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Comercio Internacional

De aranceles a controles: el giro China-EE.UU. que podría afectar a Chile

El entorno global se está configurando bajo una lógica multipolar.

La tensión entre ambas potencias puede traducirse en más controles, cambios de rutas y presión sobre abastecimiento e insumos críticos. El llamado para importadores, exportadores y operadores es claro: diversificar, planificar y gestionar riesgo antes de nuevos shocks.

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Chile enfrenta en 2026 un escenario externo más exigente para su logística y comercio exterior, en la medida que la relación China–Estados Unidos vuelve a tensionar los flujos globales, las reglas de abastecimiento y la disponibilidad de insumos críticos. Para un país altamente abierto al comercio y dependiente del transporte marítimo, los principales impactos potenciales se concentran en mayores riesgos de disrupción en rutas, volatilidad de costos logísticos y un entorno regulatorio más complejo, especialmente en productos tecnológicos y componentes con restricciones de exportación.

En particular, el efecto se proyecta sobre las importaciones desde China —insumos industriales, bienes de capital, componentes tecnológicos y consumo— y sobre la continuidad de los flujos marítimos bajo un contexto donde aumentan los controles, licencias y exigencias de trazabilidad. La recomendación que atraviesa el análisis es operativa: anticipar, diversificar proveedores, reforzar visibilidad sobre origen y uso final de componentes sensibles, y evaluar estrategias tipo “China Plus One” para reducir exposición a shocks geopolíticos.

Este diagnóstico fue parte del webinar organizado por la Fundación Chilena del Pacífico “Relaciones China-EE.UU.: Qué debemos esperar este 2026”, donde se analizó cómo la rivalidad estructural entre ambas potencias reordena flujos de importación, exportación y decisiones corporativas de abastecimiento. En la conversación participaron Iacob Koch-Weser, director asociado de comercio e inversión global en Boston Consulting Group (BCG); Andrew Polk, cofundador y director de investigación económica en Trivium China; y Robert Funk, profesor asociado de ciencias políticas en la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile y socio en Andes Risk Group.

Desde BCG, Koch-Weser planteó que el entorno global se está configurando bajo una lógica multipolar, con “arenas de competencia” que van más allá del comercio tradicional. Identificó como ejes centrales comercio e inversión extranjera directa (FDI), tecnología e inteligencia artificial, talento altamente calificado, minerales críticos y transición energética, además de los riesgos asociados a la expansión de conflictos.

En ese marco, sostuvo que incluso con una economía china más lenta, el país mantiene un peso decisivo en el crecimiento mundial. Estimó que China suma cada dos años un PIB equivalente al tamaño de Italia y aporta una fracción relevante del crecimiento global anual. En paralelo, describió tensiones internas persistentes: debilidad del sector inmobiliario, menor dinamismo del FDI entrante desde EE.UU. y Europa, y un consumo interno que aún no logra consolidarse como motor principal.

Koch-Weser señaló además que el ajuste chino ha reactivado el sesgo exportador, con un retorno a un patrón similar al de los años 2000: las exportaciones volvieron a explicar una parte significativa del crecimiento reciente. Esta dinámica, con una economía de mayor escala que en 2008, amplifica el impacto global de la oferta manufacturera china en múltiples industrias, desde bienes de consumo masivo hasta sectores tecnológicos avanzados.

A nivel de competitividad, destacó que China ya es el socio comercial dominante para decenas de países, particularmente fuera de Norteamérica, consolidando su rol como proveedor clave en una canasta amplia de productos. El análisis puso énfasis en el avance de China en rubros como renovables, robótica industrial, circuitos integrados y otras tecnologías de mayor complejidad, lo que refuerza su influencia sobre cadenas globales de suministro.

El enfoque tecnológico se complementó con datos sobre innovación. El experto indicó que, más allá del debate sobre calidad versus cantidad de patentes, el volumen de publicaciones y registros refleja un aumento del talento STEM y de la inversión pública en investigación básica y comercialización, acelerando la capacidad innovadora del país en sectores estratégicos.

El análisis anticipó un “desvanecimiento” gradual del comercio EE.UU.-China.

Comercio global: bloques, corredores y fragmentación

En sus proyecciones, BCG describió un comercio internacional que se reconfigura en torno a cuatro bloques: Estados Unidos, China, los “plurilateralistas” (potencias medias abiertas al comercio) y BRICS Plus. Bajo ese esquema, se espera que el crecimiento hacia 2034 se concentre en el comercio entre China y el Sur Global, con expansión relevante hacia economías del BRICS Plus.

El análisis también anticipó un “desvanecimiento” gradual del comercio EE.UU.-China, influido por tarifas, barreras y nuevas restricciones. Recordó que esta tendencia ya era visible tras la pandemia y la aplicación de medidas como la Sección 301, y que hoy se observa con mayor claridad en la dirección de los flujos y en decisiones corporativas orientadas a diversificación.

Para América Latina, el diagnóstico plantea un doble movimiento: mayor peso del intercambio China–Sur Global (incluyendo commodities) y, a la vez, intentos regionales por diversificar vínculos para mantener espacio de maniobra frente a presiones cruzadas. En términos logísticos, este proceso tiende a complejizar rutas, extender redes de proveedores y elevar exigencias de gestión de riesgo.

En tecnología, Koch-Weser subrayó que EE.UU. mantiene ventajas competitivas en varios indicadores vinculados a inteligencia artificial, pero China presenta fortalezas en datos e infraestructura. Mencionó el despliegue de centros de datos en China apoyado en energía más barata y en una incorporación creciente de renovables, reduciendo costos eléctricos en ciertas zonas del interior.

Este punto se traduce en presión sobre cadenas de suministro tecnológicas: equipamiento para centros de datos, chips, componentes electrónicos y minerales necesarios para manufactura avanzada. En la práctica, el webinar vinculó esta competencia digital con impactos logísticos concretos, desde abastecimiento hasta tiempos de reposición.

Uno de los ejes más sensibles fue el rol de China en minerales críticos y tierras raras. Koch-Weser recordó que las restricciones de exportación no se limitan a licencias sobre minerales primarios, sino que pueden extenderse a derivados y exigir información sobre uso final, elevando la incertidumbre para industrias como vehículos eléctricos, baterías y semiconductores.

El análisis situó estas medidas dentro de un contexto más amplio: aumento global de barreras al comercio, subsidios y políticas industriales, junto con una menor capacidad de la OMC para ordenar el sistema. La conclusión es que el riesgo regulatorio se está convirtiendo en un factor estructural para el abastecimiento internacional.

El análisis coincidió en que 2026 podría configurarse como un año de estabilidad táctica.

2026: ventana de estabilidad, pero no permanente

Desde Trivium China, Andrew Polk centró su análisis en el ángulo político y en el estado de la relación bilateral. Señaló que, tras la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump en noviembre, se observa un período de estabilidad relativa y entendimiento más alineado sobre lo acordado, reduciendo la probabilidad de escaladas inmediatas.

Polk afirmó que esta “pausa” podría consolidarse por al menos un año, generando una ventana para que empresas planifiquen y reorganicen cadenas de suministro ante la posibilidad de nuevas restricciones futuras. Sin embargo, advirtió que la estabilidad no debe interpretarse como permanencia: podrían reaparecer tarifas, investigaciones comerciales (como las de la Sección 232) o nuevos malentendidos políticos.

En su lectura, la dinámica principal ya no está en aranceles, sino en controles de exportación. EE.UU. focaliza su estrategia en semiconductores y tecnologías avanzadas, mientras China ha respondido con herramientas propias, especialmente en materiales críticos y capacidades de procesamiento.

Polk sostuvo además que China estaba mejor preparada para una administración Trump, debido a la experiencia acumulada desde 2018 y los años previos de planificación bajo Biden. En ese marco, planteó que Beijing busca estabilidad para “ganar tiempo” en una carrera tecnológica orientada a reducir dependencia externa en sectores clave.

Latinoamérica y “agencia”: margen de negociación

Robert Funk abordó el impacto regional desde la ciencia política y sostuvo que la rivalidad entre potencias reconfigura el orden internacional, afectando directamente a Latinoamérica. En su análisis, la competencia no se limita a ideología: se expresa como disputa por recursos, influencia y control de cadenas de suministro estratégicas.

Funk enfatizó que los países de la región no son receptores pasivos, sino actores con recursos y margen de negociación. Planteó que Chile puede ejercer “agencia” como potencia media, utilizando su posición en minerales críticos, energías renovables, conectividad marítima y su inserción comercial para negociar mejores términos en un entorno más transaccional.

También introdujo un factor interno: la opinión pública regional valora los beneficios económicos de China, pero reconoce riesgos de dependencia, impactos sociales y ambientales, y desafíos de seguridad vinculados a infraestructura crítica. Según el expositor, estos elementos ya están influyendo en decisiones de política pública y marcos regulatorios.

En síntesis, el análisis coincidió en que 2026 podría configurarse como un año de estabilidad táctica en la relación EE.UU.–China, pero con tensiones estructurales activas. Para Chile, el efecto más directo se expresa en la logística: mayor incertidumbre sobre disponibilidad de insumos, nuevas exigencias regulatorias y presión por diversificar cadenas de suministro. El mensaje transversal fue claro: el riesgo geopolítico ya forma parte del costo logístico y debe integrarse en la toma de decisiones para importadores, exportadores, navieras, terminales y operadores de la cadena.