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Logística y Distribución

Media y última milla: Un tramo decisivo de la cadena logística urbana

Según expertos, ambos segmentos forman hoy un corredor operativo integrado.

La media y última milla se consolidan como el corredor operativo más relevante de la logística urbana, donde se define la continuidad del abastecimiento, los tiempos de reposición y el desempeño del servicio al cliente. Expertos y académicos destacaron la importancia de esta variable en las operaciones.

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La última milla y la media milla se han convertido en los tramos más determinantes de la logística moderna, especialmente en contextos urbanos donde convergen altos volúmenes de comercio electrónico, restricciones de acceso y exigencias crecientes en tiempos de entrega. Mientras la última milla define la experiencia del cliente y concentra gran parte de los costos operativos, la media milla —encargada de articular los flujos entre centros de distribución y microhubs urbanos— determina la continuidad del sistema, la previsibilidad del abastecimiento y la capacidad de responder a variaciones de demanda en plazos cada vez más acotados.

Ambos segmentos forman hoy un corredor operativo integrado que depende de planificación avanzada, visibilidad de extremo a extremo y decisiones de infraestructura orientadas a eficiencia y sostenibilidad. La densificación de redes urbanas, el uso de microhubs, la automatización en centros logísticos y la integración entre TMS, WMS y torres de control están redefiniendo cómo se mueven los inventarios entre etapas. Optimizar la media y última milla ya no es solo una ventaja competitiva: es un factor clave para reducir costos, mejorar niveles de servicio y sostener cadenas de suministro más resilientes y adaptadas a las dinámicas del territorio.

Es sabido que las ciudades enfrentan el desafío de absorber el aumento del reparto asociado al e-commerce sin incrementar la saturación vial ni el impacto operativo en sus entornos urbanos. La última milla dejó de ser solo un problema de velocidad de entrega y pasó a requerir comprensión territorial, datos en tiempo real y planificación integral de las redes logísticas.

En este escenario, la tecnología se ha convertido en el eje de las operaciones. Herramientas de monitoreo, trazabilidad y alertas permiten reaccionar ante imprevistos como accesos bloqueados, direcciones mal registradas o zonas restringidas, evitando desvíos innecesarios y optimizando los tiempos de ruta. La combinación entre software y conocimiento del territorio emerge como un elemento decisivo para sostener altos volúmenes de reparto.

Las particularidades urbanas también influyen en el desempeño logístico. Cada ciudad presenta condiciones propias de conectividad, densidad y espacio operativo, lo que obliga a anticipar restricciones desde la planificación y no solo en la ejecución. Congestión, clientes ausentes y entregas fallidas continúan siendo factores que impactan costos y tiempos, reforzando la necesidad de validaciones previas y mejores sistemas de información.

La falta de espacios formales para carga y descarga se consolida como una de las principales brechas, especialmente en zonas centrales. La escasa disponibilidad de “smart parking” para transporte de carga incrementa maniobras, recorridos y permanencias en vía pública. Frente a ello, la digitalización y el uso de datos se posicionan como las herramientas más efectivas para ordenar flujos, reducir emisiones y mejorar la experiencia del usuario final.

Los modelos de optimización de rutas, plataformas de monitoreo en tiempo real y pruebas con ventanas de entrega más acotadas muestran avances en eficiencia y satisfacción, aunque aún predominan esquemas operativos amplios. El sector coincide en que la coordinación entre operadores, autoridades y comunidades es clave para transitar hacia ciudades más ordenadas y sostenibles.

El futuro de la logística urbana dependerá de la capacidad de integrar información en tiempo real, infraestructura adecuada y gestión adaptativa del territorio. La última milla se proyecta, así como un espacio de innovación colaborativa, donde cada decisión operativa incide en competitividad, confianza del consumidor y sostenibilidad de los ecosistemas urbanos.

La trazabilidad en tiempo real se vuelve un requisito clave.

Dark stores y última milla: tecnología, trazabilidad y entregas en tiempo récord

El auge del comercio electrónico en Chile aceleró la adopción de bodegas urbanas o dark stores, instalaciones diseñadas para preparar pedidos cercanos al cliente y responder a la demanda por despachos rápidos y trazables. La pandemia actuó como catalizador y redujo en meses procesos que se proyectaban para años, transformando la última milla y elevando los estándares de servicio hacia ventanas de entrega cada vez más cortas.

En este contexto, los dark stores aparecen como uno de los referentes del quick commerce, combinando cercanía territorial, flexibilidad operativa y un fuerte soporte tecnológico. La propuesta desplazó el modelo tradicional de promesas de tres o cuatro días hábiles hacia entregas el mismo día e incluso en menos de tres horas, impulsando un cambio cultural en los hábitos del consumidor y en la forma de planificar la distribución urbana.

“Un dark store no está en Pudahuel ni en Renca, sino que está en medio de la ciudad. La gran diferencia con respecto a un centro de distribución ubicado afuera es que tienes un menor costo de última milla porque estás al lado de la persona dado tu posición estratégica, y como estás cerca, la persona te compra más. Uno prefiere comprar a un e-commerce donde la marca te dice que lo dejará en un par de minutos en tu casa, por sobre esa marca que te dice que lo entrega la próxima semana”, explicó el CEO y cofundador de eDarkstore, Benjamín Arancibia.

La tecnología cumple un rol estructural en este esquema. Automatización, robótica, inteligencia artificial y sistemas de integración permiten gestionar altos volúmenes, coordinar múltiples canales de venta y sostener niveles de cumplimiento superiores al 98%. La trazabilidad en tiempo real se vuelve un requisito clave: el cliente no solo espera rapidez, sino información permanente sobre el estado del pedido y la ubicación del repartidor.

Desde el punto de vista operativo, el modelo asume mayores costos inmobiliarios al ubicarse dentro de la ciudad, pero compensa con menores costos de última milla y mayor frecuencia de compra. Además, redefine la relación con los transportistas hacia esquemas de reparto uno a uno —principalmente riders— donde la integración tecnológica es condición para operar. Bajo esta lógica, la evolución futura de las dark stores apunta a más flexibilidad en opciones de despacho y a un “same day” como estándar base de la última milla urbana.

La automatización y la electromovilidad amplían el alcance de estas transformaciones.

Tecnología y automatización impulsan la eficiencia en la última milla

La expansión del comercio electrónico —que alcanzó los US$8.700 millones en 2024 según la CCS— ha tensionado la logística urbana, obligando a las empresas a gestionar mayores volúmenes y consumidores más informados. La última milla se consolida como el punto más crítico del proceso, donde convergen costos operativos, experiencia del cliente y exigencias de entrega rápida y trazable.

En este escenario, la tecnología pasó a ocupar un rol estratégico. Herramientas basadas en Inteligencia Artificial permiten optimizar rutas, anticipar imprevistos y reducir tiempos muertos, como en los modelos operativos de Starken y Moova. A ello se suma la adopción de sensores IoT y sistemas de clasificación automatizada que elevan la precisión y velocidad de despacho en centros logísticos.

“La tecnología pasó de ser un “nice to have” a convertirse en el eje central de la logística de última milla en Chile. Hace algunos años muchas empresas todavía planificaban rutas de forma manual o con herramientas básicas, lo que generaba una operación poco eficiente y con poca visibilidad. Hoy eso es impensado. Las exigencias del consumidor, sumadas al crecimiento del e-commerce, obligaron a que las compañías adoptaran tecnología que les permita ser más precisas, rápidas y adaptables”, indicó Álvaro Echeverría, CEO y co-founder de SimpliRoute. 

El desarrollo de micro fulfillment en zonas urbanas —con instalaciones operadas por Falabella y Mercado Libre— refuerza el cumplimiento de entregas en el mismo día mediante robots, inventarios inteligentes y conexión directa con flotas de última milla. En paralelo, empresas como SimpliRoute avanzan hacia agentes autónomos de operación, con automatización de comunicaciones con clientes y monitoreo en tiempo real de desvíos y eventos en ruta.

A nivel global, la automatización y la electromovilidad amplían el alcance de estas transformaciones. Soluciones como AutoStore con SynQ mejoran el rendimiento de picking, mientras iniciativas como el eQuad de Honda y nuevas plataformas de Maersk integran sostenibilidad, control operativo y visibilidad extremo a extremo. La convergencia entre IA, robótica y datos consolida a la última milla como un eje estratégico para competitividad y eficiencia logística.

Media milla: el nuevo núcleo operativo de la logística urbana

La media milla —responsable del traslado de carga entre centros de distribución y microhubs— concentra hoy buena parte de las decisiones que determinan velocidad, previsibilidad y eficiencia en la cadena urbana. En un escenario con mayores exigencias ambientales, restricciones de acceso y presión por entregas rápidas, este tramo dejó de ser un espacio intermedio y se consolidó como el punto donde se define la capacidad de respuesta del sistema completo.

Desde la academia, se destaca que el valor de analizar la media milla por separado radica en la magnitud de sus volúmenes y la interacción con infraestructura y modos combinados. Esta fase exige diseños distintos a la entrega final y está impulsando redes más densas y flexibles basadas en microhubs, reposición dinámica y segmentación por tipo de cadena. La tendencia combina instalaciones cercanas al cliente y nodos orientados a consolidar volúmenes para equilibrar servicio y eficiencia.

Según Rodrigo Garrido, director del Centro Interdisciplinario de Data Science de la Universidad Diego Portales, el valor de estudiar la media milla por separado radica en que “en esta fase intervienen grandes volúmenes, infraestructura de transporte, modos combinados y ciclos de tránsito entre centros, elementos que requieren diseños distintos a los de la entrega final”.

En tato, para Julio Villalobos, director del Centro de Transporte y Logística de la Universidad Andrés Bello, la relevancia de este tramo crece porque “las ciudades van a restringir cada vez más la movilidad de camiones, con normas más exigentes en acceso, emisiones y horarios”. Ambos coinciden en que la media milla ya no es un espacio intermedio: es el punto donde se define la capacidad de respuesta del sistema completo.

El desempeño del tramo depende cada vez más de tecnologías de planificación y visibilidad. Sistemas TMS avanzados, integración con WMS y automatización en hubs permiten coordinar flujos entre centros y microhubs, mientras ruteo continuo, telemetría e IoT mejoran la precisión de ETAs y la articulación con la última milla. La integración digital y las torres de control surgen como habilitadores para decisiones colaborativas en redes urbanas más dinámicas.

Junto con los avances operativos, persisten brechas estructurales asociadas a normativa, congestión y falta de infraestructura logística urbana. Las restricciones horarias y de acceso, la escasez de espacios para microhubs y zonas de detención segura, y la necesidad de nuevas configuraciones urbanas anticipan un proceso de innovación regulatoria y rediseño de redes. Para los especialistas, optimizar la media milla será clave para reducir costos, sostener tiempos de entrega y compatibilizar eficiencia, sostenibilidad y convivencia urbana.

Automatización fortalece el desempeño operativo en la media milla

La media milla concentra el movimiento de mercancías desde almacenes ubicados en zonas portuarias o áreas costeras hacia centros de distribución más cercanos al cliente final, donde los productos pueden almacenarse o ingresar de inmediato a expedición según la demanda. El crecimiento del comercio electrónico, los ciclos de reposición más cortos y la presión por cumplir entregas rápidas han elevado la relevancia de este tramo, impulsando la automatización como respuesta ante la escasez de personal especializado.

Un reporte de TGW Logistics subraya que soluciones como sistemas de almacenamiento automatizado, redes internas de transporte y paletizadores permiten sostener flujos continuos, reduciendo cuellos de botella y tiempos de manipulación. Estas tecnologías incrementan la productividad y minimizan errores operativos, a la vez que liberan recursos humanos para tareas de mayor valor estratégico vinculadas a gestión de inventario y control operativo.

La integración digital aparece como un habilitador central del modelo. La coordinación entre Sistemas de Gestión de Almacenes (SGA) y Sistemas de Ejecución de Almacén (SEA) permite orquestar en tiempo real movimientos de carga, prioridades de salida y operación de equipos automatizados como AMR o ASRS. Este soporte tecnológico mejora la trazabilidad y refuerza la conexión entre la media milla y los procesos de despacho aguas abajo.

El uso de analítica predictiva dentro de estas plataformas contribuye a anticipar la demanda, planificar capacidad, ajustar rutas internas y optimizar recursos. Con ello, las empresas logran reducir costos operativos en la media milla y asegurar disponibilidad oportuna en los centros de distribución, fortaleciendo la continuidad del sistema logístico.

Desde su experiencia global, TGW Logistics plantea una evolución hacia almacenes inteligentes e interconectados, donde la automatización, la planificación estratégica y la integración de datos actúan como motores de competitividad y sostenibilidad, permitiendo a las empresas responder con mayor agilidad a las dinámicas del mercado y a los desafíos de la cadena de suministro moderna.