Marítimo Portuario
Callao-Chancay: Cómo un hub regional se pone en riesgo por falencias logísticas
El desarrollo del eje Callao–Chancay avanza como una apuesta estratégica para reposicionar a Perú como nodo logístico del Pacífico, pero enfrenta brechas críticas de conectividad terrestre y gobernanza. Especialistas advierten impactos directos para Chile si no se fortalece el sistema portuario y logístico de forma integral.
El eje portuario Callao–Chancay se ha consolidado como uno de los proyectos logísticos más observados del Pacífico sudamericano. Su escala y respaldo de capital chino han elevado las expectativas sobre un eventual reposicionamiento de Perú como hub regional, especialmente para cargas con destino a Asia. Sin embargo, la infraestructura complementaria y la articulación territorial siguen apareciendo como factores críticos.
En Perú, durante el Foro Zonas Económicas Especiales y Privadas (ZEEP) de la Sociedad Nacional de Industrias, distintos actores del sector coincidieron en que la infraestructura urbana y logística disponible no acompaña el crecimiento proyectado del sistema portuario. La falta de conectividad vial, servicios básicos y planificación territorial amenaza con trasladar la congestión fuera de los recintos portuarios.
La presidenta del Comité de Parques Industriales de la SNI, Mónica Rivera, advirtió -en declaraciones a la prensa peruana- que el rezago en habilitación de suelo industrial, redes de agua y saneamiento está generando cuellos de botella para la instalación de nuevos operadores. Esta situación, señaló, eleva costos y limita la atracción de inversiones asociadas a la expansión portuaria.
Uno de los puntos más sensibles es la avenida Néstor Gambetta, identificada como el principal eslabón débil entre Callao y Chancay. Desde Cosco Shipping sostuvieron que la demora en soluciones viales estratégicas ha impedido consolidar un corredor capaz de absorber flujos crecientes de carga terrestre. El impacto se refleja directamente en los tiempos logísticos y los ahorros en tránsito marítimo pierden sentido cuando la carga enfrenta demoras en la salida del puerto.
La importancia de la infraestructura física y digital
El director de la Escuela de Ingeniería Oceánica de la Universidad de Valparaíso, Felipe Caselli, subrayó que “los puertos deben analizarse en función del sistema logístico al que pertenecen”. En esa línea, enfatizó que un desacople entre el puerto y el hinterland puede derivar en congestión, mayores tiempos de gate, siniestralidad y externalidades urbanas.
El académico planteó como prioridad fortalecer el eje Panamericana–Lima–Callao y su conexión directa con Chancay, avanzando en capacidad, segregación y seguridad vial. “En segunda instancia se debe crear capacidad intermodal, combinando ferrocarril para flujos largos con camión para distribución, lo que además contribuye a objetivos de descarbonización”, afirmó.
El director de la Escuela de Ingeniería Oceánica de la UV agregó que la infraestructura física debe ir acompañada de infraestructura digital. Zonas logísticas, antepuertos, patios de vacíos y sistemas de coordinación como Port Community System y gestión de citas aparecen como herramientas clave para optimizar la operación y evitar cuellos de botella estructurales.
En términos comparados, Caselli recordó que experiencias como Cartagena y Panamá muestran que un “hub marítimo sin hub terrestre desplaza la congestión, pero no la elimina”. Estudios del BID, indicó, coinciden en que las restricciones más persistentes suelen estar fuera del puerto, en corredores, interfaces urbanas y gobernanza logística.
Corredores bioceánicos, clave de la conectividad
Por su parte, el académico de la Universidad de Valparaíso, Sergio Bidart, abordó la dimensión territorial y explicó que la apuesta peruana es convertirse en un puerto hub distribuidor. “Un puerto hub es una bodega grande que recibe, almacena y redistribuye mercadería, y eso requiere corredores biocénicos que conecten el Pacífico con el interior del continente”, señaló.
Destacó que la inversión asociada al Puerto de Chancay, liderada por Cosco Shipping, bordea los US$ 3.600 millones. “Ese puerto no se hizo para el comercio actual de Perú, sino para el comercio de toda la cuenca del Pacífico”, afirmó, apuntando a una estrategia de largo plazo con impacto regional.
Uno de los factores diferenciadores es el tiempo de tránsito. Según Bidart, un viaje desde Chancay a China podría reducirse a 23 días, frente a los cerca de 45 días actuales. “Eso genera una ventaja comparativa tanto para exportaciones como importaciones”, advirtió, elevando la presión competitiva sobre otros puertos de la región.
Para Chile, el riesgo no es inmediato en términos de pérdida total de carga, pero sí de competitividad sistémica. Caselli advirtió que Chancay incrementa la probabilidad de una reconfiguración gradual de servicios marítimos, con mayor exigencia de productividad, continuidad operativa y resiliencia logística para los puertos chilenos. En tanto, Bidart fue más directo al señalar que, si Chile no reacciona, podría quedar relegado a un rol secundario. “Si no nos ponemos a trabajar y no desarrollamos una capacidad igual o mejor, vamos a pasar a ser un puerto satélite de Callao y Chancay”, sostuvo.
Ambos académicos coincidieron en que la respuesta debe ser integral. Más allá de inversiones portuarias puntuales, el desafío está en fortalecer accesos, intermodalidad, planificación territorial y gobernanza logística, para asegurar que los puertos chilenos mantengan un rol competitivo en un escenario regional cada vez más exigente.
En este escenario, el avance del eje Callao–Chancay refuerza una señal clara para la región: la competitividad portuaria ya no se define solo por la capacidad de los muelles, sino por la solidez del sistema logístico completo. Accesos terrestres eficientes, intermodalidad, planificación territorial y gobernanza coordinada se vuelven determinantes para capturar y retener cargas. Para Chile, el desafío es anticiparse a esta reconfiguración, fortaleciendo su red portuaria y de transporte de manera integrada, si busca sostener su posición en el comercio transpacífico y evitar una pérdida gradual de relevancia frente a nuevos hubs regionales.