Comercio Internacional
Chile y Asia-Pacífico: política comercial, logística e innovación en transición
Un estudio del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile advierte que la inserción comercial del país en Asia-Pacífico entra en una nueva etapa, donde la diversificación exportadora, el fortalecimiento logístico y la modernización productiva serán claves.
La discusión sobre el reposicionamiento de la política comercial de Chile hacia la Cuenca del Pacífico vuelve a instalarse en un contexto donde la competencia global, las exigencias regulatorias y las transformaciones en las cadenas de suministro demandan una revisión estratégica del rol del país en los mercados de Asia-Pacífico. El debate gira en torno a la necesidad de fortalecer capacidades productivas, diversificar la oferta exportadora, avanzar en servicios, innovación y logística, y redefinir la relación entre apertura comercial e instrumentos de desarrollo interno.
En el marco del lanzamiento del estudio "Estrategia para la Política Comercial de Chile en Asia Pacífico 2026-2030, investigación realizada por el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile para y en colaboración con la Fundación Chilena del Pacífico, se subrayó que Chile ha construido una trayectoria reconocida en materia de inserción internacional.
La ex directora general de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores y consultora en ProAmérica, Paulina Nazal, destacó que “Chile ha impulsado durante décadas una política comercial consistente, responsable y seria, basada en acuerdos de largo plazo y en una institucionalidad que ha generado confianza en nuestros socios”. A su juicio, este activo estratégico debe resguardarse y actualizarse frente al nuevo escenario global.
Indicó además que la apertura comercial permitió ampliar mercados y estimular capacidades internas, pero advirtió que el entorno actual presenta mayores exigencias. “Hoy enfrentamos un mundo más fragmentado, con tensiones geopolíticas, reconfiguración de cadenas de valor y mayores requisitos técnicos y ambientales”, afirmó. En esa línea, sostuvo que el país requiere “una estrategia que combine acceso a mercados con sofisticación productiva y fortalecimiento institucional”.
Paulina Nazal planteó que la política comercial debe mantener continuidad, pero con adaptación ya que “no se trata de abandonar el modelo, sino de actualizarlo para responder a una realidad diferente. Los acuerdos han sido herramientas fundamentales, pero su impacto depende de nuestra capacidad de generar innovación, infraestructura, logística y capital humano”.
Por su parte, Rodrigo Yáñez, secretario general de SOFOFA y ex subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, coincidió en que el país enfrenta una fase distinta de inserción internacional. “Estamos en un punto en que la política comercial tiene que articularse mejor con la política industrial y con los desafíos de competitividad. La apertura permitió integrar a Chile en cadenas globales de valor, pero la competencia ya no está solo en el acceso arancelario, sino en productividad, cumplimiento normativo, trazabilidad y capacidades tecnológicas”, sostuvo.
El ejecutivo relevó que el entorno internacional exige mayor coordinación público-privada. “Chile debe fortalecer su voz estratégica en la región y recuperar capacidad de incidencia en la agenda Asia-Pacífico”, afirmó. En su opinión, una política comercial moderna requiere “articular a empresas, gremios, academia y Estado en torno a objetivos productivos claros”.
Yáñez puso énfasis en el impacto logístico de los cambios comerciales y aseguró que “las cadenas de suministro hoy son más vulnerables y más críticas para la competitividad. Planteó que la discusión sobre comercio exterior debe considerar “infraestructura portuaria, transporte multimodal, estándares sanitarios, interoperabilidad digital y coordinación entre actores logísticos”.
En ese marco, señaló que la diversificación exportadora sigue siendo un desafío estructural. “Seguimos dependiendo de pocas canastas de productos en mercados consolidados”, indicó. A su juicio, avanzar hacia nuevas industrias depende de “inversión en capacidades, innovación aplicada y sofisticación del tejido productivo”.
Asia-Pacífico: motor de la exportación y de la innovación nacional
En tanto, la ex jefa de la División Asia y Oceanía de ProChile, Natalia Cortés complementó esta reflexión señalando que Chile “se ha posicionado internacionalmente como un actor confiable y consistente en el escenario global, y eso ha logrado incentivar y desarrollar nuestra propia capacidad productiva interna”. Sin embargo, advirtió que el entorno asiático ha cambiado de manera acelerada.
“Estamos frente a un Asia-Pacífico mucho más competitivo, más regulado y también más fragmentado”, afirmó y sostuvo que el desafío actual es “actualizar nuestras capacidades productivas y logísticas para seguir compitiendo en este nuevo escenario”.
La ex funcionaria de ProChile destacó que la región dejó de ser solo un destino comercial para convertirse en una referencia tecnológica. “Asia-Pacífico fue en un principio el motor de nuestra exportación, pero hoy día creo que es el motor de la innovación”, afirmó. Añadió que Chile debe “aprovechar esta oportunidad para la innovación en minería verde, sostenibilidad, trazabilidad y logística inteligente”.
Desde su experiencia en terreno, Cortés recordó que “viví en China por 15 años y fui testigo de la rapidez con que se implementa la innovación en Asia-Pacífico”. Por ello, planteó que el país debe evaluar si cuenta con la capacidad institucional necesaria e indicó que “la pregunta es si tenemos la agilidad institucional, la escala empresarial y las capacidades para seguir liderando”.
En ese sentido, Paulina Nazal coincidió en que el modelo enfrenta nuevas tensiones. “Hemos confiado por mucho tiempo en una estrategia que fue exitosa, pero hoy muestra señales de agotamiento si no la vinculamos de manera más directa con desarrollo productivo”, advirtió. En su opinión, “la política comercial debe fortalecerse como política de Estado, pero con mayor integración a los desafíos internos”.
La economista subrayó que Chile debe reforzar su rol regional. “Necesitamos construir una narrativa latino-pacífico que nos permita posicionarnos de manera conjunta”, señaló. Agregó que la coordinación entre países “es clave para fortalecer la inserción internacional en un contexto más exigente”.
En tanto, Rodrigo Yáñez sostuvo que esta mirada regional también tiene efectos logísticos. “La integración física, la cooperación portuaria y los corredores bioceánicos tienen impacto directo en competitividad y acceso a mercados”, afirmó. Planteó que la planificación de infraestructura debe “anticipar flujos, especialización portuaria y necesidades de conexión intermodal”.
En materia de estructura exportadora, Natalia Cortés señaló que persiste una brecha relevante. “El 93% de nuestro crecimiento sigue siendo extensivo, es decir, más volumen de los mismos productos ya consolidados”, explicó. Solo un 7% corresponde a nuevos productos en más mercados, lo que evidencia “una limitada diversificación del margen intensivo”.
Los nuevos estándares de acceso a los mercados
Para Cortés, una de las causas centrales es “la desconexión entre la política de acceso comercial y nuestra propia sofisticación productiva. Hemos firmado los tratados, pero estamos al debe en capacidades tecnológicas, institucionales y de capital humano para aprovecharlos plenamente”.
Nazal coincidió en ese diagnóstico y sostuvo que “la política comercial debe dialogar más estrechamente con la política de fomento productivo y con la agenda de innovación”. A su juicio, “la inserción internacional requiere un nuevo equilibrio entre apertura, servicios, logística y valor agregado”.
El debate también abordó los nuevos estándares de acceso a mercados. Cortés advirtió que “las exigencias técnicas, sanitarias y ambientales se han convertido en el principal cuello de botella”. Mencionó el caso de India, donde “más de un 45% de los productos enfrenta alta tasa arancelaria, además de múltiples barreras no arancelarias”. Por ello, afirmó que el desafío es doble: “negociar mejores condiciones y al mismo tiempo capacitar a nuestros exportadores para sortear estas barreras”.
En términos sectoriales, Natalia Cortés identificó dos ejes estratégicos para Chile en Asia: “energía y seguridad alimentaria”. Señaló que en mercados emergentes del sudeste asiático “debemos presentarnos como un socio confiable en seguridad alimentaria”, mientras que en Asia del Norte “tenemos la oportunidad de proyectarnos como aliado para la transición energética”.
El secretario general de SOFOFA complementó que estas oportunidades requieren “infraestructura logística moderna, trazabilidad, estandarización y coordinación de actores logísticos”. Destacó que “la eficiencia portuaria, la cadena de frío y la digitalización de procesos son determinantes para mantener competitividad”.
A su vez, Cortés subrayó que la logística es un habilitador crítico. “Nuestra fruta fresca necesita un sistema logístico ágil y moderno”, indicó. Agregó que “no basta la conexión física: también se requiere integración digital, interoperabilidad y plataformas intermodales”.
Finalmente, Cortés sostuvo que Chile cuenta con condiciones para dar un nuevo salto estratégico. “Tenemos el talento, los acuerdos, el posicionamiento y la experiencia institucional”, afirmó. “Lo que falta ahora es convertir estas capacidades en una apuesta concreta de política comercial transversal, alineada con innovación, logística y modernización productiva”.
El estudio sobre la política comercial de Chile hacia la Cuenca del Pacífico plantea que el país se encuentra en un punto de inflexión, donde la profundización de acuerdos y la consolidación de su red de integración deben ir acompañadas de una modernización productiva, desarrollo de servicios, fortalecimiento logístico y mayor alineación entre política comercial e innovación.
El documento sostiene que la relación con Asia-Pacífico ya no se define solo por el incremento del intercambio de bienes, sino por la capacidad de Chile para escalar en valor agregado, adaptarse a nuevas regulaciones, insertarse en cadenas de suministro más tecnológicas y fortalecer su infraestructura física y digital.
En ese sentido, el informe subraya la necesidad de avanzar hacia una estrategia de inserción internacional que combine diversificación exportadora, competitividad logística y una articulación más estrecha entre sector público, empresas y academia, con el fin de sostener el posicionamiento del país en un entorno global más competitivo y exigente.