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Entrevista

"Más que implementar sistemas, la clave estará en convertir datos en decisiones"

Sostiene que hay que dejar de ver a la logística como una función aislada.

De cara a 2026, la logística chilena avanza hacia un cambio estructural donde la digitalización, la resiliencia, la sostenibilidad y el capital humano dejan de ser iniciativas aisladas para consolidarse como ejes estratégicos. En entrevista con Agenda Logística, Angélica María Barría, la directora de Edulatam, analiza cómo vislumbra el escenario para esta temporada.

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De cara a 2026, la logística chilena se enfrenta a un escenario de transformación estructural, marcado por una mayor complejidad global y por exigencias crecientes de clientes, reguladores y mercados internacionales. Más que la adopción puntual de nuevas tecnologías, lo que se observa es un cambio profundo en la forma en que las empresas diseñan y gestionan sus cadenas de suministro, integrando la logística como un componente estratégico del negocio, directamente vinculado a la continuidad operativa, la competitividad y la creación de valor.

En este contexto, la logística deja de entenderse como una función aislada para consolidarse como un sistema dinámico que conecta decisiones comerciales con resultados operativos visibles en el corto plazo. La digitalización transversal, la resiliencia frente a disrupciones, la presión sobre la logística urbana y la incorporación efectiva de criterios de sostenibilidad configuran un nuevo estándar operativo, donde la capacidad de anticipar, coordinar y adaptarse será determinante para el desempeño de las organizaciones chilenas en los próximos años.

“Si miramos la logística chilena de cara a 2026, lo que observamos no es solo una serie de innovaciones tecnológicas o cambios en procesos, sino una transformación profunda de la manera en que las empresas piensan y ejecutan la entrega de valor al mercado. Esta transformación ocurre en un contexto marcado por la complejidad global: cadenas de suministro fragmentadas, consumidores cada vez más exigentes y escenarios de incertidumbre geopolítica y climática que ya no son eventualidades, sino reglas del juego”, señaló Angélica María Barría, directora de Edulatam y académica de la Universidad Autónoma de Chile.

A su juicio, para entender el impacto de las tendencias que se avecinan “es útil dejar de ver a la logística como una función aislada y comenzar a verla como un sistema dinámico que conecta decisiones de negocio con resultados operativos cada día más visibles para clientes, comunidades y mercados globales”.

En primer lugar, destaca la tendencia hacia una logística digitalizada e integrada que será uno de los pilares del cambio. “Las empresas que logren articular sus datos de manera transversal desde la demanda hasta el transporte, desde inventarios hasta la gestión de riesgo estarán en una posición de ventaja significativa. Más allá de implementar sistemas, la clave estará en convertir datos en decisiones: pronósticos más certeros, planes de contingencia ágiles y visibilidad real de lo que ocurre en cada punto de la cadena”, explicó.

Agregó que una segunda tendencia será la resiliencia como factor estratégico, más allá de la eficiencia tradicional y aseguró que “el modelo que predominó durante décadas orientado a minimizar costos y mantener inventarios al mínimo ha demostrado ser frágil frente a las disrupciones globales. Las organizaciones estarán integrando criterios de resiliencia en el diseño de sus cadenas: diversificación de proveedores, estrategias de inventarios híbridos, planes de contingencia estructurados y redes logísticas con redundancias inteligentes”.

Las empresas deberán repensar el último tramo de la entrega.

La logística urbana y sostenibilidad, claves en 2026

La logística urbana será otro campo donde se concentrarán transformaciones relevantes. A juicio de Angélica Barría, “el crecimiento del e--commerce y la densidad urbana creciente han llevado a un punto de congestión en muchos centros urbanos. Para competir, las empresas deberán repensar el último tramo de la entrega, incorporando soluciones como microcentros de distribución, entregas colaborativas, gestión avanzada de rutas y mejores prácticas de coordinación entre actores. La demanda de los consumidores por entregas rápidas y flexibles seguirá en aumento, y solo quienes reconfiguren su operación urbana darán respuesta a esas expectativas sin sacrificar costos”.

La sostenibilidad, por su parte, dejará de ser una declaración de intenciones para convertirse en un criterio de decisión ya que “no habrá logística competitiva si no integra la reducción de emisiones, la eficiencia energética y el uso responsable de recursos en las decisiones operativas diarias. La electromovilidad para última milla, el uso de combustibles alternativos en rutas de mayor distancia y la medición transparente del impacto ambiental serán parte de lo que espera el mercado y lo que exigirán reguladores y clientes. No será un costo sino una ventaja competitiva”.

Una tendencia íntimamente ligada a todas estas es el avance del capital humano logístico estratégico. Para la académica de Edulatam, la logística del futuro no se construye solo con tecnología sino con personas capaces de liderar procesos complejos, tomar decisiones basadas en datos y articular equipos en contextos de cambio constante. “La demanda por profesionales con habilidades analíticas, visión estratégica y competencias digitales será cada vez mayor”, sostuvo Barría.

La colaboración entre actores empresas, autoridades, instituciones académicas y comunidades será otra tendencia de peso. “Ninguna empresa puede enfrentar los desafíos logísticos de manera aislada; la competitividad del sistema logístico chileno dependerá en gran medida de la capacidad de sus actores para trabajar de manera conjunta, compartir infraestructuras críticas, optimizar flujos y coordinar respuestas ante escenarios adversos”, destacó.

Así, las tendencias que marcarán la logística hacia 2026 no son fragmentos aislados para la académica, son piezas de una misma transformación: una logística digital, resiliente, colaborativa, sostenible y humana. “Aquellas organizaciones que entiendan estas tendencias y las incorporen de manera estratégica no solo estarán mejor preparadas para competir, sino que estarán construyendo una logística que no responde únicamente a las exigencias del presente, sino que abre caminos para liderar la próxima década”, concluyó.

La necesidad de espacios de almacenamiento seguirá creciendo.

Cómo se proyecta la demanda de capacidad logística hacia 2026

En opinión de Angélica Barría, la demanda de capacidad logística en Chile hacia 2026 no puede entenderse como un simple crecimiento lineal de metros cuadrados de bodegas o un aumento de flotas de transporte ya que “lo que se proyecta es un cambio cualitativo profundo en la manera en que se configura, utiliza y percibe la capacidad logística, impulsado por la dinámica del comercio, las expectativas de los clientes y las presiones del entorno urbano, tecnológico y ambiental”.

“La necesidad de espacios de almacenamiento seguirá creciendo, pero no de manera homogénea. Durante muchos años, se pensó que el desafío logístico se resolvía con más espacio físico, pero la conversación ya no es cuánta capacidad tenemos, sino qué tipo de capacidad necesitamos y cómo optimizamos su uso. La proliferación del comercio electrónico y la mayor volatilidad de la demanda han generado ciclos de picos y valles que requieren espacios más versátiles”, explicó.

Esto se traducirá en una demanda creciente de bodegas inteligentes y multifuncionales, cercanas a polos urbanos o ejes logísticos clave, equipadas con tecnologías que permitan la automatización parcial, la gestión en tiempo real y la integración con sistemas de transporte y planificación. Las organizaciones ya no buscarán solo volumen, sino valor agregado en los metros cuadrados con capacidad para consolidar cargas, desacoplar procesos y acelerar tiempos de preparación y despacho.

“Dentro de esa nueva configuración, el cross docking se proyecta como un componente cada vez más habitual en las redes logísticas. Este modelo, que facilita la transferencia directa entre transporte entrante y saliente sin necesidad de almacenamiento prolongado, permite reducir inventarios, tiempos de operación y costos financieros asociados a stock inmovilizado. Para empresas que requieren alta velocidad de respuesta como retail, electrónicos y productos de consumo rápido, esto dejará de ser una opción para convertirse en un elemento estándar de las operaciones logísticas eficientes”, argumentó.

En este sentido, la presión sobre la última milla será quizás el punto más visible de esta transformación porque a medida que los consumidores esperan entregas cada vez más rápidas y flexibles, y las ciudades enfrentan limitaciones de acceso, congestión y regulación de horarios, las soluciones tradicionales de distribución no serán suficientes. “La demanda por capacidad logística se expresará en un mayor interés por microcentros urbanos, hubs de consolidación y nodos de transbordo cercanos a las áreas metropolitanas”, señaló Barría.

“La demanda de capacidad logística hacia 2026 se proyecta creciente, pero también más compleja, estratégica y diversificada. No se trata solo de tener más espacio o más flota; se trata de contar con capacidad que agregue valor a las operaciones, que esté alineada con las expectativas del cliente, con las exigencias urbanas, con la transformación digital y con criterios de sostenibilidad. Las organizaciones que comprendan y anticipen esta demanda serán las que mejores posiciones ocupen en un mercado cada vez más competitivo e interconectado”, cerró.