera para las empresas de transporte. El prolongado cierre expuso a conductores, vehículos y mercancías a riesgos que no necesariamente están cubiertos por las pólizas tradicionales, especialmente cuando una interrupción se extiende durante varias semanas.

Felipe Giménez-Lascano, experto en seguros de transporte, logística y accidentes personales de Ventus Group, plantea que deben analizarse por separado las coberturas asociadas a “el conductor, la carga y el vehículo”, ya que cada uno enfrenta riesgos diferentes durante una interrupción prolongada.

En el caso de los conductores, el riesgo no se limita a un accidente de tránsito. La exposición prolongada al frío, las dificultades para acceder a alimentación, refugio o atención médica y la permanencia durante semanas en la cordillera plantean escenarios que pueden requerir coberturas adicionales de accidentes personales, gastos médicos y traslado o repatriación.

Para la carga, uno de los principales puntos de atención es que la demora no constituye necesariamente un riesgo cubierto por las pólizas estándar. Existe una prórroga automática de 48 horas después de la llegada al destino, ampliable en situaciones de fuerza mayor, pero el asegurado debe informar oportunamente a la compañía y negociar las condiciones de la extensión.

El problema adquiere mayor complejidad en la cadena de frío. La cobertura asociada a una falla de la maquinaria refrigerante puede responder ante una avería del equipo, pero no necesariamente frente al deterioro de la mercancía provocado por permanecer detenida durante días mientras el sistema continúa funcionando.

La paralización también puede generar pérdidas que exceden el daño físico a la carga o al vehículo. Las pólizas de flota normalmente no cubren el lucro cesante de la propia empresa derivado de un camión detenido, por lo que esta protección debe contratarse como una extensión adicional cuando el negocio presenta una alta exposición a interrupciones de ruta.

De la reapertura a la normalización

Por todo ello, el momento en que Los Libertadores vuelva a operar será solo la primera etapa de la recuperación logística. Después vendrá un período de descongestión en el que será necesario ordenar los camiones, priorizar mercancías, coordinar recepciones y recuperar gradualmente los inventarios y niveles de servicio afectados por la interrupción.

La situación también puede modificar temporalmente las decisiones de abastecimiento. Empresas que durante el cierre utilizaron rutas alternativas, proveedores diferentes o mayores niveles de inventario podrían mantener algunas de esas medidas mientras evalúan la estabilidad del corredor y las condiciones meteorológicas de las próximas semanas.

A más largo plazo, el episodio vuelve a poner el foco en la resiliencia de las cadenas de suministro y la infraestructura fronteriza. La capacidad de Los Libertadores concentra un volumen de transporte que difícilmente puede ser absorbido por otros pasos en caso de un cierre prolongado, por lo que la diversificación de corredores aparece como una discusión de infraestructura, pero también como una decisión estratégica para el comercio exterior.

La principal lección para los operadores será que la contingencia no termina cuando se levanta una barrera fronteriza. La recuperación requiere planificación previa, visibilidad de la carga, priorización de inventarios, rutas alternativas y capacidad para absorber el volumen acumulado. Como muestra el caso de Los Libertadores, la continuidad logística no depende únicamente de volver a mover los camiones, sino de que el resto de la cadena esté preparada para recibirlos.

En ese sentido, la reapertura permitirá comenzar a destrabar una de las mayores interrupciones recientes del transporte terrestre entre Chile y Argentina, pero el verdadero desafío será recuperar el equilibrio de la cadena. La capacidad para volver a mover los camiones deberá estar acompañada por la capacidad de recibir, almacenar, distribuir y asegurar esa carga sin generar un nuevo cuello de botella.