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Marítimo Portuario

Histórico decomiso de drogas revela nueva amenaza para la logística portuaria

La operación se desarrolló en el marco de un foco investigativo especializado en crimen organizado.

Una investigación coordinada entre Fiscalía, Aduanas y la Armada permitió detectar 45 contenedores con madera contaminada con sustancias ilícitas en los puertos de Arica, San Antonio y Valparaíso. El procedimiento es considerado el mayor decomiso de drogas registrado en la historia del país.

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Los sistemas de control portuario chilenos enfrentaron uno de sus mayores desafíos operativos tras la detección de una compleja red de tráfico internacional de drogas que utilizaba cargas de madera como método de ocultamiento. La investigación permitió interceptar 1.080,8 toneladas de productos forestales impregnados con distintas sustancias ilícitas destinadas a mercados de Europa, Norteamérica, Oceanía y África.

El resultado fue dado a conocer en el Puerto de Arica por autoridades nacionales encabezadas por el Fiscal Nacional, Ángel Valencia, y el ministro de Seguridad Pública, Martín Arrau. De acuerdo con los antecedentes recopilados, entre el 10% y el 20% del peso de las cargas correspondía a drogas, principalmente clorhidrato de cocaína y ketamina, lo que equivale a cerca de 108 toneladas de sustancias ilícitas, superando ampliamente cualquier decomiso previo registrado en Chile.

La operación fue desarrollada en el marco de un foco investigativo especializado en crimen organizado portuario impulsado por la Fiscalía Regional de Arica y Parinacota desde 2024. Tras seis meses de trabajo conjunto entre la Unidad de Inteligencia y Crimen Organizado, el Departamento de Inteligencia e Investigaciones Policiales Marítimas (DIPOLMAR), el Servicio Nacional de Aduanas y la Armada de Chile, se logró identificar y controlar 45 contenedores contaminados que transitaban por los puertos de Arica, San Antonio y Valparaíso.

Uno de los aspectos más relevantes del caso fue la sofisticación de la modalidad utilizada por las organizaciones criminales. La droga era incorporada químicamente a la madera mediante procesos especializados que dificultaban su detección a través de controles convencionales. La identificación de las cargas fue posible gracias al análisis de perfiles de riesgo, tecnologías de inspección avanzadas y el trabajo de binomios caninos desplegados por las instituciones participantes, cuyos hallazgos fueron posteriormente confirmados por el Instituto de Salud Pública.

La investigación permitió establecer que las cargas provenían desde Bolivia y utilizaban la infraestructura logística chilena como plataforma de salida hacia distintos mercados internacionales. Los antecedentes recopilados revelaron patrones específicos asociados a rutas marítimas, empresas involucradas y características de exportación que actualmente continúan siendo analizados por organismos nacionales e internacionales dedicados al combate del narcotráfico transnacional.

Desde la perspectiva logística, el caso pone nuevamente en evidencia la creciente presión que enfrenta la cadena portuaria para equilibrar la facilitación del comercio exterior con exigencias cada vez mayores en materia de seguridad. Las autoridades destacaron que el resultado fue producto de una estrategia de inteligencia sostenida y no de un hallazgo fortuito, reforzando la necesidad de fortalecer los sistemas de análisis de riesgo, la coordinación interinstitucional y las capacidades de control en los principales puertos del país.

Las cifras asociadas al decomiso reflejan la magnitud de la operación. Según estimaciones preliminares, la droga retirada de circulación habría permitido elaborar más de 584 millones de dosis ilícitas y generar ganancias superiores a US$8.300 millones en mercados internacionales. El volumen incautado supera ampliamente el récord anterior registrado en Chile, correspondiente al caso del buque Navío en 2001, cuando fueron decomisadas cerca de nueve toneladas de cocaína en el Puerto de Arica.

Más allá del impacto policial, el procedimiento marca un precedente para la seguridad logística nacional. La utilización de productos forestales como vehículo para el tráfico internacional de drogas confirma la capacidad de adaptación de las organizaciones criminales y plantea nuevos desafíos para la gestión de riesgos en una red portuaria que moviliza millones de toneladas de carga cada año y constituye un eslabón estratégico para el comercio exterior chileno.