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Comercio Internacional

El factor diésel: una nueva presión sobre los costos logísticos

El reemplazo de los barriles estadounidenses podría implicar mayores costos.

La eventual restricción de exportaciones desde Estados Unidos vuelve a poner bajo presión el abastecimiento chileno. Economistas analizan sus posibles efectos sobre el precio del combustible, el transporte de carga y los costos de la cadena logística.

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Una nueva advertencia volvió a poner al diésel en el centro de la polémica. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que su gobierno analiza “muy seriamente” prohibir las exportaciones del combustible, una medida que obligaría a los países compradores a buscar nuevas fuentes de abastecimiento en un mercado que ya enfrenta restricciones de oferta.

El impacto potencial para Chile es mayor por la estructura de su suministro. Se estima que el diésel proveniente de Estados Unidos representa cerca de dos tercios del consumo nacional, mientras la producción local cubre una parte menor de la demanda. Una interrupción de esos embarques trasladaría la presión desde el mercado internacional hacia los costos de transporte, industria y otras actividades intensivas en combustible.

Donald Trump planteó la alternativa como una respuesta al aumento de los precios internos en Estados Unidos. Consultado por Fox News, el mandatario señaló que una eventual restricción podría generar un incremento en el precio de la gasolina para los consumidores estadounidenses y aseguró que su administración está evaluando la medida “con mucha seriedad (…) Es posible que lo hagamos”.

El escenario internacional agrega presión. El precio del petróleo supera los US$100 por barril mientras el conflicto en Medio Oriente alteró los flujos de suministro a través del Estrecho de Ormuz y los ataques ucranianos contra instalaciones de refinación rusas redujeron de la oferta disponible. De esta manera, EE.UU. se convierte en un proveedor importante para otros mercados ya que sus exportaciones de diésel alcanzaron durante el mes pasado un récord semanal cercano a 2 millones de barriles diarios.

Para Chile, el problema no terminaría con encontrar otro proveedor. Como plantea Juan Ortiz, economista sénior del Observatorio del Contexto Económico (OCEC) de la Universidad Diego Portales, una restricción de ese tipo obligaría al país a recurrir principalmente a mercados del lejano Oriente, enfrentando mayores distancias y un escenario internacional con menor disponibilidad de diésel.

Ahí aparece uno de los principales riesgos para la cadena logística: el reemplazo de los barriles estadounidenses podría implicar mayores costos de adquisición, transporte marítimo y tiempos de navegación, dependiendo de los mercados que finalmente abastezcan a Chile. La sustitución, por tanto, no sería únicamente una operación comercial, sino también logística.

Ortiz advierte además que el efecto podría prolongarse durante los últimos meses de 2026. En su análisis, el escenario externo se combina con un precio del petróleo elevado y un tipo de cambio desfavorable para Chile, mientras el mecanismo de estabilización de precios de los combustibles ya enfrenta una presión considerable. A ello se suma que el precio base del diésel se encuentra en niveles históricamente altos.

El impacto llegaría directamente al transporte de carga. Según Ortiz, los combustibles representan cerca de 28% de la ponderación del Índice de Costos del Transporte del INE, mientras prácticamente la totalidad del transporte terrestre de carga utiliza diésel como principal fuente energética. Una nueva escalada, por tanto, podría elevar los costos operacionales de las empresas y generar traspasos hacia otros eslabones de la cadena.

Un nuevo impacto a la economía nacional

La presión aparece además en un mercado chileno que ya acumula aumentos. Las proyecciones conocidas apuntan a un cuarto incremento consecutivo de los combustibles, con estimaciones de hasta $110 por litro para el diésel en el próximo ajuste de ENAP. Para los transportistas, la eventual restricción estadounidense se sumaría así a una trayectoria de costos que ya viene deteriorándose.

El economista Víctor Salas, académico del Departamento de Economía de la Universidad de Santiago de Chile, plantea que una menor oferta desde Estados Unidos obligaría a los compradores internacionales a competir por el producto disponible en otros países productores. Entre los mercados mencionados se encuentran Japón, Arabia Saudita, India y Rusia.

Salas estima que Chile importa directamente alrededor del 60% del diésel que consume, mientras el 40% restante corresponde a refinación local. El país también adquiere producto desde Japón y China, por lo que una eventual salida parcial del proveedor estadounidense aumentaría la competencia por esas fuentes alternativas.

La repercusión tampoco estaría limitada al transporte terrestre. Salas señala que un aumento del diésel podría alcanzar a la generación eléctrica, industria, minería, comercio, sector público y sanitario y consumo residencial, elevando costos de producción y transporte. Desde esa perspectiva, el combustible puede convertirse en un factor adicional de presión sobre los precios internos.

Para la logística nacional, la variable crítica será cuánto tiempo podría mantenerse una eventual restricción y qué volumen quedaría disponible para los mercados externos. No es lo mismo una interrupción breve, absorbida mediante otros proveedores, que una reducción prolongada de los embarques estadounidenses coincidente con un mercado mundial ajustado.

El Gobierno chileno ya está siguiendo el escenario. El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, afirmó que el Ejecutivo prepara un plan de emergencia ante una eventual restricción y sostuvo que existen “varias palancas” para enfrentar sus efectos. Entre las alternativas que han aparecido en la discusión pública se encuentra el uso de mecanismos de estabilización de precios, aunque no se ha definido una medida específica.

La discusión abierta en Washington vuelve así a trasladar un problema energético internacional hacia la estructura de costos de la logística chilena. Mientras Estados Unidos evalúa cuánto combustible mantener dentro de su propio mercado, Chile queda expuesto a la disponibilidad de cargamentos alternativos, al costo de reemplazarlos y a la evolución de los precios internacionales. Para el transporte de carga, el riesgo no está solamente en cuánto subirá el diésel, sino en cuánto tiempo permanecerá elevada esa presión y cuánto costará sustituir el suministro estadounidense.